— Con el tiempo supe que no fue una pesadilla, resulto ser algo lejano y pasado. Pero puedo decir que duele y mucho.
¿?
Estaba — como siempre — en los calabozos, odiaba esto.
Cada día tenía más y más heridas, tanto físicas como mentales; ya no lo soportaba.
— Hola otra vez pequeña Astra.
— ¿Qué quieres? — solloce, mi labio inferior temblaba.
— Oh, tú lo sabes muy bien.
— Por favor no… no otra vez — haciendo caso omiso de mis suplicas se acerco a mi — ¡No, por favor no otra vez!
Lo sentí, dolía y quemaba. Yo lloraba y me resistía, pero era inútil.
No tenía fuerza, mi cuerpo estaba destrozado y estaba enferma, ¿de qué? No lo sabía con certeza.
Otro día más. Lo dije una vez y lo volveré a decir: este lugar apestaba a muerte.
«Por favor zìo ¿Cuándo van a parar?»
Mis alas apenas se recuperaron volvieron a ser maltratadas.
Mi cicatriz se abría muy seguido y por ende perdía sangre.
Eso era curioso, mi sangre no era roja o no en su totalidad. Tenía un segundo tono más claro, este era de color… ¿Qué color?
Era como perla iridiscente.
No se, ¿genética quizás?
Nuevamente otro día más.
— ¡Por favor deténganse!
Veía golpes y dagas, pero no sabía de quien eran o a donde iban.
No podía más con ello.
Solo quería morir.
¿Comida?
Solo era un pedazo de pan viejo y mohoso. Pero al final del día era comida. La única que podía tener en quizás días o semanas, no lo se, quizás dependía del humor de los guardias o de su crueldad.
— Si dices una sola palabra de esto, me asegurare de coserte la boca y que nunca más la vuelvas a abrir…
La voz fría y de mando de Theur daba muchísimo miedo, el cual no tenía.
Yo tenía terror.
Los ojos se me aguadaron y corrí hacia el bosque buscando un refugió lejos de él. No me quería ver ni en pintura.
Estaba enojado porque le pregunte la razón de el estilo de vida de Calix.
Tropecé con una roca y caí de cara al suelo.
— ¿Dónde estoy?
¿Hacer trabajo pesado cuándo no podía ni levantarme?
Si, ese era el pan de cada día. A claro, junto a la tortura y las constantes…
Tenía multiples heridas abierta e infectadas.
Mis alas… mis queridas alas que ya estaban demasiado heridas ahora no estaban. Las cortaron… arracaron de raíz.
Hoy tenía que llevar cubos de agua del lado este al oeste.
Esta vez fue eso.
Este día eran costales de rocas.
— ¡Ugh! — caí al suelo de cara por el cansancio y el dolor — Por favor no… tengan algo de piedad.
— Si claro.
Recibí el primer latigazo, el sonido de la piel desgarrándose hacía eco en las paredes, mi sangre se derramaba.
Vomité, no se que exactamente porque llevaba sin comer como cuatro semanas.
¿Un embarazo?
No, no podía serlo.
Si lo era.
Golpe tras golpe tras golpe, caída por la escaleras. Así fue mi aborto.
Creo que ya tenía unos… casi 6 años en este lugar.
Me vendaron los ojos, me ataron y amordazaron…
Las manos recorrían mi cuerpo indefenso.
Escuchaba alboroto fuera, pero no distinguía lo real del dolor. Aunque los dos fueran reales.
Tenía más de 1000 años y era inútil, nunca podía hacer nada para defenderne.
¿?
Los sueños —así como las pesadillas y el futuro— son dominios del Primordial Min, el menor de ellos y su estrella siendo Mintaka. Es el menor de todos, si, pero actúa como el mayor. Es cálido, amable y dulce con su familia y Serafines; con otros es frío, sanguinario y cruel. El polo opuesto a Al, que siendo el mayor es tratado como el menor por sus hermanos.
¡Oh señor ten piedad de mi!
¿Crees que te hará caso?
¡Jajaja! Ya quisiera verlo.
Como sea, eso no era lo que quiero decir.
La mayor parte de mi vida he sufrido de pesadillas horribles. Que si Emilio, Eriolot, Kheuf; en fin, todo ello dejo una huella imborrable en mi alma. Traumas, pesadillas, cicatrices, dolor y llanto.
El tío Ale la mayoría del tiempo se encarga de evitarme las pesadillas, a veces no puede, tiene otras cosas que hacer, pero agradezco su ayuda.
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conflictos, narrador sospechoso, fantasía de aventura y misterio
Editado: 11.09.2026