En la antigüedad Carmín era mucho más grande, pero con las guerras perdió territorio y dejo de ser el Imperio Carmín a solo ser Carmín.
— ¿Cuánto falta para llegaaaar?
— Poco.
— ¿Cuánto es poco? ¡Eso lo dijiste como hace 2 horas!
— Exageras.
Durante el camino Esmeralda iba refunfuñando todo el tiempo, cada dos segundos preguntaba cuanto faltaba, ya me tenía fastidiada.
«¿No la puedo lanzar al volcán?»
«No».
«Pero…»
«No».
Suspire, teníamos cuatro días caminando. Ahora me daba cuenta de que Carmín si estaba muy lejos caminando.
El lado bueno era que la vegetación ya empezaba a tornarse de color rojo y tinto.
— ¿Por qué se pone así?
— Por Luzio. Los alrededores de Carmín y este mismo, se tornan de tonos rojos y tintos, incluso los animales.
— ¿Por qué?
— Luzio lleva más años aquí que cualquier otro Dios en su reino.
— Ooh.
Sonreí al ver a la distancia el campo del vino. No lo pude evitar y corrí.
La emoción me desbordaba, por fin estaba otra vez más en casa.
Me detuve y abrí los brazos dando vueltas para admirar el lugar.
Las ruinas de lo que una vez fue el Imperio Carmín estaban comidas por la vegetación, a su alrededor las maripositas volaban. Los árboles eran altos y frondosos, eran todo tan bello.
Me encontré con la mesa y las sillas donde una vez cuando tenía 3 años y me reuní con… y me dio el oso de peluche.
Encontré el columpio dónde pase tantas tardes y al correr al barranco vislumbre la torre más alta de la Isla Obsidiana.
Termine en el suelo llorando, estaba tan feliz y devastada a la vez.
Tantos años de sufrimiento, apartada de mi única familia, con el miedo constante de morir en cualquier momento.
Todo por fin había terminado, por fin era libre, por fin podía dejar de tener miedo.
Pero aún no terminaba todo.
Debía destruir Eriolot desde dentro.
Y que Laos me perdone, pero ellos se lo buscaron.
Una espada se materializo frente a mi, estaba clavada en el suelo y era de tonos magentas y dorados, era muy larga y fina, su punta era donde estaba el dorado que se degradaba a magenta.
Tomando la empuñadora me apoye para levantarme, pero antes de hacerlo note algo.
Colgada de la empuñadora estaba una corona. Era la misma de mi sueño, de oro con zafiros estrella azules y estaba combinada con una corona de flores. No como la que hice, no, esta era de flores doradas únicamente.
Con lágrimas en los ojos y manos temblorosas la tomé y la coloqué sobre mi cabeza. Mire al cielo con temor, esperanza y determinación. Entonces apoyándome de la espada me levante del suelo, la desencaje de la tierra y la blandí mirando hacía la Isla Obsidiana, el sol me daba de frente pero no era molesto.
Me sentía demasiado poderosa.
•Esmeralda.
Estaba agotada. Liri… Lily había corrido y la perdí.
Me sorprendí mucho, el lugar era hermoso, nunca había visto uno así.
Aminore el paso y la encontré…
Estaba de espaldas a mí. Tenía una corona puesta, dorada y con gemas que nunca había visto. Portaba una espada de tonos azules y negros, tenia puntitos blancos. El azul era oscuro y se encontraba de la punta a la empuñadura, el negro en su lugar solo estaba en la punta.
El vestido blanco que tenía ya no estaba. Ahora portaba uno de color azul oscuro, negro y dorado, era un reflejo de la noche. Incluso los tacones que ahora llevaba eran un reflejo de esta.
El sol le daba de frente y eso la hacía ver muy imponente y poderosa.
Era la primera vez que veía algo como eso.
De repente tenía miedo, no, mejor dicho, horror.
¿Quién era ella?
“La Estrella del Olvido nunca olvida. Tenlo en cuenta para cuando la encuentres. Y por cierto, suerte, se deja influenciar por Min”.
Esas palabras se gritaban en mi mente en bucle. Eran de uno de los sueños que tuve.
Mire al cielo, y ojala no haberlo hecho.
La estrella morada junto al Cinturón de Orión brillaba tanto que juro haber visto una sonrisa psicópata.
Jadeé. No, no podía.
Mi cuerpo se cayó de rodillas, como si estuviera obligado a hacerlo. Ella giro la cabeza hacía mi.
Sus ojos ya no eran verdes. Eran del mismo azul de su vestido y la pupila era una estrella de cuatro puntas blanca.
Juro que vi a un ser mucho más grande detrás de ella.
•Lily
Me giré, Esmeralda estaba arrodillada en el suelo, parecía tener miedo, las lágrimas le bajaban por las mejillas. Me miraba aterrada o como si viera algo que yo no.
— ¿Esmeralda?
Fruncí el seño, mi voz sonó diferente. Era más profunda y en definitiva nada dulce.
Por primera vez se quedo completamente callada.
— ¿Esmeralda?
— Y-yo, lo siento.
— ¿Por qué?
— Por todo.
La mire en silencio, no entendía su disculpa. Note que se fijaba en mi aspecto, en especial en mis ojos. Moví la espada para mirar el reflejo de mis ojos.
Espera, ¿por qué la espada es azul y negra con puntos blancos y no dorada con magenta?
¿Por qué mis ojos eran azules y con pupila de estrella blanca?
¿Por qué mi ropa era diferente?
¿Por qué mi cabello era más blanco de lo normal?
— ¿Qué..?
— ¿No lo habías notado?
— No…
Mi voz tembló, la de ella era dócil.
— Aah… mejor… vayamos al interior del reino. La noche es muy oscura por aquí.
La ayude a levantarse y caminamos a la puertas, en una de ellas colgaba un letrero que decía: “He aquí donde nació y desapareció”. Eso me partió el alma, pero conteniendo las lágrimas seguí avanzando.
Pronto llegamos a la residencia Carmín.
Y parándome frente a las grandes puertas de la sala suspiré para relajarme y toque la puerta.
— ¿Quién? — la voz cansada de un hombre se escucho.
— Señor, quiero decirle que he vuelto. — a los segundos de decir aquello la puerta se abrió.
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conflictos, narrador sospechoso, fantasía de aventura y misterio
Editado: 11.09.2026