La otra Montclair

Capitulo 10 - Intrigas

El día comienza con la calma habitual en la empresa Blackwood, aunque Iris nota un leve hormigueo en el pecho.
Es un nuevo día, una nueva jornada… y aun así, siente que algo la espera.
Escucha el sonido de una notificación, es Isabella.

"Aidan pasará por ti al trabajo y te llevará a almorzar, no lo rechaces. Insistió desde ayer"

No rechaza el mensaje, y culmina sus deberes de la mañana con normalidad hasta la hora acordada.

Cuando sale por la puerta principal un auto negro, elegante pero discreto, se detiene en la entrada.
Del vehículo baja Aidan, su hermano, con la serenidad natural de alguien acostumbrado a mandar sin alzar la voz.

—Listo, hermanita —dice iluminándosele los ojos cuando la ve—. Vamos a comer.

Asiente. No quiere llamar la atención, pero alguien lo hace igual.

Blanca pasa cerca, fingiendo estar ocupada con su celular, pero mira de reojo.
No alcanza a ver bien el rostro de Aidan, pero sí nota que alguien elegante, importante, la está recogiendo.
Frunce ligeramente el ceño y sigue su camino.

Aidan la lleva a un restaurante muy bonito, cálido, reservado.
Un sitio donde el ambiente se siente caro sin necesidad de demostrarlo.
Se sientan y conversan de cosas livianas:
—¿Dormiste bien?
—No te ves muy bien, Iris.

La sonrisa de Iris es tenue, pero cálida. La única verdadera sonrisa que ha dado hoy.
Abren la carta, ven el menú y eligen un buen corte de carne.

Iris se siente segura en la conversación con su hermano, mientras que sin notarlo unas figuras conocidas se ubican en una de las mesas.

Es Víctor Blackwood junto a su amigo Marcus y la deslumbrante señorita Blanca, de tantos lugares habidos en la ciudad llegaron al mismo.
Blanca es la primera en notar la presencia de Iris y en cuanto reconoce al joven que está con ella , abre la boca sorprendida.

—¿Esa no es…? —susurra Marcus observando a Iris y su acompañante.

Marcos la mira sin interés, pero luego ve el rostro de Aidan y se tensa.

Víctor se queda helado.

Blanca termina la frase:
—Él es el heredero de los Montclair.
Y su mirada salta a Iris.

La asistente que en teoría no tiene conexiones.
La asistente que consiguió un collar que solo alguien muy poderoso podría obtener.
La asistente que ahora está sonriendo con un Montclair.
Las conclusiones equivocadas y el murmullo entre los tres es inevitable.

—Parece que la señorita Iris tiene muy buenas conexiones —dice Blanca, casi orgullosa de su deducción.

—Tiene sentido —añade Marcus—. Nadie normal tendría acceso a un Montclair… ni acceso a una pieza así.

Víctor aprieta la mandíbula.
Su mirada no se despega de Iris.
Pero lo que él ve no es la verdad. No ve a dos hermanos compartiendo una comida.
Ve cercanía.
Ve confianza.
Ve intimidad que no sabe explicar.
Y eso le molesta más de la cuenta.

Durante el almuerzo Aidan la hace reír. Su humor es ligero, familiar.
Nada delata el lazo real que los une pero desde la otra mesa, las cosas parecen completamente diferentes.

Víctor observa cada gesto, cada sonrisa y cada vez que Aidan le pasa el agua, cada vez que Iris toca su brazo por accidente.

Y algo en él se endurece.
Cuando terminan, Aidan insiste en acompañarla.

—No me gusta cómo estás hoy —dice con preocupación—. Te llevo a casa.

Aidan la deja afuera de tu edificio y antes de irse le da un abrazo corto, cálido, de hermano que se preocupa de verdad.

—Llámame si necesitas ayuda con algo.

Asiente, lo ve subirse a su auto y entra al edificio, en cuanto sale del ascensor ahí está, esa figura imponente esperándola con las manos en los bolsillos, el ceño fruncido… y una expresión que no sabes si es enojo, interés o algo más oscuro.

—¿Qué hacías comiendo con Aidan Montclair? —pregunta directo y sin rodeos.

Iris no responde.

Él da un paso adelante.
—¿Lo conoces hace tiempo?
—¿Tienes algo con él?
—¿Es por él que conseguiste el collar?

Su voz se quiebra en la última frase, pero no de tristeza: de orgullo herido.

—Víctor, no tengo por qué darte explicaciones.

—¡Sí debes dármelas! —exclama, conteniendo la voz—. Te di una orden. Y tú… tú regresaste con un collar imposible de obtener. Y hoy almuerzas con un Montclair. ¿Qué se supone que piense?

Lo mira, firme.

—Piensa lo que quieras. Pero vete de mi puerta.

—¿Te usó? —pregunta con una dureza que no le conocia—. ¿O tú lo usaste a él?

Ahí se rompe su paciencia.
—Lárgate, Víctor.

—No hasta que me digas qué tienes con él.

—Nada. Y aunque tuviera, no te incumbe.

—Claro que me incumbe —dice—, porque trabajas en mi empresa.

Iris siente el peso en sus hombros y respira hondo.
—Quiero renunciar.



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En el texto hay: gemelas, protagonista misterioso

Editado: 22.03.2026

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