La Perla Ii: Por libertad

Capítulo 59

La esperó. Sabía que ese era el fin, y aún así la esperó. Joseph pensó si quizá era mejor mandar a que preparen su equipaje para ahorrarle otra molestia, porque sabía que Jen igual lo iba a hacer. Que iba a regresar a casa solo para decirle sus verdades, tomar sus cosas y las de su hijo, decirle que no quería volver a verlo y luego evitarlo hasta que llegue el momento del divorcio. A esas alturas Jennifer debía de saber la verdad sobre la paternidad de Santos, entre otras cosas. Hace mucho que la había perdido, y esa era solo la estocada final. La ilusión de su familia se había acabado, y siendo sincero consigo mismo, duró más de lo que esperó.

No los merecía, a ninguno de los dos. Ni a Jennifer ni a Julius. Se acostumbró a coger las cosas que deseaba a cualquier precio, pero el amor y la felicidad no son objetos que se puedan comprar, mucho menos forzar. Recordó la vez que enfrentó a Orlando cuando supo que había regresado al pueblo, cuando fue a la hacienda y le hizo frente pidiéndole que se aleje. Él se lo dijo, y tuvo razón. Había gozado mucho tiempo de algo que no era suyo, pero eso se había acabado. Así que solo se quedó a esperar a escuchar las palabras finales. Ya ni luchar quería.

Un día entero pasó hasta que al fin le avisaron que Jennifer y Julius iban camino a casa. Los vio llegar, y lo único que le dio alegría fue ver la sonrisa del niño. Julius corrió hacia él, fue directo a sus brazos, quería que lo cargue y hasta jugar un rato. Jennifer lo miró sin decir nada. El asunto que tenían era entre los dos y no quería que Julius saliera lastimado.

Pasó un momento a solas con Julius, Jen solo los vigilaba de lejos y no podía escuchar nada de lo que hablaban. El niño le contó lo asustado que estuvo cuando Charice y Steve lo capturaron, que lloró mucho, y que todos los días deseó que él vaya a rescatarlo. Porque para Julius, él era su héroe. Sentía algo extraño cuando estaba al lado de ese niño y miraba a sus ojos llenos de amor e ilusión. Julius era el único que lo quería de verdad en el mundo. Sin rencores, sin sentirse obligado, con inocencia y admiración. Pero él no era su hijo, él se encargó de enviar a la muerte a su verdadero padre. Ahora Julius lo quería, pero llegaría el día en que él sabría toda la historia completa y también iba a odiarlo. Primero lo hizo con Jennifer, y luego con Julius. Solo le hacía daño a todo lo que amaba.

—Papá, ¿puedo preguntarte algo? —le dijo el niño. Jennifer los seguía observando, y él podía adivinar lo que iba a decirle.

—Claro, pequeño. ¿Qué pasa?

—Mamá dice que tengo dos papás —empezó a decir con timidez—. ¿Es verdad?— Eso era lo que habían acordado. Ahora a él le tocaba cumplir su parte.

—Si —contestó aparentando tranquilidad—. Es cierto.

—Orlando es mi otro papá —él asintió. Julius parecía muy confundido—. ¿Por qué tengo dos papás? No entiendo.

—¿Qué te explicó mamá?

—Que él es el padre que me engendró y tú el que me crio, ¿es verdad?

—Si —dijo, era lo que habían quedado decirle—. Entiendo que estés confundido, no muchos niños tienen dos padres.

—¿Por qué yo?

—Porque eres un niño especial —le dijo con cariño y acarició sus cabellos—. Te queremos tanto que necesitas dos padres, uno solo no basta. No es malo, Julius.

—¿Y no estás molesto de que mi otro papá haya venido?— Qué pregunta más incómoda. Odiaba a Blanchard, sabía que desde que él regresó a La Perla todo se fue al demonio. No quería compartir el afecto del niño con él, pero tenía que hacerlo. Así habían quedado.

—No, así son las cosas y hay que aceptarlas.

—Pero una vez me dijiste que Orlando se quería llevar a mi mamá...—lo recordaba bien. Le dijo aquello para evitar que ese hombre los separe, cosa que al final no pudo evitar. En realidad, no fue Orlando quien los separó. Fueron él y sus mentiras.

—Bueno, él siempre quiso mucho a tu madre, casi tanto como yo.

—¿Y se va a robar a mi mamá?

—No, Julius. Nadie se va a llevar a tu mamá. Ella no se deja robar por nadie, ¿sabes? Es una Deschain. Los Deschain no se dejan mandar, mucho menos robar.

—¿Yo también soy un Deschain?

—Si, mi niño. Tienes algo de Deschain como tu madre. Y cuando seas grande seguro te parecerás mucho a tu tío Robert.

—Pero yo quiero ser como tú, papi —se le hizo un nudo en la garganta. Solo sonrió y le dio un beso en la frente, porque su corazón latió emocionado al escuchar aquello. Pero también deseó que Julius no sea como él jamás.

Volvieron a casa. Julius almorzó con ambos, Jennifer se la pasó muy silenciosa. Lo miraba de reojo, Joseph sabía que tenían que hablar, así que decidió que era mejor salir de casa para hacerlo. No quería que Julius escuchara esa discusión final. A él se le ocurrió, y Jennifer solo le siguió el juego. Le dijeron a Julius que tenían que hablar de negocios, que regresaban luego y que cenarían juntos. Para el niño, todo eso era como volver a la normalidad y se veía más tranquilo. Estaba en casa con sus padres, jugaba con ellos, papá y mamá iban a hablar de trabajo. Una rutina a la que él estaba acostumbrado y le daba calma.

Luego de despedirse del niño, Jennifer y él fueron caminando hasta la pequeña escuela donde estudiaban los hijos de los trabajadores de la hacienda. A esa ahora no había nadie en aquel lugar, así que era perfecto para hablar del tema. Ahí nadie iba a escuchar lo que iban a decirse. Cuando Joseph se aseguró de cerrar la puerta y giró a ver a Jennifer, ella ya lo miraba fijo. Tenía los brazos cruzados y parecía contenerse muy bien.




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