Su semblante cayó de inmediato. Gotas de lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, cargadas de culpa, si miraba con atención, podía ver mi propio reflejo en ellas.
—¿Q… qué?
—Que Daisy haya muerto no fue tu culpa—su mirada mostró una chispa de esperanza que no podía permitir que sobreviviera—. Pero si no hablas ahora, la muerte de Adan sí lo será. Será tu pecado, el que te dará un pase directo al infierno, ¿quieres eso?
Mi voz salió cargada de una lástima falsa, tan espesa que me dio ganas de huir de ese lugar.
—¿Quieres ser el culpable de su muerte? ¿Quieres cargar en tu conciencia que, por tu culpa, terminó así? Las pesadillas te atormentan todas las noches, Jason, no te dejan dormir. Alucinaciones interminables, una culpa clavada en el pecho que te quema todos los días… ¿quieres vivir con eso? ¿En serio lo quieres?
Sabía perfectamente que ya vivía todo eso.
La mirada de Daniel no se apartó de mí en ningún momento mientras hablaba. Resultaba casi ridículo.
Un llanto descontrolado estalló al otro lado del cristal. Temblores y espasmos recorrían su cuerpo con violencia, sin permitirle articular palabra. Era impresionante de observar. No sabía cuánto tiempo pasó hasta que finalmente comenzó a calmarse, pero entonces vi sus labios moverse, susurros rotos escapaban de su boca, imposibles de descifrar.
—Habla alto —ordené.
—Sí…
—¿Sí qué? —miro con desaprobación a Daniel por su forma de presionarlo.
—Sí, le vendí drogas. Él… él no se llamaba Yonathan, me dijo que se llamaba Henry. Él… me compraba y una vez vino con un adolescente…
—¿Qué adolescente? —pregunta Daniel—. ¿Recuerdas cómo era?
—En la foto… él sale en la fo… foto.
Miro a Daniel y él solo asiente.
—Bien. ¿Sabes qué te compraba?
—…
—Jason.
—Anfetamina —responde al fin—. Era lo único que me pedía, junto con ese niño.
La sangre comienza a brotar de sus labios mientras clava los dientes con más fuerza.
—¿Siempre compraban juntos?
—No… solo una vez compraron juntos. Después vi al joven dos veces más, que recuerde. Pedía lo mi… mismo.
—Muchas gracias, Jason —me enderezo en la silla.
—¿Ya se van?
—Sí, ya tenemos lo necesario de ti.
Al decir eso, su rostro se retuerce. En sus labios se dibuja una súplica silenciosa, solo quédense un momento más, puedo escucharlo sin que lo diga.
—Su muerte no fue mi culpa, ¿verdad? —sus ojos se aferran a mí, expectantes, desesperados.
Siento… lástima.
—¿Tú qué crees? —una sonrisa cálida se forma en mis labios.
Y con eso, Jason se convierte en lo que siempre debió ser.
¿Un religioso? ¿Un drogadicto? ¿Un asesino? ¿Culpable? ¿Inocente?
No.
Ahora es lo que fue desde el inicio, una pieza que nunca encajará en ningún lugar, por más que lo intente. Alguien que nunca pertenecerá a nada.
Salgo de la sala y mi sonrisa persiste.
Mientras dábamos pasos hacia el auto, Daniel me detuvo.
—¿Quién crees que fue? Tenemos dos sospechosos, Genrison y Yonathan.
—Bueno… los dos al parecer tenían sus razones para matarlo, así que sería difícil predecir cuál.
—Sin pistas, ¿quién crees que fue?
Lo miro detenidamente y sigo avanzando.
—Genrison —digo finalmente—. Es muy inteligente y oculta más información de la que nos dice, como si todo esto fuera un estúpido juego. Nos ocultó que él también le compró drogas a Jason y que acompañó a Yonathan. Por los mensajes, parece que aborrece a Adan, no sabemos bien por qué, pero sospecho que tiene que ver con ese profesor barato.
Hago un gran suspiro y continúo:
—Pero estas mismas cosas me hacen pensar que podría ser inocente. Es demasiado astuto como para que lo encontremos culpable tan pronto. Nos oculta información que puede usar en el último momento para salvarse… o destruirse. Actúa como si todo esto fuera un juego, pero no parece interesado en ser el protagonista. Nos ocultó lo de las drogas —sinceramente, eso lo haría cualquiera—, y si su odio hacia Adan tiene que ver con Yonathan, no creo que le importe lo suficiente como para asesinar por el.
Daniel asiente, pensativo.
—Creo lo mismo. Tenemos evidencia, pero no la suficiente para declarar culpable a alguien. Primero tenemos que interrogar a Genrison otra vez, hablar con lo que tenemos.
—Me parece bien —Daniel agarró mi hombro y lo acarició lentamente— por fin tenemos algo para poder dar cierre a esto. ¿Ya no estás enojado?
—¿Yo? ¿Enojado cuándo? —se alejó rápidamente de mí, y solo pude dejar que esas mariposas en mi estómago siguieran bailando sin control.
Antes de alcanzarlo, lo vi al teléfono. Conforme la otra voz hablaba, su expresión se volvía más fría, más grave.
—¿Qué ocurre? —pregunté finalmente, acercándome lo suficiente—. ¿Estás bien? ¿Pasó algo?
Mientras Daniel escuchaba, podía ver cómo su rostro se endurecía, cada palabra que llegaba por la línea parecía marcarlo más.
—Genrison… está en el hospital por un intento de suicidio.