La Pieza

CAP IV.III SRA. SMITH

—Bien —Daniel no duda en empezar a hablar, una mirada decidida a sacarle la información suficiente a este tipo— Parkin, ¿verdad?

—¡Sí! Señor Detective —se nota a kilómetros de distancia cómo suda a mares, sus ojos parecen a punto de soltar unas lágrimas.

Una persona algo inestable, probablemente con una gran incapacidad para encajar en la sociedad, pero lo intenta tanto que termina siendo odioso.

Algo fácil de tratar.

—¿Sabe por qué está aquí? —intento seguir a Daniel en la interrogación.

—Eeee… ¿sí? —sus pupilas se dilatan cada vez más.

—¿Sí?

—¿No?

—Mire, señor Parkin, esto no es un juego. Quiero que me diga si sabe o no por qué está aquí —Daniel es un poco más impaciente que yo.

—Lo siento…

—¿Entonces?

—¿Entonces…? —la estupidez sigue presente en él.

—¡SÍ O NO! —Daniel utiliza un tono autoritario, lo que hace que el señor Parkin se remueva en su pequeño asiento.

Algo divertido de ver.

—Ah, no, no, no, no sé por qué estoy aquí…—sus lágrimas están a punto de salir.

—No era tan difícil, señor Parkin —una ligera sonrisa sale de mí, intentando transmitir tranquilidad. Si Daniel se convierte en el policía malo, yo haré mi papel del bueno.

—Lo siento… —su lenguaje corporal se relaja al instante… una persona muy manipulable.

—¿Conoce a la señora Smith?

—Eh, sí, sí.

—Bien, queremos que respondas solo unas cuantas preguntas acerca de ella.

—¿Puedo preguntar por qué?

—No.

—Okay.

—Tenemos entendido que usted es su jefe, ¿no?

—Sí…

—Bien, ¿es cierto que el jueves 14 tuvo un viaje de negocios?

—¿Di…disculpe?

—¿Cierto o no?

—Haa, sí… —su visión se sigue apartando, pero con algún que otro desvío hacia mí.

Una mentira tan obvia que da lástima.

—¿O en serio? Por lo que sabemos, nunca hubo ese maldito viaje de negocios, ¿verdad, Norman?

—Sí, señor Parkin —una mirada cálida y comprensiva sale de mí cada vez que sus ojos chocan con los míos—. ¿Por qué nos miente? ¿Acaso oculta algo?

—¿Qué? —su tono de voz poco a poco se quiebra, como si fueran pequeños cristales entrando en su garganta, rompiendo y desgarrando todo a su paso, al punto de que su voz se vuelve casi inexistente.

—¿Acaso usted tiene algo que ver con la muerte de Adan? —Daniel no tarda en hablar sobre el asesinato, su impaciencia se empieza a notar cada vez más.

—Qu… —apenas puedo escuchar el pequeño sonido que sale de su boca.

—¿Usted ayudó a la señora Smith a deshacerse de su hijo?

—¿Qué? Esperen, esperen… yo, yo no tengo nada que ver con eso —su cabeza gira de un lado a otro, sus manos se agitan en señal de que nunca hizo nada de eso, el nerviosismo se apodera de él.

—¿Entonces por qué la encubre? ¿Por qué nos dice que hubo un viaje de negocios cuando es falso? —mis palabras salen como un susurro, una pequeña prueba de apoyo, mostrándole que lo comprendo, solo tiene que hablar rápido y todo esto acabará.

—Yo… yo… —el pequeño tartamudeo se empieza a hacer evidente.

—¡HABLE! —las manos de Daniel aterrizan sobre la mesa, creando un sonido adormecedor.

—Sí, salí con ella… pero no fue un viaje de negocios, no lo fue.

No falta mucho para que comprenda esas palabras, después de todo, una persona tan manipulable como el señor Parkin no pasaría desapercibida de los ojos de la señora Smith.

Su mirada desprende vergüenza, sus ojos no pueden mantener un lugar fijo donde ver, todo tiene sentido. Es imposible que alguien como él sea un asesino, pero eso significa que la señora Smith sería liberada, ya que no habría evidencia para mantenerla aquí. La única que había se esfuma tan rápido como la resistencia de este hombre.

No tarda mucho en contarnos toda la historia de su pequeño amorío con la señora Smith, todo queda claro y, sin más que hacer, queda en libertad.

Pero antes de liberar a la señora Smith, tendría que hacerle algunas preguntas más.

Mis pasos son rápidos, olvidándome por completo de la “charla” con Daniel, tengo que llegar a la sala de interrogación antes de que sus abogados le avisen que queda libre.

Llego lo más rápido que puedo y entro con la señora Smith. Ella sigue en su silla, firme y tranquila, como si supiera que vendría a verla.

—Detective Norman, ¿qué lo trae por aquí? ¿Acaso ya me puedo ir?

—Parkin nos contó todo.

—Lo suponía, es demasiado idiota para quedarse callado —sus ojos ruedan y se desvían a sus manos, observando su manicura impecable.

—Sabías que lo íbamos a interrogar —no puedo evitar sonreír.

—Era obvio, así como sé que ya me puedo ir de aquí —se levanta lentamente de su silla, moviendo su pelo largo y rubio detrás de la oreja.

—¿Por qué no lo mencionó antes? ¿Por qué se esperó hasta que lo interrogamos? Pudo salir desde antes, pero no lo hizo ¿Por qué? —mi incertidumbre crece con cada palabra que sale de mi boca— ¿Acaso es porque su imagen quedaría dañada si se difundiera el rumor de un amorío?

—Mi imagen ya está dañada, un amorío no me afectará en nada más que en un probable divorcio, detective Norma—camina quedando frente a mí, su mirada muestra algo tan indescriptible para mí.

—¿Por qué? ¿Por qué me contó todo eso? ¿Por qué no solo decir la verdad si parece que no le importa? —quiero saber más.

—La verdadera pregunta, detective Norman, es ¿por qué no? Tal vez solo me desahogué con usted o tal vez todo fue una mentira, no lo sé. Dígame, usted es el detective.

—Nunca la entenderé, señora Smith.

—Eso espero —sin más que decir, me dirijo a la salida. No obtuve lo que quería, pero de alguna forma eso me basta. Pero algo me interrumpe— Una cosa más, detective, sé que está muy apasionado por encontrar al culpable de la muerte de mi hijo. Creo que sería de mucha ayuda algo…

La miro confundido, solo para ver cómo de su bolso saca un teléfono, el teléfono de Adan.




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