“Las peores guerras no dejan cicatrices en la piel, sino en el alma.”
Hay luchas que nadie ve.
Batallas silenciosas,
peleadas en la mente,
mientras por fuera todo parece normal.
Son guerras internas
que se libran sin soldados ni armas,
pero que pueden derribar imperios dentro de una persona.
A veces la batalla invisible es levantarte de la cama,
mirarte al espejo sin odiarte,
sonreír en público cuando por dentro te quiebras,
hacer como que todo está bien
cuando la tormenta arrasa contigo.
Nadie ve los pensamientos que te consumen,
la ansiedad que te corta el aire,
la tristeza que se cuela como sombra en cada paso.
El mundo juzga lo que puede ver:
las notas, las apariencias, las acciones.
Pero no ve lo que cuesta:
el esfuerzo,
los miedos,
los días donde tu corazón está cansado de latir.
Y aún así, luchas.
Cada día.
Sin aplausos.
Sin medallas.
Sin testigos.
Eres tu propio ejército.
Eres tu propia defensa.
Eres quien cae… y quien se levanta.
He comprendido que las batallas invisibles
forjan a las almas más fuertes.
Aquellas que aunque tiemblen,
siguen caminando.
Aquellas que aunque duelan,
siguen amando.
Aquellas que aunque sangren,
siguen creyendo.
Así que si hoy estás librando una guerra interna…
si hoy el mundo te pesa más de lo normal…
solo recuerda esto:
No hay valiente más grande
que quien pelea sin que nadie lo note.
Tu batalla no te hace débil.
Te hace humana.
Te hace real.
Te hace poderosa.