La otra Anna

Capítulo 6

Al principio solo hubo ruido de fondo, tráfico, quizá una calle. Después mi propia voz, más baja de lo que suena habitualmente, con un timbre que no reconocí del todo, como si me hubiera grabado a mí misma imitando un tono de voz que no era el mío.

«Anna, sé que no quieres hablar conmigo, pero tienes que escucharme. Si sigues adelante con esto, se lo voy a contar todo a Marcos. Todo. No me importa lo que pase después. No pienso dejar que sigas fingiendo que no pasó nada»

Un silencio. Después, mi voz otra vez, más baja aún, casi un susurro:

«Y si tú no se lo dices, se lo digo yo»

La nota terminaba ahí, cortada de golpe, como si quien grababa hubiera colgado o hubiera sido interrumpida a mitad de la frase.

Me quedé sentada en el borde de la cama — «en el borde de la cama, nunca en medio» la voz de Sofía resónandome de pronto en la cabeza si que la hubiera llamado — escuchando en silencio que siguió, incapaz de moverme, incapaz de decidir si aquella voz llena de amenaza era mía de verdad o si era exacatmente lo que parecía: la prueba deq que alguien, en algún momento, había querido que yo creyera que lo era.

Porque había un problema. Un problema que se abrió paso muy despacio.

Yo no recordaba haber grabado esa voz.

Y no recordaba, tampoco, a qué se refería exactamente cuando decía «si sigues adelante con esto». No sabía que era esto. No sabía qué secreto de Anna estaba a punto de destapar, ni por qué mi propia voz, en un archivo guardado en mi propio teléfono, sonaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para impedirlo.

Abajo, oí la puerta principal abrirse y cerrarse. Pasos en el vestíbulo. La vozde Marcos llamando a Sofía apra la cena, con la naturalidad de siempre, esa calma perfecta de hombre que no tiene nada que ocultar. Guardé el móvil en el cajón de la mesilla, debajo de un jersey, como si esconderlo físicamente pudiera deshacer lo que había escuchad, y bajé las escaleras despacio, contando los peldaños sin querer, hasta llegar el número nueve.

Me detuve ahí un segundo.

Y por primera vez desde que había llegadi a aquella casa, no fue el miedo por Anna lo que sentí.

Fue miedo de mí misma.



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En el texto hay: vioencia

Editado: 23.08.2026

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