Drystan
Mi corazón estaba dando tumbos al tiempo que me acercaba a su habitación. Cuando estaba más cerca vi a Freya salir de allí. Nada más verme caminó en mi dirección con rapidez.
—Frey… —intenté murmurar su nombre aunque, se quedó en el aire cuando la manager me giró el rostro de una bofetada. La miré con la cara ardiendo. Por todos los cielos, ¡qué mujer! Tenía la mano pesada.
—Te mereces un poco más que eso de hecho —masculló entre dientes la pelinegra.
Acaricié mi rostro dolorido viéndola. Estaba furiosa.
—Hola a ti también, Freya, y espero que sepas que tienes suerte de ser mi amiga, de lo contrario, está no te la dejaría pasar —murmuró.
Bufó mientras tiró de mí lejos.
—Me ha pedido que la deje sola porque quiere estar SOLA —enfatizó la última palabra—, así que no vayas a molestarla. Está muy alterada y nerviosa con todo esto, con tus métodos barbaros, su alteza.
Tragué.
—Te aseguraste de que comiera al menos, no había estado haciéndolo y estaba preocupado de que…
—Comió, no demasiado, pero lo hizo, también tomó sus medicamentos aunque, estuvo días sin tomarlos y eso no es bueno. Tiene una condición delicada.
Lo sabía.
—Haré venir un médico para que chequee sus niveles de azúcar.
Freya suspiró y asintió de acuerdo.
—¿Al menos tienes algo? —preguntó.
Masajeé mi sien, estaba cansado ya que llevaba varios días sin dormir y no tenía nada que ver con la gran carga de responsabilidad.
—Tengo a personas competentes a cargo del caso, pero todavía no tienen nada, porque no es que tengamos mucho material que nos lleve a ese desgraciado.
—Ya, bueno, pero Drystan, sabes que Darya no es una fulana cualquiera, es una artista. Tiene muchos compromisos, ya falló a algunos estos días y no puede seguir fallando o le lloverán tantas demandas por incumplimiento de contratos que ni toda su fortuna le será suficiente para cumplir con todas, para empezar, tiene una presentación dentro de cinco días en Paraguay, ¿qué piensas hacer? ¿Harás que se arruine su carrera?
No, no deseaba eso, más que nada porque si algo como sucedía, Darya tendría muchos más motivos para odiarme y ya no quería lidiar con más odio de su parte.
—Cumplirá con todos sus compromisos.
—¿Quiere eso decir que dejaras de mantenerla cautiva en este sitio?
Negué.
—No, hasta que la sienta segura no puedo dejarla ir a ninguna parte. Cumplirá con todos sus compromisos si así ella lo desea, pero no dejará de ser vigilada por hombres competentes —recalco—, y por mí, por supuesto.
Freya me vio enarcando una ceja.
—¿Estás seguro que todo esto no es una excusa para estar cerca de ella? Los dos sabemos cómo te sientes al respecto de ella, su majestad.
Acaricié mi nuca y puse una mueca triste.
—Estar cerca de Darya sabiendo cuánto me odia, no supone ningún placer, Freya. —Guardé las manos en los bolsillos de mis pantalones—. Tendrías que estar en mi lugar para entenderme, así que no, tenerla aquí solo me permite mantenerla segura y nada más que eso importa.
***
—Hola, perdido —al entrar en mi aposento me sorprendí al encontrar allí a Jasmine. Estaba sentada sobre mi cama.
Entré, dándole una sonrisa un poco tensa, pues no comprendía que hacia allí. Sabía que estaba en Palacio, es lo que me informó mi madre antes de que saliera de viaje, más bien me pregunté qué hacía exactamente en mi habitación.
—Hola, Jasmine, ¿Qué estás…?
—No creas que llevo aquí mucho rato, te vi antes de que te desviaras hacia otra aposento y preferí esperarte en tu habitación —explicó habiéndome interrumpido—. ¿Te ha molestado?
Negué, porque lo cierto es que no, solo me sorprendió, nada más.
—¿Cómo estás?
Correspondí a su abrazo cuando Jasmine se acercó y me abrazó.
—He estado bien, pero me supo un poco raro que no me escribieras ni me hablaras, ¿creí que éramos amigos? —Me vio con una ceja enarcada. Riendo me liberé de la chaqueta del traje, acto seguido aflojé mi corbata que quité y arrojé en cualquier parte.
—Claro que somos amigos, Jasmine, lo siento, he estado muy ocupado y agobiado con todo esto. Ser Rey lleva consigo muchos compromisos.
—Lo sé, lo sé, pero aun así, me hubiera gustado que sacaras aunque sea unos pocos segundos para escribirme, Drystan —hizo pucheros, lo que me sacó una sonrisa.
—Lo siento de nuevo.
—¿Y cómo te sientes? ¿Me refiero a cómo te sientes después de la muerte de tu padre? —liberé un bufido al tiempo que me acerqué para servirme un poco de agua que después tomé.
—Nunca fue exactamente el gran padre, así que… —hice una pequeña pausa—. Ni siquiera sé cómo me siento al respecto. Deseo que este descansando bien, supongo.
—Bien —soltó una risita—. Espero que no te moleste que este aquí, tu madre me ha invitado y no he dudado en decir que sí, porque lo cierto es que me gusta estar en este lugar, y además, me juré a mí misma que tendría que ganarte con las flechas.