Se quedó dormida antes de que pudiera formular ninguna otra pregunta. una de las más improtantes y con la que llevaba atragantada desde que lo había mencionado: «¿Una de esas mamás era yo?»
Marcos volvió a irse temprano a la mañana siguiente con la misma excusa que e dijo días atrás. Cuando oí el coche alejarse por la calle, bajé al despacho con al intención de comprobar algo que estaba rondandome la cabeza «Creo que papá no estaba esa noche» sí Marcos había mentido a Sofía sobre dónde estuvo aquella noche, tenía que haber alguna manera de demostrarlo, y empecé a registrar el despacho de nuevo, buscando cualquier cosa que pudiera confirmar o dementir.
En els egundo cajón encontré la tablet que Marcos utilizaba para las reuniones medioe scondida bajo una acrpeta de facturas. No tenía contraseña, como si Marcos hubeira dejado de preocuparse por ocultar nada en cuanto asumió que ay nadie iba a miarar. La abrí y busqué alguna pista. Tenía una aplicación de calendario, Marcos habló de que la utilizaba para las rueniones, quizá encontrara algo. Seleccione la aplicación del calendario y cuando la abrí solté un suspiro de alivio, tenía todas las rueniones y eventos anotados de manera sistemática. Busqué la noche de la muerte de anna, a als 22:30, había una entrada: «Cena Grupo Solvex - Hotel Meridian». Una reunión de trabajo fuera de la ciudad, a más de una hora de distáncia. Si aquello era cierto, Marcos tenía una coartada muy sólida, fácil de sostener con recibos y testigos.
Pero cuando abrí el correo vinculado a la tablet todavía con la sesión iniciada, encontré algo que desmontaba esa coartada: un correo enviado por Marcos, a las 21:47 de esa misma noche, cancelando la cena. «Ha surgido algo importante, disculpada, lo retomamos la semana que viene»
Marcos había cancelado la cena. Y aún así, a Sofía —y problablemente a la policía— le había dejado creer que había estado en el hotel Meridian toda la noche.
Me quedé mirando la pantalla, y de pronto escuché un coche aparacar fuera, demasiado pronto para que sea Marcos.
Me asomé a la ventana y vi a mi madre bajando de un taxi, con uan maleta pequeña y la expresión de alguien que ha decidido, después de la llamada teléfonica, que ya no puede permitirse seguir lejos de lo que fuera que intentara controlar en la distancia.
Se detuvo un instante en al acera, antes d eir hacia al puerta, y levantó la vista hacia la ventana de mi despacho, como si hubiera sabido exactamente donde iba a encontrarme.
Editado: 23.08.2026