Mides es uno de los primeros Dioses creados, prácticamente controla las guerras de forma irónica.
Desperté agitada, ¿qué fue aquello? No creía que fuera una simple pesadilla.
Lo primero lo conocía porque fue parte de lo que viví en Eriolot, ¿pero lo otro? Eso si no lo sabía.
¿Quién era Theur? ¿Quién era Calix?
Tenía mil y un preguntas y cero respuestas.
Mire al horizonte, el sol apenas salía. Sus rayos se reflejaban en el calmado Lago de Sueños. El graznido de las aves era suave y el silbido del viento reconfortante .
Salí a buscar algún animal para el desayuno. Hacía frío y permanecía oscuro, la luz sin salir.
Encontré una manada de conejos… bueno conejo a las brazas otras vez.
Intente usar algo de magia.
Concentré la energía en una red y así atraparlos. Pero cuando tiré de la energía sentí un dolor abrazador en el pecho.
Caí de rodillas al suelo con dificultad para respirar; me ardía hacerlo. Golpe el suelo intentando relajarme un poco. Mis ojos se cerraron y hubo oscuridad por unos minutos.
Sentía una energía cálida y reconfortante abrazarme. Como si la conociera me aferre a ella, era dorada.
Creo que sabía quien era, se trataba de ¿Al?
Solté un gemido doloroso y me estiré.
Entonces una figura se materializo, túnica blanca, ojos dorados y su cabello también, piel clara, muy alto y… oh su sonrisa. Su sonrisa era la más cálida y acogedora que haya visto.
— Shh… respira mi niña, papá esta aquí.
— Mmm, duele.
— Lo se, lo se mi niña.
Su mano se mecía de arriba para abajo en mi espalda. Era tan suave y delicada, como si temiera herirme.
Entonces las lágrimas se salieron de mis ojos. No podía, era lo más cálido y gentil.
Cuando me di cuenta de que mi cuerpo era más pequeño, me extrañe. No solo eso, mi ropa era un vestido blanco con dorado y no tenía ni una sola cicatriz, todo estaba curado.
Mire su rostro y su sonrisa solo se agrando; soltó una risita para luego extenderme una copa de oro.
En su interior el líquido era de color perla como iridiscente. Lo dude un poco pero al final abrí mi boca y él acerco la copa.
Era dulce como la miel pero no terminaba de ser empalagoso. Cuando lo termine me sentí atontada y volví a la realidad.
Estaba en la cueva, Esmeralda seguía dormida y para aumentar mi sorpresa se estaba cocinando un conejo.
— Esmeralda, despierta ya. — la sacudí.
— Mmm… cinco minutos más.
— Iré por agua helada si no despiertas.
— ¡No! Ya, ya desperté.
Se sentó deprisa y se tallo los ojos. Se quedo mirándome por varios segundos, lo cual solo me desconcertó.
— ¿Por qué luces diferente?
— ¿A qué te refieres?
— Tienes los ojos más claro, tu cabello tiene un sutil matiz dorado, estas sonrojada y tu ropa es diferente.
— ¿Qué..? — era cierto, mi ropa era diferente, traía el mismo vestido de… lo que sea que fuera aquello que paso. Y al mirar mi reflejo en el lago comprobé lo demás.
— ¿Por qué estas así?
— No… no tengo ni idea.
— Quizás eres sonámbula e hiciste algo.
— Ay por favor, esas cosas no pasan.
— Si tu lo dices…
Después de que ella comiera guardamos nuestras pocas cosas y partimos a Esmerald.
Realmente yo no comí nada. Aún persistía el sabor de aquel líquido que bebí y de manera misteriosa desapareció mi hambre.
Los paisajes eran hermosos… hermosísimos. Cruzamos por praderas llenas de flores, animales e insectos. Las montañas eran altas y llenas de vegetación.
— No me gustan los animales.
— ¿Por qué? — me gire a verla.
— Me dan miedo.
— Estas bromeando.
— No, no lo hago. Me dan miedo.
— Y según tu querías una vida de campo.
— Bueno, ya no estoy tan segura de ello.
Paramos a comer en un campo de flores de cristal.
— ¿Conejo? Ya comimos eso.
— De que te quejas, aquí no es tu palacio donde te miman.
Mientras el conejo estaba listo corté varias flores e hice una corona con ellas, a la cual posteriormente añadí flores rojas.
— Oye, una pregunta.
— ¿Cuál?
— ¿Por qué tomaste las dos coronas de aquella cueva.
— Pertenecen a Carmín.
— Oh.
— ¿Qué harías contra tu padre por las atrocidades que ha cometido?
— La verdad, quiero vengar a toda la sangre derramada.
— Heroico. — bufé.
— ¿Por qué te haces un corona?
— Porque quiero.
— ¿Por qué quieres?
— Porque me representa.
— ¿Eres alguien importante?
— Talvez.
— ¿Dónde vamos?
— Esmerald.
Siguió haciendo preguntas que me limitaba a contestar con desinterés.
¿No se puede callar o qué?
Cuando termine la corona de flores me la puse y dentro de su circunferencia encajaba perfectamente la corona de mi madre…
Eso me dejo pensando, aquel hombre dijo: “Papá esta aquí”
Mi padre estaba muerto. Murió en el ataque del 13 de Alejandría de 1913.
Recogimos y seguimos el camino, no quedaba mucho, solo un poco y llegaríamos.
Atravesamos un bosque y ya se podían ver las murallas de Esmerald.
— ¿Quiénes son ustedes? — pregunto un guardia nada más llegar a la entrada.
— Oh, disculpe, soy Lily de Tyvet, ella es mi acompañante, Esmeralda… Estrada.
— Pri-
Hice un gesto sutil para que no dijera nada, no me convenía que Esmeralda supiera, o por lo menos no aún.
Pasamos la noche en Esmerald, en la posada de un hermosa ancianita.
Por la mañana me desperté con los primeros vestigios del sol. Mire mi mochila y busque algo en ella…
Dentro estaba una botella blanca de cristal, nunca puse algo como eso ahí dentro. La tome y la destapé, para luego oler el contenido: era dulce y con algunos toques de fresa… como lo que sea que haya bebido en el desmayo que tuve.
La tapé y fue cuando me di cuenta de la etiqueta: néctar sagrado.
Salimos al pueblo poco después para obtener provisiones.
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conflictos, narrador sospechoso, fantasía de aventura y misterio
Editado: 11.09.2026