La otra Anna

Capítulo 18

— Las carpetas — dije—. LAs carpetas de Anna, las que tenía en mi cuarto. Han desaparecido.

Marcos me miró con sopresa que, esta vez, me pareció completamente genuina.

—Yo no las he tocado.

— ¿Quién más ha entrado en la casa hoy?

—Nadie que yo sepa. Tu madre s eha ido con Sofía esta mañana, tú has salido, y yo estado casi todo el día en el garage, con la radio puesta, tampoco te podría decir si he escuchado a alguien entrar—Se detuvo, y algo cruzó su expresión, una duda incómoda — . Aunque la puerta de atrás ha estado abierta un buen rato. La dejé así para ventilar el garaje.

Cualquier podría haber entrado. Cualquier persona que conociera la casa, sus horario, el heycoe xacto de tiempo en que estaría vacía salvo por Macos encerrado en el garaje con al radio puesta, algo que él mismo, sin darse cuenta, acababa de confirmarme.

Subí de nuevoa registrar el cuarto entero, con al esperanza absurda de haberme equivocadod e cajón, y fue entonces cuando lo vi: sobre la almhoada, colocado con un cuidado casi ceremonial, había un único objeto que no estaba allí por la mañana. Mi propio teléfono móvil. El que llevaba días gaurdando bajo un jersey, en el cajón d ela mesilla, con la nota de voz que no recordaba haber grabado. Estaba encendido con la pantalla activa, reproduciendo en bucle la misma nota de voz una y otra vez. Alguien la había puesto a sonar y había dejado el teléfono allí para que lo encontrara. Cogí el móvil con las manos temblorosas y subi el volumen, esperando oír de nuevo mi voz amenazando a Anna. Pero lo que salió del altavoz no fue exactamente lo que recordaba, había algo distinto. Un corte, casi imperceptible, justo antes de la frase más incriminatoria, un salto minúsculo en el ritmo de mi propia voz que solo alguien que hubeira escuchado el audio, veinte, treinta veces, obsesivamente, como había hehco yo, podría llegar anotarlo.

La grabación había sido editada.

Alguien parecía haber cogido mi voz real — de otra llamada, de otro momento, de una de esad conversaciones que si recordaba— y la había recortado, reordenad, empalmado con precisión para que digera lo que alguien necesitaba que dijera.

y si ese alguien, quienquiera que fuese, sbaía eprfectamente dónde guardaba yo el teléfono. Sabía cuando la casa estaría vacía. Y acababa de demostrarme, que podía entrar en la habitación siempre que quisiera..

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En el texto hay: vioencia

Editado: 04.09.2026

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