No le dije a nadue de la cas alo que había decsubierto. Esperé al día siguiente, cuando mi madre volvió a llevarse a Sofía —Esta vez a comprar zapatos, como si todos en aquella casa habían decidido mantener a la niña ocupada, así era la mejor manera de no tener que explicarle nada—, y fui caminando hacia al casa de Diego.
Abrió antes de que picara al timbre, como si llevara un rato mirando por la ventana.
—Se lo de la prueba d epaternidad—dije. sin rodeos, en cuanto crucé el umbral—Sé que eres el padre de Sofía.
Diego no lo negó. Se quedó apoyado contra el marco de la puerta de su propia casa con lso hombros undidos, y durante un momento pensé que se iba a poner a llorar ahí mismo.
—Anna me lo confirmó hace un año—dijo— Yo ya lo sopsechaba de antes, por las fechas, pero necesitaba saberlo con ceretza. Y en cuanto lo supe, no pude dejarde pensar en ello. En que había una niña ahí fuera que era mía, que no lo sabía y que llamaba papá a otro hombre.
—¿Por eso la presionabas para que se lo dijera a MArcos?
—¿Quien te ha dicho eso?
—Nadie, lo he deducido. — no era del todo cierto, pero necesitaba que hablara, y a veces una mentira segura funcionaba mejor que una prgeunta abierta—. La presionabas. y ella tenía miedo de que todo se desmoronara si lo hacía.
— No la presionaba.— Diego cerró los ojos un instante, como si necesitara ese segundo de oscuridad pra ordenar lo que iba a decir— Le pedía. Le rogaba, si quieres llamarlo así. Cada vez que la veía, cada vez que Sofía me llamaba «El vecino» en lugar de cualquier otra cosa, sentía que se me acababa el tiempo. Quería que mi hija supiera quién era yo antes de que fuera demasiado tarde.
— ¿Y ella que decía?
—Que necesitaba tiempo. Que Marcos no lo iba a soportar, que la empresa ya estaba en crisis, que añadir esto lo detrsozaria del todo.—Se pasó una mano por la cara— La última vez que hablamos de esto, dos días antes de que muriera, le dije que si ella no s elo contaba, quizá tendría que hacelro yo.
Sentí que se me elaba la sangre.
—¿Hablaste con Marcos?
—No.—Diego negó con la cabeza con demasiada rapidez— No llegué hacerlo. Pero ella no lo sabía. Anna pasó sus últimos días de vida pensando que yo podría romper su matrimonio en cualquier momento, y no hice nada para tranquilizarla porque, en el fondo, quería que sintiera esa presión. Quería que actuara.
— Y actuó— dije, muy despacio- Murió dos días después.
Diego no contestó, se quedó mirando el suelo, y cuando por fían volvió a hablar, su voz sonó tan pqueña que casi no lo reconocí.
—Hay algo que no le conté a la policía — dijo—. Ni a ti, hasta ahora,del todo. Ya sabes que Marcos vino aquí esa noche, furioso y que estuvimos discuitiendo casi dos horas. Lo que no te dije es que, mientras discutíamos, sobre la una, oí gritos. Voces de mujer, muy alteradas, viniendo de vuestra casa. Se oyen de una casa a otra si las ventanas están abiertas, ya lo sabrás.
Sentí que el suelo de la casa de diego de inclinaba.
—Esas son las mismas voces de las que me habalste el primer día. Las que dijiste que sonaban a Anna y a mí.
—Las mismas —diego asintió despacio —. Solo que aquella vez no te dije toda la verdad. Te dije que las oí porqué estaba despierto en mi casa, como si hubiera sido algo que pasó de fondo, sin más. Pero MArcos, estaba quí, sentado en ese mismo sofá, cuando lo oímos los dos. El también lo oyó, Claudia. Y ninguno de los dos hizo nada. Seguimos discutiend, gritándonos el uno al otro, mientras al otro lado de la cale alguien discutía con Anna de una forma que ahora sé que no debí ignorar.
— ¿Por qué no me lo dijiste así la primera vez?
—Porque si te decía que MArcos estaba conmigo cuando pasó, sonaba a que le estaba dando una coartada. Y no quería que pensaras que estábamos protegiéndonos el uno al otro. —se frotó los ojos cansado—. Pero es la verdad. Marcos no pudo empujar a Anna esa noche. Estuvo aquí, conmigo, discutiendo, hasta que se marchó furioso poco después de que dejaran de oírse los gritos. Quienquiera que estuviera dentro de esa casa gritábdole a tu hermana, no era su marido.
Editado: 23.08.2026