Vera
La noche termina demasiado pronto. Estamos frente al hotel y ninguno de los dos parece tener ganas de despedirse. Me quedo unos segundos mirando la entrada, como si retrasar el momento de cruzarla pudiera hacer que la noche durara un poco más.
—Gracias por hoy.
—Gracias a ti.
—Me lo he pasado bien.
—Yo también.
Silencio.
No sé qué hacer.
Doy un pequeño paso hacia la entrada.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Vera.
Doy otro paso.
Entonces escucho su voz.
—Vera.
Me giro.
Alessandro está frente a mí. No dice nada; simplemente me mira, y hay algo en sus ojos que hace que el corazón empiece a latirme más rápido. Se acerca despacio, dándome tiempo para apartarme, pero no lo hago. Su mano roza mi mejilla y, durante un instante, todo parece quedarse en silencio. Entonces se inclina hacia mí y me besa.
Es un beso breve y suave. No se parece a nada de lo que había imaginado porque no lo había imaginado con él.
Cuando se separa, ninguno dice nada.
Empiezo a reírme.
—¿Qué?
—Nada.
—Te estás riendo.
—Es que no sé qué decir.
Él sonríe.
—Eso es nuevo.
—Cállate.
Se ríe.
—¿Te arrepientes?
Niego con la cabeza.
—No.
—Bien.
Me vuelve a besar.
Esta vez el beso dura unos segundos más. Cuando se separa, apoyo la frente contra la suya y me quedo así, sin querer romper todavía ese instante.
—Esto complica las cosas.
—¿Por qué?
—Porque ahora voy a querer volver a verte.
Sonríe.
—Ese era el plan.
Lo miro.
—¿Desde cuándo?
—Desde que me diste tu número.
Me río.
—Eres imposible.
—Y aun así me has besado.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Me alejo hacia la entrada y, antes de entrar, me giro. Él sigue allí, mirándome con una sonrisa que hace que vuelva a sonreír sin poder evitarlo. Entonces comprendo que algo ha cambiado entre nosotros. Todavía no sé qué nombre tiene ni qué significa para los dos, pero hay algo que sí sé: quiero volver a verlo.