La otra Montclair

Capitulo 8 - susurros y destinó trágico

El aire de la mañana se cuela por los ventanales de Industrias Blackwood, arrastrando consigo un frío húmedo que golpea los cristales y parece llegar hasta los huesos de Iris. Camina por los pasillos de la empresa con documentos en las manos, pero algo en el murmullo de los empleados la hace detenerse. Voces bajas y miradas que se cruzan con un brillo de curiosidad o de juicio, palabras apenas murmuradas:

—¿Viste a Blanca Aldara? Parece que finalmente es la prometida de Víctor.

—Iris estuvo con él… aunque nunca se reconoció nada.

—Ahora ya sabe cuál es su lugar.

El corazón se le acelera, y por un instante, todo a su alrededor parece ralentizarse. Saca el teléfono y ve los titulares: “Víctor Blackwood y Blanca Aldara sellan compromiso”. Las palabras la golpean, y no solo por el anuncio en sí, sino porque la noticia detalla a Blanca como la hija única de los Aldara, heredera de negocios que abarcan Europa y Sudamérica, propiedades, fortunas y poder, destinada a consolidar una alianza con los Blackwood. En la empresa, los susurros se multiplican, cada voz es un recordatorio de que la noticia ha corrido como fuego.

Mientras avanza, siente un mareo que la obliga a detenerse un momento y apoyar las manos sobre un escritorio. El dolor de cabeza, persistente durante días, ahora punza con fuerza detrás de los ojos. La fatiga la aplasta como un peso invisible. Toma aire profundamente, intentando no desmayarse en el lugar.

Por fin decide que no puede seguir ignorando los síntomas y va al médico. La clínica es silenciosa, blanca y ordenada, con un aire estéril que acentúa la seriedad del momento. Está sola nadie la acompaña, y eso hace que cada paso, cada latido y cada sonido del lugar le recuerde su vulnerabilidad en el momento

.

—Cuéntame exactamente qué has sentido —dice el doctor, revisando su historial mientras toma nota en su tableta.

Describe la fatiga constante, los mareos, los dolores de cabeza, los sangrados leves en encías y nariz, la palidez que no desaparece. Cada síntoma parece crecer en importancia mientras la enumera. El doctor asiente y solicita análisis de sangre completos, pruebas de médula ósea y estudios complementarios. Le pide que permanezca quieta mientras el personal realiza las extracciones y observa, con cada aguja y cada movimiento, cómo la tensión de su cuerpo se convierte en una mezcla de miedo y aceptación silenciosa.

Los resultados llegan. El doctor los revisa y finalmente la mira, con voz firme pero comprensiva:

—Iris… los exámenes muestran una leucemia aguda de rápida progresión. El pronóstico es grave: probablemente te queden entre uno y tres meses de vida como máximo.

El silencio invade la habitación. Su respiración se hace lenta, medida, mientras intenta procesar la noticia. No hay lágrimas inmediatas, solo un peso que la aplasta con calma. Y entonces surge la reflexión interna que ha evitado durante años: Montclair. La oportunidad que rechazo innumerables ocasiones, la oportunidad de aceptar su lugar, su nombre verdadero, su herencia y su posición. Si hubiera aceptado ser reconocida como Iris Montclair, estaria a la altura de Blanca, quizá incluso por encima, porque la familia Montclair tiene un poder y un alcance que rivaliza con el de los Blackwood y los Aldara, quizás incluso los supera.

Entonces visualiza lo que podría haber sido: un estatus que le permitiría caminar por los pasillos de la empresa sin murmullos ni susurros, respetada por todos, con voz propia, influyente y reconocida. Y ahora todo eso queda como un eco silencioso en su mente, un arrepentimiento sereno, una aceptación tranquila de lo que decidio por mucho tiempo y de lo que podría haber sido.

—Debí… —susurra apenas, para si misma—. Debí aceptarme. Debí ser reconocida…

El doctor asiente, comprendiendo sin palabras, mientras la deja unos minutos sola para procesar. Se recuesta en la camilla, los ojos cerrados, respirando lentamente y sintiendo cada fibra de su cuerpo, cada latido, cada recuerdo y cada decisión.

De regreso en Industrias Blackwood, la atmósfera es densa. Los rumores sobre su cercanía previa con Víctor y el compromiso de Blanca corren como un río subterráneo:

—Iris estuvo con Víctor… aunque nunca se reconoció.

—Ahora Blanca Aldara es oficialmente su prometida.

—Debe saber su lugar…

El murmullo la rodea, pero camina con la cabeza erguida. Su presencia, aunque delicada, sigue siendo firme. Víctor la observa desde su oficina, y cuando se acerca a entregar unos documentos, sus ojos se detienen en ella con preocupación contenida.

—Iris… ¿estás bien? —pregunta suavemente—. Te ves pálida

Asiente, intentando sonreír, pero él percibe que algo no está bien y desvía la mirada, volviendo a sus documentos, mezclando cuidado y distancia profesional.

Poco después, Blanca Aldara entra en la oficina de manera casual, sin padres ni formalidad, con un aire fresco y natural que contrasta con la tensión de los pasillos. Saluda a Víctor con un gesto elegante y se mueve con gracia mientras revisa documentos y detalles. Mientras Iris le pasa un papel, sus manos se rozan brevemente. Es un contacto mínimo, casi imperceptible, pero suficiente para que Iris sienta un escalofrío y note que Blanca la observa con discreción, evaluando la situación sin juicio, simplemente analizando la información que ya ha oído.
—Interesante… —murmura Blanca para sí, mientras ajusta un documento—. No sabía que la situación era tan delicada.



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En el texto hay: gemelas, protagonista misterioso

Editado: 22.03.2026

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