La patología del querer

Anamnesis de un corazon Roto

En el vasto universo de la existencia, donde los latidos se entrelazan como constelaciones errantes, ahí se forja el amor, materia primordial de la vida, y a la vez, su amarga medicina.

Cuando los ojos se encuentran, un instante se vuelve eternidad, un susurro en el viento, un roce de piel que se siente como plomo incandescente, como el primer sol del alba, como un bálsamo y un veneno, todo al mismo tiempo.

Las promesas flotan en el aire, danzan en el silencio, y cada palabra susurrada es una herida que se abre, una sutura que se desgarra cuando el eco del amor se desvanece en el abismo del dolor.

Y en el rincón del corazón, donde la esperanza solía reinar, ahora se asienta el caos, un laberinto de ausencias, una tormenta de suspiros, donde la tristeza se derrama como sangre reciente sobre la tierra, manchando los recuerdos felices que un día florecieron.

Oh, el amor, esa medicina amarga que alivia, pero también hiere con su cuchillo de luz, las sonrisas, los besos, se convierten en ecos lejanos, y el dulzor de la vida se torna en un grito ahogado, en un lamento que resuena en cada rincón del alma.

Los corazones rotos son monumentos de lo que fue, de lo que pudo ser, y entre los fragmentos de confianza, las esperanzas se desvanecen como sombras al caer la noche; El dolor se convierte en compañero, en un susurro constante, una lluvia que nunca cesa, una herida que no cicatriza, mientras la vida sigue su curso en un vaivén de risas y lágrimas.

Y así, con cada latido, la sangre fluye, cargando historias de amor, de encuentros y despedidas, de abrazos que se transforman en un eco helado, la medicina se convierte en veneno, y el amor, en la más dulce tortura.

Pero en medio de la oscuridad, surge la esperanza, un rayo de luz que atraviesa la niebla, como un nuevo amanecer que promete sanar las heridas, que susurra que, aunque el corazón esté roto, siempre habrá espacio para volver a amar, para encontrar belleza en el dolor, y para recordar que, incluso en la fragilidad, somos seres de amor, somos de sangre que confiesa que el amor, con todas sus cicatrices, es un viaje sin final.




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