La otra Anna

Capítulo 15

Al día siguiente, mi madre se ofreció a llevar a Sofía al parque —"un poco de aire fresco os vendrá bien a las dos", dijo, aunque solo iba a acompañar a una— y Marcos se marchó otra vez temprano, así que aproveché la casa vacía para encerrarme en mi cuarto y revisar con más calma las carpetas que me había traído del trastero, las que todavía no había tenido tiempo de abrir del todo.

Fue en una de las últimas, la que llevaba la fecha más reciente, donde encontré algo que no encajaba con nada de lo que había visto hasta entonces: un sobre pequeño, sin abrir, dirigido a un laboratorio de análisis clínicos, con una etiqueta de resultado pendiente adherida en la esquina superior.

Lo abrí con cuidado, casi con miedo, y encontré un informe de prueba de paternidad. El nombre del solicitante era el de Ana. El nombre del posible padre estaba en blanco, sustituido por un código numérico que no significaba nada para mí. Pero el resultado, impreso en la última página con la frialdad clínica de un porcentaje, no dejaba lugar a ambigüedades: compatibilidad genética confirmada, en un noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento, entre el código numérico y una segunda muestra etiquetada solo con un nombre.

Sofía.

Me quedé sentada en el borde de la cama, con el informe temblando ligeramente entre mis manos, pensando en Marcos diciendo no estaba preparado para que Sofía supiera que su padre sospechaba de su madre, y preguntándome, por primera vez, si esa frase escondía una verdad mucho más antigua y mucho más dolorosa de la que yo había estado buscando.

El código numérico no me decía nada por sí solo, pero en el membrete del informe había un teléfono de atención al cliente para "consultas sobre resultados". Iba a necesitar el DNI de Ana para que me dieran cualquier información, y solo había un sitio donde podía estar: el dormitorio que compartía con Marcos, el único cuarto de la casa en el que no había puesto un pie desde que había llegado.

Entré con el mismo cuidado con que se entra en una habitación donde alguien duerme, aunque allí ya no dormía nadie. El bolso de Ana seguía colgado del respaldo de la silla, junto a la ventana, exactamente donde ella debía de haberlo dejado la última vez que se lo quitó de encima, y nadie —ni Marcos, ni la policía, ni el tiempo— se había atrevido todavía a vaciarlo. Encontré el carnet en el primer bolsillo, entre un pintalabios sin tapón y un billete de metro caducado, y volví corriendo al despacho antes de perder el valor.

Contestó una mujer joven, con la voz apresurada de quien atiende quince llamadas iguales cada mañana.

—Laboratorios Vitalia, buenos días.

—Hola, llamaba para consultar un resultado. Tengo aquí el número de referencia. —Le dicté el código, procurando que la voz no me temblara.

—A ver, deme un momento. —Un silencio, el sonido de un teclado—. Sí, aquí está. ¿Es usted la solicitante? Necesito verificar el DNI para daros la información, es un dato sensible.

Dije su nombre casi sin pensar, como si mi cuerpo hubiera decidido por mí antes de que mi conciencia pudiera objetar nada.

—Ana Ferrer.

—Perfecto, gracias, Ana. —La mujer no dudó ni un segundo, no detectó nada raro en mi voz, y comprendí, con un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de la habitación, que mi voz y la de mi hermana debían de sonar exactamente igual también por teléfono—. El resultado ya se lo enviamos por correo hace meses, pero si necesita que le confirme algo puntual, dígame.

—Necesitaría que me confirmara el nombre asociado a la segunda muestra. El del código de comparación.

—Un momento. —Otro silencio, más largo esta vez—. Aquí pone... Diego Sanmartín. ¿Es correcto?

Colgué sin despedirme, con el corazón latiéndome tan fuerte que lo notaba en los oídos, y me quedé mirando el teléfono como si acabara de sostener algo que quemara.

Porque si Marcos no era el padre biológico de Sofía, ahora tenía un nombre para el hombre que sí lo era.

Y ese alguien llevaba semanas trayendo fiambreras cubiertas de papel de aluminio a la puerta de aquella casa, con la ternura torpe de un hombre que ya no sabía qué hacer con las costumbres que había construido alrededor de una mujer que ya no estaba.



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En el texto hay: vioencia

Editado: 23.08.2026

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