La piel que habito

Dos errores

Alessandro

No tengo forma de saber lo que Vera ha pensado. Durante los días siguientes noto que algo cambia otra vez, solo que ahora es ella quien empieza a tomar distancia. Sus mensajes desaparecen poco a poco, las llamadas dejan de llegar y las conversaciones que antes podían durar horas se reducen a unas pocas palabras. Sé que, en cierta manera, esto es consecuencia de lo que yo mismo he provocado. Fui yo quien empezó a alejarse, quien decidió responder con frialdad y poner distancia entre nosotros, pero descubrir que ahora es ella quien ya no intenta acercarse me provoca una sensación que no esperaba.

Una parte de mí debería sentirse aliviado. Después de todo, era precisamente lo que estaba intentando conseguir: espacio para no tener que enfrentar lo que sentía. Pero la realidad es que no quiero que Vera se aleje. No quiero dejar de saber cómo está, qué está haciendo o cómo ha sido su día. Estoy dividido entre el orgullo y las ganas de llamarla, sin saber cuál de los dos debería escuchar.

Al final decido escribirle. Quizá después de haber sido yo quien tomó distancia, sea demasiado tarde para volver a acercarme como si nada hubiera ocurrido, pero necesito saber cómo está.

Alessandro: ¿Cómo estás?

Tardo unos segundos en recibir su respuesta.

Vera: Bien.

La miro y algo dentro de mí me dice que esa palabra no significa lo que parece.

Alessandro: ¿Seguro?

Esta vez tarda un poco más.

Vera: Sí.

Sé que no es verdad.

Pero tampoco sé cómo preguntarle qué ocurre sin tener que reconocer primero todo aquello que llevo días evitando.

Intento concentrarme en el trabajo mientras espero a que llegue mi padre. Tengo varios documentos pendientes por revisar, y como sé que no podré hacerlo mientras esté con mi padre, así que, aprovecho justo ahora para adelantar trabajo.

Estoy concentrado en unas anotaciones cuando escucho que alguien me saluda desde el otro lado del restaurante. Levanto la vista y reconozco inmediatamente a Clara, la amiga de Vera. Nos hemos encontrado por casualidad y, después de saludarnos, termina sentándose unos minutos conmigo mientras esperamos a que lleguen nuestras respectivas compañías. Hablamos de cosas sin importancia, del trabajo, del viaje y de lo rápido que pasan los días, hasta que, sin darle demasiada importancia, menciona su nombre.

—Por cierto, ¿has visto a Vera?

Me quedo quieto.

—¿A Vera?

Clara asiente, completamente ajena a lo que acaba de provocar en mí.

—Sí. Pensé que quizá habíais hablado.

La observo durante unos segundos antes de responder.

—¿Por qué?

Ella frunce ligeramente el ceño.

—Porque está un poco rara desde que volvimos del viaje.

Siento que algo cambia dentro de mí.

—¿Del viaje?

—Sí. Estuvimos fuera unos días por mi trabajo.

Intento mantener la calma, aunque una sensación incómoda empieza a recorrerme el cuerpo.

—¿Con quién fuisteis?

Clara me mira como si la pregunta fuera extraña.

—Vera y yo. Y nos encontramos con mi hermano allí.

Mi expresión cambia antes de que pueda evitarlo.

—¿Tu hermano?

—Sí. ¿Por qué?

No respondo inmediatamente. De repente vuelvo a aquella calle. A Vera riéndose. Al hombre abrazándola. A la mano sobre su hombro. A todo lo que creí haber entendido sin preguntar absolutamente nada.

Clara continúa hablando, sin darse cuenta todavía de lo que está pasando.

—Hacía muchísimo que no coincidíamos los tres. Ya sabes cómo son ellos dos cuando se ponen a recordar historias de cuando eran adolescentes. Parecen hermanos.

La miro fijamente.

—¿Tu hermano?

—Sí —responde, riéndose—. ¿No te había hablado de él?

Niego lentamente con la cabeza.

—No.

Clara me observa unos segundos y entonces parece recordar algo.

—Espera. ¿Tú estuviste allí?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Hace unos cuantos días. Tenía una reunión relacionada con el proyecto. No sabía que Vera estaba en la ciudad.

Clara abre los ojos ligeramente.

—Pues ella tampoco sabía que tú estabas allí.

—Ya.

Me quedo callado.

—La vi —añado finalmente—. A ella, a ti y a tu hermano.

Clara asiente.

—Estaba muy contenta de encontrarse con él. Hacía muchísimo que no lo veía.

No sé qué decir.




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