La Penumbra Del Sol

Alba

El sol se alza en su punto más cálido, las personas caminan sin cesar; las voces del mercado son inentendibles y una pequeña fila de hormigas parece marchar hacia un hormiguero enemigo. Una voz vieja parece estar diciendo un nombre:

—Zulia… Zulia… ¡Zulia! —La chica mira a la mujer mayor con los ojos bien abiertos y pronunció:

—Dígame señora Marta. —La mujer arrastra un costal con algo de esfuerzo y le dice:

—Llévele estas papas a la señorita Gloria, ahí por el traslado te doy 1,300 pesitos. —Zulia la miro por unos segundos y dice:

—Lo hago por 2,000 pesos. —La mujer arqueó una ceja y sonrió un poco:

—1,400 pesitos, doña Gloria no vive lejos. —Zulia se estiró un poco llevando sus brazos hacia arriba y dijo:

—1,500 y no bajo de ahí. —La mujer la vio por unos segundos con detenimiento y dice:

—Listo, llévate el costal. —Limpia su mano llena de tierra en su bata, mete las manos en el bolsillo y saca tres monedas de 500 y se las pasa a Zulia. Ella agarra el costal y lo lleva en su espalda, el sol es abrasador, el calor sofoca y en su mente resuenan unas palabras “Solo un poco más” Las personas siguen su rumbo, el camino es duro el costal no pesa poco y el asfalto bajo sus pies es tan caliente como el infierno.

Se para a descansar en el inicio del parque y su mirada se posa unos segundos donde dice “Parque La Libertad” y ella decide caminar por uno de esos verdes pasillos del parque, en el centro está un hombre, en los alrededores una gran cantidad de personas que parecen atentas a lo que dirá; el silencio es perpetuo hasta que ese hombre al fin alza la voz:

—Buenas tardes ciudadanos de Pereira. —El hombre se mueve de un lado al otro, juguetea con la cutícula de sus dedos y luego retoma la palabra:

—Nos han informado que el bastión de Santiago de Chile ha caído a manos de la iglesia de la Penumbra, hace apenas unas cuantas horas. —Ella ve desde lejos la cara de preocupación de los ciudadanos pero ella sigue avanzando, en el camino ella murmura algunos de sus pensamientos:

—¿Doña Gloria estará mejor? Hace mucho que no mejora. —Ella continúa caminando, la iglesia está en su última etapa de construcción, solo falta por terminar el techo y la cruz que se alza. Tras caminar por unos cuantos minutos llega a una casa despintada, de dos pisos y con una puerta metálica; ella se acerca y toca la puerta tres veces de manera rítmica.

Tras unos segundos una mujer abre la puerta, está encorvada y su mirada parece perdida, Zulia suspira y habla:

—Señora Gloria, aquí doña Marta le entrega este costal de papas. —Ella baja el costal de su hombro y lo coloca en el suelo. —Tras un silencio enorme Gloria con su mirada perdida empieza a temblar y a mecer su cabeza de un lado a otro en ese momento Zulia grita:

¡Doña Gloria, qué le pasa! —El cuerpo de la mujer empieza a caer hacia un lado y Zulia intenta agarrarla y llevarla más adentro de la casa, pero está rígida como tabla y fría. Los pensamiento la invaden de manera frenética “Se me muere doña Gloria” “No se que hacer, ella pesa mucho” La mujer empieza a salivar a moverse de manera más frenética y ella vuelve a gritar:

—¡Don Francisco, ayuda… Ayuda!

En ese momento un hombre llega, agarra a la mujer por detrás y la carga hasta el sofá con dificultad la mujer sigue moviéndose, él la acuesta de lado y ella empieza a expulsar el vómito. Él hombre dice:

—Eso mamá, bote esa flema. —Tras unos segundos la mujer se sienta en el sofá y se queda viendo un punto fijo; el hombre se acerca y pregunta:

—¿Usted es la hija de doña Marta? —Zulia niega con la cabeza y responde:

—Yo soy la empleada de doña Marta. —Él asiente y dice:

—Muchas gracias por el costal, llevele estos 2,000 y dígale a Marta que Dios me la bendiga. —Ella asiente varias veces con una sonrisa y pregunta:

—¿Doña Gloria, estará bien? —El hombre suspira y toca su pelo algo canoso y le explica:

—Por el momento estará bien, esas convulsiones son normales pero ha empeorado mucho desde que mi papá murió. Inhalo mucho gas y ahora la epilepsia le ha desmejorado todo y sumando la demencia peor y encima como no hay medicamentos toca esperar. —Zulia asiente y se despide murmurando un “Que se mejore; chao” ella sacude su mano en despedida y el hombre se despide diciendo:

—Váyase con cuidado y que no la coja la noche, porque usted sabe que los monstruos lo atacan a uno y Dios no quiera, usted se encuentre con alguno de los monstruos que esquivaron los faroles. Chao. —Ella voltea un momento y dice:

—Tendré cuidado con las sombras, gracias por preocuparse por mí. —Ella se aleja caminando y vuelve a llegar al parque, ahí algunas mujeres se encuentran haciendo gelatina de pata; moviendo esos brazos con gran fuerza, el olor a café inunda sus fosas nasales; ya estaban preparando el café que acababa de llegar.

Ella mira a sus alrededores, el sol ya estaba pasando así que suspira con gran fuerza y trota a gran velocidad hacia la tienda de Marta, ahí ella le está dando una libra de frijol verde a un niño y este le deja unas monedas, al acercarse, Marta le dice:

—¿Cómo le fue con el costal, doña Gloria está bien? —Ella le entrega los 2,000 y dice:

—Doña Gloria está mal, sus episodios según don Francisco están empeorando muchísimo y justo cuando fui ella empezó a convulsionar. —La mujer abre los ojos con asombro momentáneo, habla tras unos segundos:

—Pobre doña Gloria, hace poco le toca huir de Salento debido a un coloso que apareció y cuando lo derribaron ella se intoxico con el gas del monstruo y ahora parece que cada vez le va peor y peor… —Es interrumpida por la llegada de dos hombres a la casa de al lado y un hombre les grita:

—¡Aléjense de mí, herejes! —Es agarrado por los dos hombres y él comienza a tirar patadas, el hombre continúa gritando:

—¡Las sombras los devoraran por herejes, malditas ratas; sueltenme! —Sus gritos dejan de escucharse tras unos metros y Zulia pregunta:




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