El penthouse corporativo de Blackwood Industries recibe a Iris con un silencio casi quirúrgico. Las luces cálidas no logran suavizar la tensión flotando en el aire. Víctor Blackwood permanece junto a la pared de vidrio, observando la ciudad como si le perteneciera.
En cuánto Iris entra el apenas voltea a verla.
—Llegas tarde —comenta sin dureza, pero sin afecto.
Iris deja su bolso sobre la mesa y se aproxima con pasos controlados. Él toma un sorbo de su whisky, lo deja a un lado y dirige toda su atención hacia ella, como esperando una explicación que ella no ofrece.
Ese silencio lo irrita.
—No me gusta cuando te quedas así —dice, cruzando los brazos—. Parece que te alejaras de mí.
Víctor intenta acercarse. Su mano va hacia la mejilla de Iris, buscando tocarla como tantas veces.
Ella se aparta.
La reacción lo desconcierta; rara vez ella lo detiene.
—¿Ocurre algo? —pregunta.
—Víctor… —responde ella, sin temblar—. ¿Qué somos?
La pregunta convierte el penthouse en un espacio de vidrio helado.
Víctor respira hondo, baja la mirada y luego la levanta con una mezcla de molestia y vulnerabilidad.
—No deberíamos ponerle nombre —dice—. Complicaría lo que tenemos.
Esas palabras caen pesadas.
Él vuelve a intentar acercarse, toma la cintura de Iris, pero ella coloca una mano entre ambos y evita el contacto.
—No puedo seguir así —declara—. No quiero ser un secreto.
Víctor suelta la mano lentamente.
Por un instante, parece perdido.
—Iris… no hagas esto.
Pero ella ya camina hacia la puerta.
No mira atrás hasta que siente los brazos firmes de Víctor abrazándola.
–No te vayas .....quedate.
**
A la mañana siguiente las gemelas se reúnen en un café elegante. Isabela observa a Iris con una sonrisa tenue pero segura.
—El abuelo quiere que regreses a la mansión —dice—. Está preparando la presentación oficial. Dice que por fin es hora.
—No es momento —responde Iris.
—¿Por qué?
Iris evita responder.
Isabela suspira.
—¿Es por él?
La expresión de Iris confirma la sospecha.
—No se de quién se trata no voy a presionarte para que me cuentes todo, pero se que ese es el motivo que te aleja de nosotros —afirma Isabela con suavidad—. No puede mostrarse contigo?. No puede reconocerte?
Iris baja la mirada.
—Tienes que volver, Iris. Aidan y el abuelo te necesitan.
Isabela nota que el colgante de Iris no está en su cuello.
—Sigues usando el colgante —pregunta sabiendo la respuesta pero quiere indagar.
Iris asiente.
Muy pocas personas saben que ese colgante es una reliquia Montclair…
Y menos aún saben que Iris lo entregó a Víctor meses atrás, en un acto de amor que él nunca comprendió.
Para Víctor, fue solo un accesorio discreto que guardó sin pensar.
Isabella deja de indagar y se queda con las cortas respuestas de su hermana, no quiere abrumarla.
—Tengo que irme, quiero descansar, tengo un horrible dolor de cabeza.
**
Los próximos días Iris evita contacto con Víctor y solo irrumpe en su oficina cuando se trata de firmar documentos importantes.
Son varios días en los que duerme en su pequeño departamento y no en el gran penthouse.
Cuando Iris llega a su departamento oficial ve a Víctor recargado en la puerta.
—¿Dónde estabas? —pregunta.
—No es tu problema, solo andaba ocupada.
—Hace unos días te vi con un hombre, no te pregunté quién era.
Iris busca sus llaves y entra en el pequeño departamento. —Entras—. Este asiente y la sigue.
—Quiero descansar.
—¿Quieres que me vaya?
—Tomalo como desees.
—Cuando busques mi cercanía recuerda esto Iris — después de esas palabras se va del lugar cerrando la puerta en seco.
Iris siente un fuerte mareo y se apoya en el mueble, al despertar ya es de mañana y siente que la cabeza le va a explotar.