La Pasión de mi jefe [saga Italianos #2]

Capítulo 19

— ¡Raúl!— mamá entró corriendo y se arrodilló frente a él — ¡Llama al médico León!

Rápidamente saqué el móvil y llamé al médico.

— ¿Qué pasó? — César levantó a papá y lo acostó en la cama — respira.

Mamá lloraba, pasé mi mano por mi cabello. Si papá moria seria mi culpa.

Cuándo el médico llegó y lo examinó, nos indicó que debia ir al hospital para tener monitoreado su corazón.

— ¿León? — Cesar me observa —debemos irnos al hospital.

Asiento y con un gran peso en mi alma sigo a mi familia.

Horas después.

— León — mamá se acerca ya más calmada y toma mi mano — no has hablado nada, tu mirada está perdida.

— ¿Papá está bien? — ella asiente.

— sólo fue un susto, pero el médico prefiere tenerlo aqui para estar pendiente de él.

— ¿Tú te quedarás está noche? — mamá asiente y se abraza a si misma.

— Me sentiré más tranquila acompañandolo.

Levantó mi brazo para mirar la hora en mi reloj de pulsera, ya era tarde. Habia dejado a Fiorella sola, en el hospital.

— ve a descansar León — mamá puso su mano en mi brazo y me sonrió para entrar en la habitación de papá.

Fiorella

¿Cómo te sientes? — el doctor se sento frente a mi y me sonrió.

— descansada — desvío la mirada hacia la puerta, León se habia ido por horas y no habia regresado, ni me habia llamado — ¿Me puedo ir?

— es tarde — miro su reloj de pulsera.

— llamaré a mi hermano que venga por mi — él se queda pensativo un momento pero luego niega.

— esperemos a León — se pone de pie — se pondrá furioso si te doy de alta sin él estar aqui.

— pero estoy bien y quiero estar en mi casa.

— lo lamento Fiorella, mi primo muchas veces actua como un cavernícola.

— pero mi hermano me cuidara...— las palabras mueren en mi boca al pensar que Salvatore se pondra cómo loco al saber que seré madre sin tener un novio, de hecho yo no salia de casa. Sólo cuándo me tocaba viajar con León a los hoteles.

— pediré tu cena, no has comido nada — abro la boca pero él levanta su mano — te negaste a cenar temprano por los mareos pero debes comer por mi sobrino — sonrie y se ve más guapo de lo que es — quién iba a decir que pronto tendría un sobrino.

— Cesar es padre — me mira sorprendido y se sienta — el bebé acaba de nacer, se llama Rafaello.

— increible, no he sabido nada de César después que se marchó de Florencia.

— regresó con su prometida, tuvieron un accidente y el bebé nació un mes antes — Renzo suspiró.

— no lo sabia — rasca su nuca — ¿Su prometida y el bebé están bien?

— si, gracias a Dios — él asintió y se puso de pie.

— iré a pedir que te envien la cena.

— gracias, su esposa debe estar esperándolo, todo el dia ha pasado aqui cuidandome — él sonreí con burla.

— no soy casado y nadie me espera — se acerca a mi y me observa desde su altura — Fiorella, debes cuidar a ese bebé, él puede ser una gran esperanza para León.

— no entiendo — sonríe y se encoge de hombros.

— no importa pero cuidate y al bebé. Me alegra saber que mis primos han decidido hacer su vida sin importar las mierdas que les han enseñado — suelta una carcajada — disculpa, olvide que eres mi paciente y me deje llevar, nos vemos luego.

Cuándo él se marchó me acomode de costado, revisé mi móvil y no tenía ningún mensaje de él, cerre los ojos un momento.

León

— supongo te has puesto triste por que sigo con vida — Papá me observa mientras avanzó hacia él.

— ¿Por qué dices eso? — papá sonríe con burla.

— por ti estoy aqui de nuevo — apreta su puño — supongo vienes a terminar lo que empezaste hace rato.

— no deseo tu muerte, eres mi padre.

— no lo parece — declara — tú y César han hecho todo lo posible para matarme.

— padre — él niega.

— ambos hicieron lo que sabian que podia terminar conmigo.

— no es eso, las cosas se dieron.

— César ya para mi era caso perdido pero tú eras mi esperanza, voy a morir lleno de tristeza al saber que mi hijo mayor, mi orgullo se casará con su secretaria y no con una igual.

Apretó la mandíbula.

— no morirás.

— lo estoy haciendo si no te das cuenta, mi corazón ya no resistirá otro ataque — niego pero él continua — preguntale al médico León, tú me estás matando.

Callé y la culpa por lo que habia pasado la tenia alojada dentro de mi corazón.

— casate — sonrió y niego.

— para que no sufras no me casare con Fiorella y con nadie más — apretó los puños — si no es ella, no será nadie más.

Papá frunce el ceño.

— te estoy diciendo que estoy muriendo que deseo verte casado.

— No morirás por que no tendrás disgustos — meto las manos en mis bolsillos — descansa papá.

— ¿Harás tu voluntad?

— descansa papá, no debes hablar mucho — me giré y salí de la habitación.

— León — mamá estaba junto a la puerta.

— debo irme — besé su mejilla y sali de ahi.

Cuándo subi al auto con furia di un golpe al volante, bien, papá estaba mal pero no permitiria que me obligará a casarme con quién él quisiera, si no era Fiorella, no sería nadie más.
 




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