La otra Montclair

Capitulo 2 - Recuperar el pasado

La mansión Montclair no era simplemente grande.
Era inmensa.
Demasiado para dos chicas que habían vivido gran parte de su vida en una casa donde las puertas chirriaban y las paredes parecían murmurar secretos.
Aiden las recibió en el pórtico.
Un joven de mirada firme, traje oscuro y un peso silencioso sobre los hombros. No era el mismo adolescente que había perdido a sus hermanas:
era el nuevo patriarca.
Isabella dio un paso adelante con cautela.
Iris, en cambio, mantuvo los brazos cruzados, como si la enorme entrada fuera una amenaza más que un hogar.
—Bienvenidas a casa —dijo Aiden.
La palabra casa cayó entre ellos con un eco extraño.
Nadie sabía si realmente lo era.
**
El hall principal estaba lleno de retratos.
El fundador Montclair, esculturas de marfil, reliquias antiguas, vitrinas con joyas y piezas de colección.
Una familia construida sobre historia, arte… y silencios.
Una criada mayor se acercó con lágrimas en los ojos.
—Señoritas… las hemos buscado durante años.
Isabella sonrió débilmente.
Iris no respondió.
Aiden las condujo a una sala tapizada con cuadros antiguos.
—Aquí les mostraré quiénes eran —dijo mientras colocaba frente a ellas un álbum de fotos.
Las niñas en las imágenes eran idénticas a ellas, con vestidos blancos, colgantes brillantes y una sonrisa que no recordaban haber tenido jamás.
—Este era su apellido.
Montclair.
Isabella Montclair.
Iris Montclair.
Isabella tocó la fotografía con cuidado.
Iris apartó la mirada como si se negará a reconocerse a ella misma.
—¿Por qué… Torres? —preguntó Isabella en voz baja.
Aiden respiró hondo.
—Porque Evelyn mintió desde el principio. Les cambió los nombres, les inventó una historia y las registró como sus hijas para que nunca las encontráramos.
—Nos robó la vida —susurró Iris, con un temblor en la voz que nadie alcanzó a notar mientras su mente recordaba los momentos en los que aquélla mujer decía ser su madre.
**
Los días siguientes fueron de adaptación.
Nuevos cuartos, nueva ropa, nueva rutina.
Pero también nuevas decisiones.
Aiden insistió en que ambas retomaran sus estudios, esta vez como Montclair.
La familia tenía acuerdos con las mejores universidades del país.
Isabella fue la primera en elegir.
Siempre había sentido una conexión inexplicable con los colores, las sombras y las formas.
—Arte —dijo sin dudar.
—Quiero estudiar arte, restauración y diseño de objetos de lujo.
Aiden sonrió.
—Era la favorita de mamá. Ella diseñaba joyas. Tal vez heredaste su talento.
Era la primera vez que Isabella se sintió parte de algo.
De una historia.
De una sangre.
Iris, en cambio, tardó más en decidir.
Tenía una inteligencia práctica, aguda, inquieta.
—Finanzas —dijo finalmente.
—O administración. Quiero aprender algo que me sirva en cualquier lugar.
Pero cuando Aiden le entregó los papeles para matricularse, Iris hizo algo inesperado:
Borró el apellido Montclair.
Escribió Iris Torres.
Aiden frunció el ceño.
—Iris… ese apellido…
—Es el que usé toda mi vida —respondió ella sin mirarlo.
—No puedo ser Montclair de la noche a la mañana.
Dejen que el mundo me conozca como lo que fui.
No como lo que dicen que soy.
Era una mezcla de rebeldía y autoprotección.
Isabella lo comprendió.
Aiden no tanto, pero aceptó.
Y así, sin avisar a nadie, Iris comenzó una nueva vida bajo el apellido que Evelyn le había impuesto…
el mismo que la ocultaría del mundo Montclair una vez más.
**
Las semanas pasaron.
Isabella se integró mejor de lo esperado a la familia a la que una vez dejó sin ser su voluntad.
Pasó horas en los talleres de arte, aprendiendo técnicas de restauración y observando piezas antiguas que la familia conservaba desde generaciones.
Tenía talento.
Tenía sensibilidad.
Y tenía a Aiden, que siempre buscaba acompañarla o conversar con ella cuando podía.
Era la conexión que no pudieron tener de niñas.
Iris, en cambio, desarrolló una rutina distante.
Clases, prácticas, trabajos.
Independencia absoluta.
Aiden intentó acercarse, pero ella levantaba murallas invisibles que no permitirán el abrazó de los Montclair.
Había algo en su mirada que nadie podía descifrar:
un miedo disfrazado de fortaleza.
**
El destino cambió el día en que Iris aceptó asistir a un seminario empresarial de élite.
No lo hizo por interés.
Ni por ambición.
Ni por curiosidad.
Sino porque su profesora dijo que asistir diseñaría un futuro brillante en su carrera.
Lo que Iris no sabía era que ese seminario pertenecía a la persona que alteraría completamente el curso de su vida:
Víctor Blackwood.
Frío.
Poderoso.
Un hombre que había construido su emporio desde los cimientos.
Temido en el mundo de los negocios por su carácter implacable.
Cuando Iris lo vio por primera vez, sintió algo que no supo nombrar.
No era amor.
Tampoco miedo.
Era… reconocimiento.
Algo en él la estremeció como si hubiera sido creada para cruzarse con ese hombre.
E Iris, llevada por un impulso desconocido, extendió la mano cuando él se acercó a saludar.
—Iris… Torres —dijo.
Torres.
No Montclair.
Víctor levantó la vista.
Analizó su rostro por un segundo.
Un segundo que sería suficiente para empezar todo.
En los días siguientes encargó una breve investigación.
El informe regresó simple, limpio y sin sospechas:
Iris Torres.
Hija de Evelyn Torres.
Madre fallecida.
Una hermana en registros, sin detalles relevantes.
Nada más.
Nada que lo alertara.
Nada que revelara la verdad.
Así fue como Iris, sin proponérselo, logró lo que más deseaba:
Ser invisible para el pasado…
y peligrosamente visible para alguien como Víctor Blackwood.
**
Mientras tanto, Isabella continuaba su vida en la mansión, más unida a Aiden, más estable, más luminosa.
Dos gemelas.
Dos apellidos.
Dos destinos que estaban por separarse más de lo que imaginaban.
El apellido Montclair no solo iba a marcar sus vidas.
Iba a definirlas…
y tal vez también destruirlas.



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En el texto hay: gemelas, protagonista misterioso

Editado: 21.03.2026

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