La Penumbra Del Sol

Mañana

El ambiente de la cena se vuelve tenso, después de que Zulia pronunció esas palabras, Marta piensa por unos segundos y dice:

—¿Supongo que le pagarás a un comerciante para que te lleve? —Zulia la mira y asiente con su boca llena de maíz y tras unos segundos de largo silencio la mirada de Zulia se posa en una sombra humanoide en el pasillo; sus ojos se abren de par en par, suelta la cuchara y su mente la ataca con distintos pensamientos “¿Cómo llegó aquí?, sus ojos no brillan” Zulia está pálida, sus pupilas tiemblan. Marta la mira con detenimiento y voltea su cabeza rápidamente ella dice:

—¡Elizabeth! te dije que te quedes en cama. —Ella se levanta y va hacia ella; agarra suavemente la mano de la silueta y la lleva a la habitación. La mente de Zulia comienza a calmarse “La hija de doña Marta, no la había visto levantada de la cama” ella se lleva la mano al pecho y su corazón parece a punto de explotar.

En ese instante la radio vuelve a sonar:

—Esta noche esta perfecta para salir a acampar, ninguna sombra peligrosa a la vista y la luna brilla intensamente… —Zulia termina de comer en silencio y tras unas horas de escuchar la radio camina hacia el pasillo y se encuentra directamente en la habitación de Elizabeth; la luz de la luna abraza la cama y envuelve el cuerpo de Marta y tras un silencio abrumador Marta al fin pronuncia unas palabras:

—Mi hija… Elizabeth, ella sufre de desmayos y es incapaz de mantener conversaciones… Tras la caída del gobierno los medicamentos dejaron de llegar y yo… Nosotras dejamos de esperar una salvación y la mantengo aquí. —Los ojos de Marta se llenan de lágrimas, Zulia aprieta su mano con dolor y dice:

—No soy experta en esos temas pero mi madre siempre me decía “La mejor forma de recordar a alguien es en sus mejores momentos” —Marta acaricia la frente de Elizabeth de una manera casi sepulcral y contesta:

—Tu madre tiene razón pero el amor de una madre debe ser infalible a cualquier situación. No debo abandonar a mi hermosa hija y me quedaré con ella hasta que fallezcamos las dos. —La mirada de Marta se posa en la cara triste y serena de Zulia. En ese momento ella le murmura “deberías irte a dormir”.

Zulia la mira por unos segundos, la luz de la luna se filtra a través de sus pestañas y ella asiente en un silencio incómodo y muerto. Ella se aleja de la puerta y se adentra en la oscuridad del pasillo. Una pequeña habitación en la que la luz de la luna no se filtra y se acuesta en un pequeño colchón pegado al suelo donde el polvo florece y al cerrar los ojos el sol sale y los pájaros cantan.

La luz solar se filtra por el pasillo, iluminando las habitaciones un bello tatareo se escucha en la cocina, el olor a café recién hecho baila junto al bello sonido del canto de una mujer. Zulia se levanta lentamente de esa cama improvisada y camina hasta la cocina, donde Marta esta cortando platanos, las moscas revolotean por la cocina y Zulia de manera lenta pronuncia un:

—Buenos días, doña Marta. —Marta da un brinco y dice:

—Me asustaste, Zulia. —Se lleva una mano al pecho y se ríe por un momento, Zulia la ve por un momento una pequeña sonrisa se forma en su rostro y dice:

—Hoy iré a buscar quien me pueda llevar al Darién. —Marta la mira por unos segundos con su ceja alzada y responde:

—Oh, ¿tan rápido?, pensé que te quedarías más tiempo aquí. —Ella se ríe por unos segundos y dice:

—También pensaba que demoraría más en irme pero parece que la vida me sonríe, tengo el suficiente dinero para pagar el viaje. —Marta sigue cortando el plátano y propone:

—Deberías ir a la frontera, los comerciantes se mantienen en esas zonas. El río Otún es la frontera recuerdalo; no pases de ahí sola. —Zulia sonríe un poco, murmura un “gracias” y Marta se ríe un poco y dice:

—Ve antes de que se vayan. —Zulia sale corriendo del edificio y grita “adiós”. Va corriendo por el camino, las casas mientras más se acerca a la frontera más desgastadas están; unos pilares de piedra se ven a la distancia, en su copa unos enormes faros buscadores apagados; en la distancia se ve un pequeño grupo de caravanas con caballos.

Un hombre algo mayor sale detrás de una caravana, cargando un enorme saco de café. Zulia se acerca un poco y le dice al señor:

—Buenos días, señor… —El hombre la mira con una ceja levantada y lanza el saco de café en la caravana:

—Buenos días… —El hombre la mira de arriba a abajo, posando su mirada en el pelo liso y corto de Zulia. El dice:

—¿Qué necesitas, niña? —Zulia arquea una ceja, posa sus manos en sus caderas y contesta:

—Vengo a pagar un viaje… —El hombre refunfuña:

—¿Hacia dónde? —Ella suspira y contesta con seguridad:

—Voy hacia el Darién, tengo que… —El hombre la interrumpe de manera agresiva:

—No me interesan tus problemas, son quinientos mil pesos el viaje. —Zulia abre los ojos de par en par, balbucea algo impactada:

—¡Quinientos mil pesos! Eso es demasiado caro, ¿no podrías hacerme un descuento? —El hombre vuelve a interrumpir con fuerza:

—No le daré un descuento, si no tienes dinero deberías irte. —El hombre se voltea y sigue organizando unas cosas en la caravana y refunfuña de manera fuerte:

—Estos adolescentes fracasados. —Zulia lo mira con desagrado y murmura “qué hombre desagradable” El hombre se voltea rápidamente y grita:

—¡Quien te crees que eres, deberías respetar a tus mayores! —Ella aprieta sus brazos con fuerza, sus dientes crujen y ella dice:

—Usted no da el ejemplo de cómo ser respetable. —El hombre arruga su cara y levanta su mano y la lanza contra ella…

Es agarrada en el aire por un hombre algo joven que dice:

—Buenos días a los dos… —El hombre mayor baja la mano y balbucea:

—Buenos… Buenos días, Alexander. —Alexander suelta la mano del hombre y este se aleja rápidamente hacia la parte delantera de la caravana y el joven le habla a Zulia:

—Soy Alexander, no pude evitar escuchar la conversación y te tengo una propuesta. —Zulia mira alejarse al hombre y dirige su mirada al hombre delante de ella, cabello castaño oscuro, chaqueta y unas botas. Zulia lo vio y pensó “Está bastante arreglado” después de un segundo de pensar ella habla:




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