Porque estoy ahí, pensando inconscientemente que ella pasará por esa puerta y que unos pequeños pasos detrás se escucharán. Sé que no sucederá, pero siempre espero algo banal. Es agotador, pero una parte de mí no quiere dejarlos ir, inmerso en situaciones que no pasan, en recuerdos confusos perdidos en mi ser.
Un sonido me despiertade un trance acogedor. El vibrar de mi celular cada vez se hace mas fuerte; veo el nombre y no dudo en responder.
—Daniel, ¿qué se te ofrece?, ¿ocurre algo?—puedo escuchar la respiración al otro lado del teléfono—¿Daniel?...
Segundos adormecedores pasan hasta que al fin recibo una respuesta.
—Sí, hola… siento no responder rápido cuando soy yo el que te marcó… —otros segundos pasan, como si las palabras se le quedaran en la garganta al querer hablar— Sé que te has tomado un tiempo, pero te ocupo, Norman. Una mujer de 21 años desapareció; su madre está inmersa en la tristeza. Sabes lo que pasa: los agentes no quieren tomar el caso por ser mayor de edad, pero sé que algo le pasó. En serio, ocupo tu ayuda.
Respiro hondo. La llamada parece detenerse unos minutos; mis pensamientos están desorganizados, pero es hora.Ya ha pasado un año y medio desde lo sucedido, tengo que empezar otra vez. No puedo estar sumergido en la depresión toda mi vida.
—Estaré contigo en cuanto pueda hacer mis maletas…
Solo un gracias sale del otro lado de la llamada.
No es un viaje largo; mi cabaña está a sólo treinta minutos de la ciudad B. El recorrido me ayuda a organizar mis pensamientos. He acordado con Daniel que nos veremos en la casa de la desaparecida;su madre nos estará esperando ahí. Ya me ha explicado lo sucedido:una joven no ha regresado a casa desde hace una semana y la madre está preocupada. Algo bastante común en personas de su edad, pero no hará daño investigar un poco; igual ocupo un caso pequeño para reincorporarme al puesto de detective privado.
Me aparco en una casa bastante lujosa; el carro de Daniel ya se encuentra ahí. Me acerco a la puerta y toco el timbre. Unos segundos después, una mujer con rasgos caucásicos y una compostura recta abre la puerta; supongo que es la madre. Solo le falta la descripción de “inmersa en la tristeza”, pues no la tiene. Me da el pase a la casa y solo asiento.
Cuando entro, veo a dos personas: una es Daniel y la otra es un joven, igualmente con rasgos caucásicos, adolescente. Supongo que es el hermano. Él parece derrotado; las lágrimas no paran de salir. Daniel lo está consolando. Me siento mal por tal escena.
No puedo evitar recordar.
Mi cuerpo tiembla.
—Norman, llegaste —Daniel me mira tan seguro de mí que, de alguna manera, me siento presionado—Él es uno de los detectives del caso; nos ayudará a encontrar a su hija, Sra. Smith.
—Muchas gracias, agradezco en serio su preocupación por mi hija Daisy —en serio, parece que quiere llorar, pero sus lágrimas no logran salir—Siéntense, por favor —se apresura a decir mientras nos señala el sillón.
Mis piernas se mueven por sí solas, sentándome al lado del joven, que parece un poco incómodo por tal acercamiento mío. No lo culpo, pero tal vez es su tristeza lo que hace parecer que fuéramos más cercanos de lo que en realidad somos.
Como si eso ayudara a poder ver algo más allá de lo que él, al parecer, no comprende.
—Entonces, Sra. Smith, cuéntenos cuándo fue la última vez que vio a su hija —Daniel comienza la conversación primero, con la esperanza de obtener información nueva.
—Fue hace una semana cuando mi hija Daisy me comentó que vería a una amiga en la tarde y después… desp—Sus manos se paran en su cara, tal vez ocultando el hecho de que las lágrimas nunca salen de ella.
Solo se resigna y, con una disculpa, sale de la sala.
—Parece que mi madre no está en una situación adecuada para seguir hablando con ustedes.
Las primeras palabras que salen del joven tienen una melancolía tal vez un poco fingida, a mi parecer.
Intento no prestarle atención, intento mantener la compostura.
—Me llamo Adan —sus manos se entrelazan y su mirada no deja la punta de sus pies—Yo puedo responder lo que quieran.
Adan… su nombre pica algo que había enterrado y olvidado.
—Mi compañero y yo lo agradeceríamos —las palabras salen de mi boca, esperando una respuesta—Dinos, Adan, ¿recuerdas lo último que hizo tu hermana antes de desaparecer?…
La pregunta queda en el aire unos segundos hasta que su voz logra salir otra vez.
—Bueno, mi hermana iba a salir con su amiga, por lo que me dijo —el chico sigue pensando; sus manos sudan, agacha la cabeza más de lo que quisiera que lo hiciera, hace el menor contacto visual posible, voltea en busca de algo o alguien—Es todo, después ella solo se fue y no regresó.
—¿Seguro, Adan? —pregunto; mi tono de voz ahora es más interrogativo que amable.
—Sí…
Mi suspiro resuena por la habitación. Solo me levanto y me dirijo a la puerta; la abro y salgo al porche. Unos minutos después, escucho unos pasos posicionándose a un lado mío. No falta voltear a ver quién es, pues el aroma de su fragancia es único.
—¿Qué sucede? —Daniel me mira fijamente, esperando una respuesta por parte mía.
—Está mintiendo. No entiendo, es su hermana, ¿por qué nos mentiría? —mi mirada se cruza con la suya unos minutos antes de que él responda con la misma sonrisa de siempre.
De alguna manera, sus mentiras me parecen reconfortantes.