La otra Montclair

Capitulo 6 - Sentirse lejano

El día comienza con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas del pequeño departamento de Iris. El espacio, sencillo y acogedor, huele a café recién hecho. Mientras sostiene la taza entre manos, un leve zumbido recorre su cabeza. La sensación no desaparece, y un hilo de sangre en su pañuelo la hace entrecerrar los ojos, tratando de convencerse de que es solo cansancio.

Ignorando todas esas señales se viste con rapidez, ajusta su blusa y chaqueta, y sale rumbo a Industrias Blackwood. Los pasillos le parecen más largos de lo habitual, y cada paso resuena como un eco de su propia inquietud acompañado de sonar de sus tacones. Las conversaciones que se cruzan en su camino le hacen sentir invisible y, al mismo tiempo, demasiado expuesta.

—Dicen que Víctor tiene a alguien que lo acompaña en los eventos —murmura una asistente a otra mientras organizan archivos—. Una joven de familia muy rica, con negocios en Europa y propiedades en varias ciudades…

Iris detiene sus pasos un instante, fingiendo revisar un documento, mientras el nombre de esa mujer que no conoce se instala en su mente. Cada palabra, cada comentario, la hace sentir que algo está cambiando, aunque todavía no comprende cómo.

Al entrar en el despacho de Víctor, él la observa por un instante, apenas levantando los ojos de los informes que parecen captar más su atención. Sus palabras son cortas y precisas, frías como un muro:

—Revisa los contratos de los proveedores nuevos y prepara todo para la reunión de esta tarde.

—Sí, señor —responde Iris, con voz medida, intentando ocultar la fatiga que se intensifica con cada instante. Un mareo la obliga a apoyarse ligeramente en el escritorio.

—Asegúrate de que no haya errores —añade Víctor, con un gesto que no invita a la cercanía y se aleja—. Todo debe estar perfecto.

Más tarde, mientras organiza documentos en la sala de juntas, Iris escucha nuevos murmullos en los pasillos:
—Se dice que la familia que se está relacionando con los Blackwood es enorme —comenta un asistente—. Tiene propiedades en París, Londres, en las más importantes ciudades, y una influencia brutal en inversiones internacionales.

—Sí —responde otro—. Todo apunta a que esta unión no es solo personal, sino estratégica. La familia Blackwood se asegura así respaldo y alianzas que consolidan su posición.

Iris guarda silencio, intentando concentrarse, pero un frío recorre su espalda. Todo lo que antes parecía seguro, todo lo que creía entender de su lugar junto a Víctor, comienza a desmoronarse de inmediato. El dolor de cabeza regresa, más intenso, acompañado de un mareo que la obliga a cerrar los ojos por unos segundos. Su cuerpo le recuerda que algo no está bien.

Al mediodía, Víctor pasa junto a su escritorio con pasos medidos.

—¿Estás lista para los informes de esta tarde? —pregunta, sin mirarla directamente.

—Sí… sí, señor —responde Iris, tratando de que su voz no traicione la ansiedad que siente. Siente un impulso de acercarse, de hablarle, de recuperar algo de lo que parece perderse, pero cada intento se enfrenta con la frialdad calculada de él.

—Bien. Procura que todo esté perfecto —agrega antes de marcharse, sin ofrecer un gesto que denote cercanía. Las palabras frías aún resuenan en su cabeza y recuerda la advertencia de esa noche.

Mientras Iris organiza más documentos, nota que la luz de la tarde se filtra de manera desigual por las ventanas de la sala de juntas. Un hilo de sangre vuelve a asomar y se limpia con su pañuelo. La sensación extraña en su estómago y el dolor de cabeza se combinan, recordándole que debe acudir al médico pronto, aunque todavía no se atreve a reconocer la gravedad.

Decide acercarse a Víctor, con la esperanza de recuperar algo de contacto antes de que la distancia se vuelva definitiva:
—Señor… puedo ayudarle con la preparación de los documentos para la reunión que tendrá mañana —dice, con voz medida, intentando recobrar la cercanía que siente que se desvanece.
Víctor la observa por un instante, evaluando la intención detrás de sus palabras.

—No es necesario —responde, con frialdad—. Enfócate en tus tareas habituales. Este asunto es mío. No confundas tu posición aquí.

Iris guarda silencio y se retira, con el corazón acelerado. Sabe que acercarse demasiado ahora solo reforzará la distancia que Víctor impone, pero algo dentro de ella aún desea intentarlo, aunque sea un instante.

Mientras camina por los pasillos, los rumores continúan:
—Dicen que mañana conoceremos a la joven de la familia rica… —susurra una asistente mientras organiza archivos—. Todo el mundo habla de la influencia de su familia, de las propiedades, de los negocios que manejan… y de que su relación con Víctor Blackwood es algo que se esperaba desde hace tiempo.

Iris escucha sin ser notada, sintiendo cómo el mundo de Víctor comienza a girar alrededor de alguien que ella aún no conoce. El dolor de cabeza y la náusea vuelven, recordándole que su cuerpo no es tan resistente como antes, aunque todavía no comprende la gravedad de lo que ocurre.

En la noche, de vuelta en su departamento, Iris se sienta frente a la ventana. La ciudad brilla a lo lejos, pero dentro de ella todo es un torbellino de emociones: incertidumbre, miedo, frustración. Se sirve una taza de té, intentando calmar la sensación que recorre su cuerpo. El hilo de sangre en el pañuelo la inquieta, y sabe que pronto deberá ir al médico para descartar cualquier problema.



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En el texto hay: gemelas, protagonista misterioso

Editado: 22.03.2026

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