El cielo tenía un gris suave cuando Iris salió de su pequeño departamento, cargando la carpeta con los documentos más importantes del día. Sus pasos resonaban en la acera, mientras un leve mareo le hacía ajustar la postura y sostener la cabeza con una mano. No era la primera vez que sentía estos estragos, pero hoy debía concentrarse: acompañaría a Víctor Blackwood a una reunión decisiva, con la familia Aldara como invitada.
Al llegar al despacho principal de Industrias Blackwood, Víctor ya revisaba los últimos informes, impecable como siempre. Su porte era rígido y calculador, y sus ojos oscuros parecían medir hasta el más mínimo detalle. A su lado, Marcus Hale observaba la sala con una mezcla de simpatía y cautela, notando al instante el leve pálpito de incomodidad que recorría a Iris.
—Buenos días, Iris —dijo Víctor sin levantar la mirada—. Hoy necesitamos precisión absoluta. Los documentos deben estar listos y correctos antes de que lleguen los invitados.
—Sí, señor —respondió Iris, ajustando la chaqueta y respirando profundo.
—Marcus, asegúrate de que todo esté alineado. La presentación de los números debe ser impecable. Iris, tendrás los documentos para cualquier solicitud que surja —añadió Víctor, su voz firme y medida.
—Entendido —respondió Marcus con un gesto de asentimiento—. Todo estará listo.
Minutos después, los invitados comenzaron a llegar. Los Aldara, una familia elegante y de presencia imponente, acompañados de su hija. Blanca Aldara quien caminaba ligeramente detrás de sus padres, los señores Aldara, quiénes mantenían un gran porte, pero con un aire de autoridad natural. No hacía falta que nadie dijera que Blanca era la heredera única de la familia Aldara: su porte y la forma en que sus padres la presentaban hablaban por sí mismos.
—Señor Blackwood, es un honor finalmente encontrarnos —dijo el padre de Blanca con un tono cordial, mientras le estrechaba la mano a Víctor.
—El placer es nuestro —respondió Víctor, con la mirada firme, midiendo cada palabra.
Mientras los asistentes se acomodaban, Iris se mantuvo en un segundo plano, entregando documentos y tomando notas. Observaba la dinámica silenciosa: los padres de Blanca mostraban un interés claro en consolidar la alianza entre las familias Blackwood y Aldara, y aunque Blanca no hablaba mucho, cada gesto suyo, cada inclinación de cabeza, parecía medir la importancia de cada decisión.
—Nuestra intención es clara —dijo la madre de Blanca, con voz elegante—. Esta reunión no solo trata de negocios, sino de una alianza que unirá nuestras familias en un futuro cercano. Esperamos que esta colaboración sea fructífera para ambas partes.
—Totalmente de acuerdo —respondió Víctor, con un gesto que equilibraba formalidad y cordialidad—. Estamos preparados para garantizar transparencia y beneficios mutuos.
Marcus observaba a Iris mientras ella organizaba documentos, y notó la palidez creciente en su rostro. Un leve mareo la hizo tambalearse levemente, y Marcus se acercó discretamente:
—¿Estás bien? —preguntó en un susurro, mientras le ofrecía un vaso de agua.
—Sí… solo un poco cansada —respondió ella, sonriendo con esfuerzo.
Mientras la reunión avanzaba, se trataban fusiones, proyecciones de inversión y cláusulas de transparencia. Blanca se mantenía discreta, tomando notas y aportando comentarios puntuales, demostrando que aunque era joven, tenía la mirada aguda de una negociadora ya experimentada.
—Propongo que incluya cláusulas específicas sobre auditorías y tiempos de entrega —dijo Víctor, mientras revisaba los gráficos en pantalla—. Esto asegura transparencia para todos.
—Me parece correcto —respondió Blanca con un ligero asentimiento—. También necesitamos mecanismos de resolución de conflictos claros y rápidos. La familia Aldara espera eficiencia en cada paso.
Iris observaba cada gesto, cada mirada compartida entre Víctor y Blanca. Una punzada de incomodidad la atravesó, y su dolor de cabeza se intensificó. Marcus notó de inmediato que la joven estaba más pálida de lo habitual:
—Iris… ¿quieres sentarte un momento? —susurró, señalando discretamente una silla cerca de la ventana—. No tienes que forzarte.
Ella negó con la cabeza, obligándose a mantenerse firme. Sabía que su rol era asistir, documentar, estar presente sin ser protagonista. Sin embargo, la frialdad sutil de Víctor hacia ella y la elegancia natural de Blanca empezaban a marcar la distancia que se había instaurado silenciosamente entre ellos.
Al finalizar la reunión, los padres de Lara estrecharon la mano de Víctor con una cordialidad que iba más allá de lo empresarial. Era evidente que se estaba sentando un precedente: Blanca estaba destinada a convertirse en un vínculo sólido entre ambas familias, y el mensaje era claro para todos los presentes.
—Nos alegra esta colaboración —dijo el padre de Blanca, con una sonrisa que mezclaba seguridad y poder—. Creemos que esto marca el inicio de algo duradero.
Mientras todos se retiraban, Marcus se acercó a Iris, su mirada cargada de preocupación:
—No ignores cómo te sientes. Ese mareo y la palidez… no son normales.
—Estoy bien, Marcus… solo un día largo —respondió Iris, intentando disimular el malestar que empezaba a volverse constante.