La otra Anna

Capítulo 13

Guardé la tablet en el cajón antes de que mi madre llegara a la puerta, y bajé a recibirla con una calma que no sentía en absoluto.

— No era necesario que vinieras— le dije, en lugar de saludarla.

—Claro que hacía falta.— dejó la maleta en el vestíbulo, junto con las cajas sin abrir y miró alrededor con una expresión que no supe descifrar: nostalgia, o quizá incluso alivio al comprovar que todo seguía igual.—Después de cómo terminamos la llamada de anoche, no iba a quedarme sentada esperando que hicieras algún tipo de tontería.

— ¿Qué clase de tontería?

—La clase de tonterías que consiste en escarbar en cosas que llevan veinte años enterredas por algo—Se quitó el abirgo y lo dejó bien doblado sobre el reposabrazo del sofá.—Sientánte,camos hablar que tanto empeño le pones.

Nos sentamos en el salón, delante al fotografía de boda de Anna, y por primera vez en mi vida, vi a mi madre dudar de verdad. Intentar buscar palabras con torpeza, una torpeza que no le pegaba nada.

—Cuando vosotras teníais cinco años—empezó—, hubo un verano en que vuestro padre y yo estuvimos a punto de separarnos. No lo recordareís, eraís muy pequeñas. Pero pasó algo esa temporada, algo que decidí que era mejor que ninguna de las dos lo supieraís nunca, no iba a servir de nada saberlo, solo os podía hacer daño.

—¿Qué pasó?

—Eso no importa ahora.—Su voz se endureció. recuperando el control que había perdido unos instantes antes—.Lo que importa es que Anna lo descubrió, hace un año, por pura casualidad, revisando papeles viejos que yo debería haber destruído hace mucho. Y desde entonces no dejo de darle vueltas, de querer contartélo y de decirme que tu tenias derecho a saberlo.

Mi madre no contestó al momento. Se miró las manos, como si mirara de encontrar alguna respuesta en ellas.

—Le dije que si te lo contaba, perdería algo que no iba a poder recuperar nunca.—Levantó la vista— y tenía razón, Claudia. Aunque no de la forma que yo pensaba que tenía.

Iba a preguntarle qué quería decir con eso cuando oí el coche de Marcos entrando en el camino a casa, y por la ventana vi a Marcos bajando del suyo con una expresión tensa que no había visto antes, hablando por teléfoino, en un tono, que incluso a través del cristal, sonaba a discusión.

Colgó antes de entrar. Y cuando cruzó la puerta y vio a mi madre sentada en el salón algo en su cara se desencajó durante una fracción de segundo.

—Lucía—dijo él, recomponiéndose—. No sabía que ibas a venir.

—Nadie lo sabía — contestó ella, sin levantarse —. Precisamente por eso he venido.



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En el texto hay: vioencia

Editado: 23.08.2026

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