La otra Anna

Capítulo 5

Diego se marchó poco después, discupándose por haberme «cargado con esto», como si acabara de entergarme un paquete pesado que ahora era mío para siempre. Me quedé sentafa en la cocina un buen rato, con la fiambrera aún cerrada sobre la encimera, repitiéndome la misma frase hasta que perdió sentido de tanto repertirla: «sonaba exactamente igual que la tuya»

Porque yo no había estado allí esa noche. Estaba segura de eso, casi segura.

La última vez que hablé con Anna en persona había sido tres semanas antes de su muerte, en mi piso, no en el suyo, durante una discusión que terminó ella dando un portazo y conmigo bebiéndome media botella de vino que no recordaba haber abierto. De esa noche me quedaban fragmentos: la voz de Anna subiendo el volumen, algo sobre nuestra madre, algo sobre una promesa que yo había roto sin saber que existía. Y después nada. Un agujero negro, sin bordes, hasta la mañana siguiente, cuando me desperté en el sofá con la ropa del día anterior y un mensaje de Anna sin contestar en el movil: «necesito que hablemos de esto en eprsona, pero no ahora, cuando estés lista»

Nunca estuve lista. Y ahora ya no habría oportunidad.

Pero la noche de la caída yo estaba en mi piso, a cuarenta minutos de allí. Podía jurarlo. Lo único que no podía jurar, si era completamente sincera conmigo misma. Noe staba segura de recordar con certeza absoluta cada hora de esa noche concreta, porqué la semana después de la discusión con Anna se habían fundido en una especie de bruma de trabajo, insomnio y demasiado vino, en la que un martes y un jueves eran, para mi memoria, practicamente intercambaibles.

subí al cuarto y saqué el móvil. No se exactamente que buscaba — una coartada, supongo, algo que me demostrara a mí misma lo que ya debería haber sabido sin necesidad d epruebas— empecé a revisar el registro de llamadas de aquella fecha, hacia atrás, con una atención que nunca anets había logrado poner en mi propia vida.

Había una llamada de Anna a las 23:47. Cuarenta y un segundos de duración.

No la recordaba.

Seguí bajando y encontré algo peor: una nota de voz, guardada en una carpeta de archivos que ni siquiera recordaba haber creado, titulada solo con la fecha. Cuatro días antes de la muerte de Anna.

El icono de reproducción parpadeaba, esperando a que lo tocara, y me quedé mirándolo con el pulgar suspendido en el aire, incapaz de decidir si quería saber lo que decía la voz que estaba a punto de escuchar, o si preferiria, por primera vez en mi vida, seguir sin saber.

Le di al play.



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En el texto hay: vioencia

Editado: 23.08.2026

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