La Oscura Verdad del Reino

Capítulo 12: Sangre a derramar

La alianza es fuerte, y nosotros también.

Por la mañana desperté algo desorientada, aún no me acostumbraba al hecho de ya estaba en casa.

Era complicado.

Tome una ducha relajándome en el agua calienta. Tenía algunas cicatrices, eran tan profundas las heridas que las causaron que el néctar no logro borrarlas.

Al salir envolví mi cuerpo en una bata y…

¿Por qué mi armario esta lleno de vestidos estilo fantasía y tacones?

Ignorando eso, tomé uno de color turquesa con blanco, tenía sus propios tacones a juego, que raro.

Me tome el tiempo de secar y agarrar mi cabello en un moño medio alto. También me puse una pequeña tiara, que de forma misteriosa cambio a la corona, me la quité y cuando estaba por alejarme del tocador volvió a estar sobre mi cabeza.

Suspire y en un vaso pequeño vertí algo del néctar y lo bebí. Al instante me sentí renovada.

El comedor era grande, con techos abovedados y pintados con la historia de mi familia. Las columnas estaban grabadas y el suelo tenía un patrón de madera tinta y café oscura —creo que era árbol de vino y roble oscuro—, la mesa era de roble oscuro y las sillas estaban forradas con cuero.

— Oh, pequeña ya despertaste.

— Si, papá ya… — me detuve y mi sonrisa se desvaneció, le acababa de decir papá a Luzio.

— Ven aquí, hicieron panqueques y tiene tus frutillas favoritas.

— ¡Yey!

A veces seguía siendo la niña pequeña de la casa.

Hasta que me senté y tenía comido medio plato me di cuenta de las otras dos personas en la mesa. A parte de Luzio, Merlon y yo, estaban Esmeralda y ¿Mides?

— Por cierto, Li, le pedí ayuda a Mides con lo de tus alas.

— Ya veo… en todo caso, gracias por aceptar ayudarme señor Mides.

— No hay de que, Queru.

— ¿Queru?

— Es solo un apodo.

Mides era castaño oscuro y su pelo tenía ondas marcadas, sus ojos eran de un verde intenso, su piel era de un tono tostado, era igual de Alto que Luzio y vestía ropas verdes y negras.

En su momento un zorro blanco a pareció y salto a mi regazo, en su hocico tría una carta.

— ¿Te han convocado he? — acaricie su pelaje mientras tomaba el sobre de la carta.

— ¿Qué es eso? — cuestiono Luzio.

— Al parecer son dos cartas. Una de los reyes de Zafiro y otra del Dios Alex.

— ¿Qué dicen?

— Um.

Hola querida Lily.

Somos Diana y Rubén, los reyes de Zafiro. Recientemente escuchamos la noticia de que estabas de vuelta en Carmín.

Esperamos de todo corazón tengas una pronta recuperación de todo.

Posdata: Si necesitas ayuda con algo cuenta con nosotros.

Atte., Diana y Rubén del Zafiro.

Buen día Lily, ¿cómo te encuentras?

Puede que ya conozcas de quien me trato, pero permite que me presente.

Soy Alex, dios del caos y suerte.

Los Dioses somos consientes de que deseas tomar represalias contra Eriolot, cuenta con todos nosotros para ello.

Atte., Dios Alex.

— Y básicamente eso es todo lo que dicen.

— ¿Piensas en hacer algo?

— Si, papá no me voy a quedar de brazos cruzados.

— ¿Papá?

— Oh, yo… lo siento señor Luzio.

— No hay porque disculparse, si deseas llamarme así siéntete en la libertad de hacerlo.

— Gracias. —murmure, mis mejillas estaban rojas de la pena.

Envié diferentes cartas con un mismo mensaje: una alianza para derrocar a Eriolot, era simple. Se enviaron a todos los reino, claro, menos Eriolot.

En cuanto a Esmeralda…

— ¿Estarías dispuesta a asesinar a tu propio padre?

— Si, y si es necesario incluso a todo el reino.

¿?

Pasé la página del libro con calma, el fuego crepitaba en la chimenea, era lo único que iluminaba la sala. Era mi biblioteca personal, rara vez estaba con alguien, pero en esta ocasión estaba con Calix, quien se encontraba sentado en el sillón más cercano a la chimenea. En su regazo se encontraba un libro cerrado y en su mano derecha sostenía un relicario.

— ¿Señor?

— ¿Sí? — levante la mirada del libro para observarlo. Comenzaba a ganar color.

— ¿Puedo preguntarle algo?

— Claro.

Paso inseguro el pulgar por la foto, si no estaba mal se trataba de su hija y esposa.

— ¿Qué le ve de especial a ella?

— ¿Hablas de Astra?

— Si…

— ¿Estas celoso? — un sutil rubor subió por sus mejillas. Oh por lo Primordiales ¿Por qué?

— No.

— Tu expresión dice que mientes.

Soltó un bufido y dirigió su mirada a la ventana, solté un suspiro y dejé el libro en la mesita.

— ¿Qué te sucede?

— Nada.

— Mientes.

— No es nada.

— Calix.

— ¿Qué?

— ¿Qué buscas con esto? — su mirada se perdió y quedó en silencio — ¿Atención? ¿Aprobación? ¿Qué la deje?

— Ya la has dejado.

— ¿Cuándo?

— Cuando permitiste que le hicieran lo peor durante 5 años una vez no te bastó y lo permitiste una segunda.

— Eso…

— ¡No intentes justificarlo! La tienes en un pedestal, no es nada de ti, la abandonaste durante años y ahora la tratas como a tu propia hija.

— Yo…

— ¡Y a mi, que he sido tu servidor durante milenios, escuchándote, apoyándote, soportando tu abuso; ni siquiera me das un gramo de tu atención! Todos los días te soporto y sirvo, ¿qué me diste a cambio? Me castigaste. — se giró de forma brusca y me señalo — Me privaste de la libertad, Theseus, Keido y Kiyeon no saben que soy su abuelo ¡Asesinaste a mi hija por una absurda tradición! Me quitaste lo que más amaba.

— Calix…

No me dejó terminar, se puso de pie y se marchó sin mediar más palabra.

3

Nota de autor:

Chavo, ya entré a la escuela, no se si seguire publicando lunes y viernes.




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