La Pieza

CAP II. NORMAN Y ADAN

El frío de la sala choca contra mi cara. Los pocos sonidos alrededor, el chirrido de las sillas al moverse, las palabras salen de mi boca sin prestarles atención. Mi mente está nublada.

—Después los llamé. Unos minutos pasaron y llegó la policía, seguida de la ambulancia.

—Bien… gracias por su cooperación. Cualquier cosa, nos pondremos en contacto con usted, detective Norman.

Me paro de mi silla y salgo al pasillo. A tan solo unos metros está la morgue y, aunque deseo que no sea ella, algo dentro de mí ya sabe la respuesta.

Mis pies se mueven por cuenta propia, doy unos cuantos pasos sin prestar atención a mi alrededor. Llego a ese pasillo, un letrero da señal de que estoy en la morgue.

Sigo caminando hasta que, a lo lejos, veo una silueta sentada en una de las muchas bancas del lugar. Me acerco.

—¿Adan? ¿Qué ocurre, estás bien? —él me mira unos segundos. Nuestras miradas chocan y lo sé de inmediato.

—Es ella… en serio, es ella. Tiene la misma marca de nacimiento, la misma cara, los mismos ojos. ¿Por qué?… ¿por qué ella? No… no se merecía esto, es mi culpa.

Rápidamente, sus ojos se llenan de lágrimas descontrolables. Algo dentro de mí se rompe, quiero decirle que todo esto no es culpa suya.

Aunque lo deseo, mi mente todavía tiene sus dudas, pues todo este caso es bastante sospechoso para mí.

—Adan, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Sí, pero que sea rápido —no le doy importancia a tal petición.

—¿Sabes por qué tu hermana se inyectaba ese tipo de drogas o si alguna vez mencionó algo sobre querer terminar con su vida, algo por el estilo? —él me mira un poco sorprendido.

—No

Y ahí están sus manos sudorosas, su falta de contacto visual y su nerviosismo al responder.
Su manera de mentir es tan obvia que me hace pensar en algo que creí haber olvidado.

—Sé que me ocultas algo, ¿por qué no me lo dices?

—Yo no sé nada, detective. So… solo no quiero seguir pensando en eso. Tal vez, si hubiera prestado más atención, me habría dado cuenta de que ella us… usaba drogas. Yo no lo sabía, es toda mi culpa, debí estar más atento.

Las lágrimas vuelven a salir, pero ahora con más fuerza.

—Es mi culpa… e‑es mi culpa, es mi culpa…

Solo lo abrazo. No puedo verlo así.

Un reflejo de mí mismo en ese día frío.

—Está bien, Adan. Todo está bien. No es tu culpa, tú no sabías que pasaría esto, no es tu—

Antes de terminar la frase, mi mente se interrumpe por sí sola, recordándome que él fue quien me dio el nombre de Jason. ¿Por qué lo sabría? Si no tenía nada que ver.

Lo miro unos minutos antes de acordarme de la plática que tuve con Daniel. Después de todo, los hermanos tienen secretos… ¿o no?

—Adan… ¿Cómo sabías de Jason? —él me mira y, por unos minutos, su mirada muestra una frialdad y una oscuridad incomprensible. La voz de una mujer se adentra en nuestra charla.

—Detective, eso no es algo que le importe—sus palabras salen como puñaladas. La señora Smith sale de un cuarto para identificar cuerpos, su compostura y expresión facial son rígidas, como si hace unos momentos no hubiera visto a su hija muerta—Solo intentaba ayudar, ¿no es suficiente? Ya encontraron a mi hija, su trabajo terminó.

—Señora Smith, ¿cómo está? —la miro por unos segundos, esperando que caiga en llanto o que muestre alguna emoción por la pérdida. Pero no es así.

—¿Cómo cree que estoy, detective? —su mirada sigue recorriéndome de arriba abajo—Vámonos, Adan. Mañana tienes escuela y no puedes dormir tarde.

Suelto una risa baja, pues no me cabe en la cabeza que la señora Smith parezca interesarse mucho más por la escuela que por la muerte reciente.

Antes de dejarlos ir, sostengo el brazo de Adan—Dejaste un papel aquí —él me mira sorprendido, pero entiende al instante lo que estoy haciendo.

—Oh, gracias —lo toma y camina con su madre hacia la salida… sus ojos siguen llorosos.

Mi número de celular yace en aquel papel.

No pasa mucho tiempo hasta que recibo una llamada de un número desconocido y sé inmediatamente de quién se trata. Contesto lo más rápido que puedo.

—¿Hola? ¿Quién habla? —aunque ya sé quién es, tengo que estar cien por ciento seguro.

—Soy Adan. Me dio su número esta mañana—su voz suena cortada, con toques lamentables en sus palabras. Un tono melancólico delata la muy probable depresión del muchacho.

—Oh, Adan, lo siento. No sabía que eras tú, una disculpa.

—¿Para qué quería que lo llamara, detective? ¿Me quiere interrogar más?

—No, nada parecido. No es un interrogatorio, solo tenía curiosidad por saber qué pasó en realidad. Porque, aunque lo intentes, sé que me mientes, Adan, pero también sé que quieres decirme la verdad.

—Tiene curiosidad sobre la muerte de mi hermana. ¿No es poco ético decirle eso a quien la acaba de perder?

—Mis disculpas, no quería que sonara de esa forma, Adan… por favor, ayúdame, ¿quieres? Sé que amabas mucho a tu hermana y te preocupabas por ella.

—Pues esa es la verdad. No sé qué más quiere de mí.

—Quiero que me lo demuestres. Cuánto te importaba.

Un silencio profundo ocurre al otro lado de la llamada, solo la respiración se escucha, dando indicios de que sigue ahí. No tarda mucho en contestar.

—Parece muy interesado en esto, detective. De algún modo, sé que soy sospechoso de lo que sea que su mente esté formulando ahora. ¿Por qué no nos vemos en un café? ¿Qué le parece? Pero espero que después de esto no siga con especulaciones sin sentido.

—Bien, después de la plática no volveré a mencionar el tema, Adan, y gracias por querer cooperar conmigo. Te lo agradezco mucho.

—No me lo agradezca, solo quiero terminar esto de una vez por todas.

Me sorprende lo calmado que está, lo maduro que se escucha para esta situación y lo perspicaz que es. Aunque su voz exalte seguridad, puedo percibir su tristeza perdurable.

Algo que sé con seguridad es que él guarda más que pequeños secretos de hermanos, y aunque quiero saberlos, no podría; pues un trato es un trato. Solo mencionaré temas referentes a su hermana y se acabará.




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