La Pieza

CAP I.II DAISY

El silencio se hace presente, como si mis palabras no lo hubieran alcanzado. Sigue murmurando cosas, con las manos juntas en una postura de oración… ¿no?, de perdón, como si le estuviera rogando a alguien su perdón. Sus ojos son rojos y sus ojeras están tan marcadas que es obvio que no ha dormido en días.

—Jason Ander, ¿es usted? —me acerco lo suficiente como para estar a unos centímetros de él. Puedo notar lo alto que es, antes de poder decir otra palabra, se abalanza hacia mí, gritando palabras que no tienen sentido.

Los golpes empiezan. Está fuera de sí, sus manos se balancean a todos lados, grita y llora, golpeando todo lo que puede. Es mucho más fuerte que yo. No puedo hacer nada más que poner mis brazos en posición de defensa. Sus grandes manos agarran mi cabeza y, antes de poder defenderme, la golpea contra el piso tan fuerte que termino inconsciente en el acto.

No sé cuánto tiempo ha pasado. Mi cuerpo duele, mi cabeza arde y, aunque intento enfocar la vista, no sirve. Mis ojos ceden otra vez y lo único que puedo ver antes de desmayarme es una silueta a mi lado, volteada hacia la pared. Tiene el pelo largo, es alta, de veintitantos y de cuerpo femenino… ¿Daisy? Y los minutos pasan.

Me levanto lo más rápido que mi cuerpo me lo permite. Volteo a mi lado para corroborar que lo que vi unos minutos atrás sea real… ¿o no? Lleva una blusa color vino y un pantalón azul oscuro, la ropa con la que la vieron la última vez.

El miedo se apodera de mí. Hay un olor putrefacto, pesado. Las moscas y larvas se juntaban en el cuerpo. Camino para verla de frente y ahí está: una joven con los ojos abiertos, mirándome fijamente mientras los gusanos salían de ellos.

Las marcas en sus brazos delatan lo peor. Sus rasgos caucásicos y su parecido con la Sra. Smith me hace pensar que, en verdad, es ella.

Finjo que no…

Mis manos se mueven por cuenta propia.

El cuarto en ruinas en el que me encuentro, con pedazos de cemento y madera tirados por doquier, las cucarachas que rondan las paredes y el olor a podrido, mezclado con un aroma a moho y humedad.

Unos pasos se escuchan, acercándose. No dudo en agarrar uno de esos trozos de madera que están en el suelo y prepararme para lo que venga.

La sombra se acerca, la silueta de alguien más alto que yo entra al cuarto y, antes de golpearlo, se tira al piso, gateando hacia mí.

—Lo siento tanto… en serio lo siento. Perdóname, por favor, te lo suplico, perdóname. Por favor, Dios, o lo que sea que me escuche, no fue mi intención, por favor—sus ojos irradian una tristeza increíble, con una mirada sumisa.

—¿Jason?… ¿qué haces?—sus rodillas tocan el piso. Ora y pide perdón tras perdón sin parar, sus manos se juntan una con otra, y las lágrimas brotan de sus ojos de forma abundante.

—Yo no la maté, lo juro. Ella solo vino a mí pidiendo más… no pude rechazarla, lo juro. Perdónenme, por favor, por favor… mi pecado es muy fuerte, lo siento…

Aunque está arrodillado frente a mí, parece que le pide perdón a alguien más, pues su mirada pasa de mi, como si hubiera una entidad ahí, escuchándolo rogar por su absolución. Por la forma en que se encuentra, podría haberlo creído, pero sus ojos, su temblor, sus ojeras y los piquetes en sus brazos lo delatan: la droga en sus venas es lo suficientemente fuerte como para crear una alucinación como esta.

Lo miro con tristeza y pena. No dudo más, saco mi teléfono y llamo al 911. Rastrean mi posición y no tardan mucho en llegar a la escena.

Salgo del cuarto en ruinas y, después de responder algunas preguntas, me dirijo a la ambulancia que ya ha llegado. Permanezco ahí unos minutos mientras me atienden la contusión en la cabeza, mi mirada no se aparta de la casa en la que estuve no sé cuántas horas. Se ve mejor por fuera que por dentro.

La enfermera termina de atenderme y, justo cuando voy a levantarme, una mano me obliga a sentarme otra vez. Daniel ha llegado a la escena.

—¿Estás bien? —me mira, desaprobando que intente levantarme, y yo solo acato.

—Es ella, ¿cierto? —lo miro, él suelta un suspiro y pienso lo peor.

—No lo saben. Ya llamaron a la señora Smith para ver si ella reconoce el cuerpo, irá directo a la morgue.

—Murió de sobredosis, ¿verdad?

—Eso parece. Encontraron anfetamina en la escena y, aunque Jason no está en condiciones de decir qué pasó, es obvio lo que sucedió.

Un carro de último modelo se estaciona en la calle. De él bajan la señora Smith y Adan. Él tiene una mirada abatida. Reacciono rápido y me pongo de pie, bloqueando la entrada.

—¿Qué haces? Muévete —el grito resuena con fuerza, pero no puedo permitir que vean tal escena.

—Lo siento, pero no puedo. Tienen que ir a la morgue para poder ver el cuerpo, solo deben esperar, por favor… —me mira y me empuja para dirigirse a su carro. Aunque cierra las puertas del auto, se alcanza a escuchar un grito de furia, más que de tristeza, que sale de ella.

—Es ella, ¿verdad? —Adan me mira a los ojos. No puedo contestar. Las lágrimas empiezan a brotar de él y un abrazo se forma entre los dos. Adan no se aparta de mí hasta que se va con su madre, directo a identificar el cuerpo.

—Te encariñaste con él, ¿verdad? —Daniel me mira, y yo solo sonrío por la nariz.

El perdón siempre es algo que se puede volver a dar.

—¿Quién no lo haría? —solo me despido y voy a la comisaría a testificar otra vez.

La policía no tarda en arrestar a Jason. No pone mucha resistencia, parece que, para él, este es el castigo por tal pecado cometido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.