—Lo sé, pero no podemos hacer nada; tarde o temprano nos dirá la verdad.
Sus ojos siguen penetrándome. Solo no quiero verlo, porque él sabría que me atormenta.
—Cuando lo haga, será muy tarde, siempre pasa.
—Norman… son hermanos, es natural que tengan secretos. Esto ha ocurrido mucho, tal vez el tiempo fuera te hizo más blando —él solo sonríe y me da un empujón amistoso.
—Sí, tal vez tienes razón. El tiempo me ha hecho blando en estas cosas, debemos entrar y seguir —solo me contengo y mantengo la mirada baja.
—Bien… te extrañé, Norman, no sabes cuánto—sonríe y se dirige a la puerta, dejándome en mi soledad.
La charla no dura mucho, pues aunque la Sra. Smith ya está presentable, no coopera tanto como me gustaría. Solo se digna a decir el nombre de la amiga y cómo era la ropa con la que la vieron la última vez: una blusa color vino y un pantalón azul oscuro, mencionando de más lo buena que era Daisy y cómo les gustaría que mantuviéramos esto lo más discreto posible.
Obviamente, Adan no tiene voz en esta plática; solo sigue sentado, viendo, sin pronunciar nada.
Por “accidente”, dejo mi celular en el sillón.
—Bueno, ya es momento de irnos, agradeceríamos si tiene algo más que comentar. Aquí está nuestra tarjeta, estamos disponibles a toda hora —Daniel se marcha, dirigiéndose al porche, mientras yo le sigo los pasos.
A la mitad del camino, a unos pasos de mi carro, me freno y espero unos segundos hasta lograr escuchar una voz gritando mi nombre, solo sonrío.
—Sí, Adan, ¿tienes algo que decir? —lo miro directo a los ojos y luego a la puerta, donde está la Sra. Smith viéndonos.
—No, solo se le olvidó su celular en el sillón; vengo a devolverlo —me acerca el celular. Lo tomo, siguiendo con el contacto visual, y susurro unas palabras.
—Dime, Adan, sé que tienes algo que decir —mi mano sigue sosteniendo el celular en el aire.
—Jason Ander. Hablen con él, lo encuentran en el café Rous —solo suelta el celular y se dirige a la casa, dando pasos rápidos.
Sonrío, tal vez sí nos entendemos mejor de lo que pensaba. No puedo apartar mi mirada de él, mis recuerdos pesan.
—Al parecer, tenemos una pista.
Primero vamos a la casa de la amiga con la que Daisy se reuniría, su nombre es Lilit. Al llegar, notamos que el carro no está, o bueno, lo suponemos de igual manera. Toco el timbre por si alguien responde y es lo que esperábamos: no hay nadie en casa, muy conveniente.
—Tendremos que ir a la escuela de Daisy, o mejor nos separamos, tú vas a la escuela y yo me encargo de la pista nueva que nos dio Adan, ¿te parece? —Daniel solo asiente y, antes de irse, comenta que preguntará en la escuela si alguien conoce a Jason Ander. Después de eso, solo se sube a su carro y va camino a la escuela.
Me dirijo a una cafetería con el peculiar nombre de Rous. Solo entro, pregunto por Jason y, tal vez, pida algo para comer, después de todo, no he comido nada en todo el día.
La espera no es larga. No hay tantas personas, solo se escuchan voces volando por todo el lugar. Es acogedor; probablemente las personas que vienen aquí son habituales, pues el café derrama esa esencia.
—¿En qué le puedo servir? —la voz es dulce, una persona de unos cuarenta y tantos años está al otro lado del mostrador.
—Hola, soy el detective Norman y estaba buscando a alguien, ¿no sé si me pudiera ayudar? —su mirada es interrogativa.
—Sí, claro, dígame. En mi café todos nos conocemos —él sigue sonriendo hasta que el nombre sale de mi boca.
—¿Conoce a alguien llamado Jason Ander?
—¿Jason? —se lo piensa un poco, su mirada muestra como si estuviera fastidiado por ese nombre. Solo sigue hablando— A ver, si esto es por sus deudas, no tenemos nada que ver, ¿okay? Siempre es lo mismo con ese chico…
—Bueno, en realidad es un asunto más urgente que eso. No sé si me estoy dando a entender, él y yo tenemos unos asuntos que resolver. ¿Me podría decir dónde está? —él solo rueda los ojos, increíblemente molesto, se dirige a la puerta de personal y tarda unos cuantos segundos antes de volver.
—Mire, Jason no vino a trabajar hoy y ya ni me importa. Lo más probable es que esté vendiendo sus porquerías a la vuelta… Ah, y si lo ve, por favor dígale que ni se le ocurra volver aquí, o le juro que yo mismo me encargaré de él —solo se voltea y sigue atendiendo, como si eso diera la conversación por terminada.
Por su tono de voz me doy cuenta de que lo más probable es que Jason no tenga un trabajo muy legal que digamos. Solo me resigno a dar media vuelta hacia la calle que mencionó el dueño del café, todavía con hambre.
Pongo mi mejor cara y entro al callejón. A lo lejos, puedo ver la silueta de alguien encorvado y con una capucha. Mientras más me voy acercando, puedo notar una mirada perdida, su dificultad para respirar, sus manos sudorosas, mientras no para de murmurar cosa tras cosa que apenas es audible.
—¿Jason?…