Un suspiro se me escapa, como si estar en esa habitación me hubiera quitado años de vida.
—No pude hacer mucho, lo siento, Daniel.
Mi mirada cae en sus zapatos.
—Está bien, Norman. Tenemos más tiempo para interrogarla, con o sin abogados—Su sonrisa se amplía y pone una mano sobre mi hombro—tarde o temprano ella hablará y sabremos la verdad.
—No creo que sea ella.
Mis palabras salen votadas de mi boca.
—¿Por qué?, ¿dijo algo relevante?
—Lo suficiente para saber que se preocupa tan poco por ellos que nunca planearía un asesinato… o simplemente ella misma no puede creerlo.
—¿De qué hablaron?
—De un tema, nada importante.
Sigo avanzando con la esperanza de llegar a mi silla y tirarme en ella.
—…
Las horas pasan y mi esperanza de ir a dormir se esfuma. El abogado de la señora Smith llega hace un momento, decido no seguir con las interrogaciones, pues mi mente trabaja mejor fuera que dentro.
—Adan…
—¡Norman! —grita Daniel.
Unos pasos rápidos se dirigen hacia mí. Me levanto tan rápido como puedo de mi silla, tal vez algo pasa. Ni siquiera alcanzo a ordenar bien mis pensamientos cuando unos brazos me sujetan con fuerza.
Respiro hondo.
—¿Daniel?, ¿qué ocurre?
—¿Por qué me lo ocultaste?
—¿Qué?, ¿de qué estás hablando?
—Escuché el interrogatorio que tuviste con la señora Smith ¿Por qué dijiste que ella mató a su hija?
—Daniel…
—Dímelo.
—Lo sospechaba, solamente eso —sus manos cada vez me aprietan más fuerte.
—¿Y por qué no me lo dijiste? Somos un equipo, Norman ¿Acaso no soy tan importante para ti como para decírmelo?
—Lo siento… solo fue algo que salió entre Adan y yo. No te lo dije porque pensé que era erróneo, si la información estaba mal, no quería que pensaras que era una buena pista y después desilusionarte…
—Norman, entiendo, pero sabes que no podemos ocultarnos información como esa. Debió haber pasado algo como para que Adan pensara igual —se aparta unos centímetros de mí, soltando un gran suspiro—Dímelo, Norman, no me ocultes nada… por favor
—Nos reunimos un día, le había pasado mi número para que me marcara y él lo hizo. Acordamos vernos en un café y hablamos. Él me dijo que había visto a su madre guardar algo que, por la descripción, pensé que era anfetamina, por eso mis sospechas, pero no lo sabía al cien por ciento, así que lo mencioné en el interrogatorio que hice en la casa de la señora Smith. Ella se mostró un poco rara ante lo dicho, pero seguía sin tener evidencia. Después de todo, la única persona que había visto esto era Adan… —bajé mi cabeza, no quería que me viera de esta manera—Por eso no te lo dije, era una evidencia sin fundamentos. Después de todo, lo siento.
El reloj de la mesa se escuchaba por la sala, junto con el sonido de nuestra respiración.
—Bien, entiendo —su mano se apoya en su frente, quitándose el sudor que no tenía—Espero que no me vuelvas a esconder información, Norman.
—No lo haré…
—Bien, eso es suficiente para mí —camina hacia su silla y se tumba.
—¿Cómo sigue el interrogatorio?
—No ha dicho mucho.
El aire era asfixiante.
—No creo que diga nada, no hará falta. Se interrogará al jefe de departamento de su área, se puso un poco nerviosa cuando se le mencionó, así que creo que él tiene algo que ver.
—Espero que salga algo pronto…
—Sí.
—Daniel…
—Dime.
Antes de poder mencionar algo, una voz externa me interrumpió.
—Disculpen, el señor Parkin ya llegó, está en la sala de interrogación.
—Bien, iremos para allá —Daniel se levantó haciendo un gesto para que lo acompañe—Vamos.
Aunque no quería seguir haciendo interrogaciones, entendí que de igual forma tenía que hacerlo.
La sala de interrogatorio no estaba tan apartada, pero el silencio que había entre Daniel y yo hacía el camino más largo.
—¿Crees que diga algo? —mis manos jugaban entre sí, no podía mantenerme quieto.
—Espero —sus palabras salían cortantes, esto me estaba matando.
—¿Quién hará de detective bueno y detective malo?
—Ninguno, solo hablaremos lo necesario para que diga algo referente a este caso.
—Bien… —una sonrisa nerviosa sale de mí.
Esto se estaba volviendo incómodo.
—¿Daniel?
—¿Sí?
—¿Estás bien? —tal vez si preguntaba…
—¿Por qué no lo estaría?
Obviamente no lo está.
—No, solo preguntaba, pensé que estabas enojado por lo de hace un momento…
—Oh, no, no lo estoy.
—Bien —dios, su maldito orgullo algún día acabará conmigo.
Llegamos a la habitación del interrogatorio, abrimos la puerta y cada uno se sienta en una silla, ignorando plenamente a la otra persona que está con nosotros.
Tendré que tener una charla con Daniel después de esto, no puedo dejarlo así.