La Pieza

CAP IX.I SR. CULPABLE

Mis palabras por un momento me hacen querer callar. ¿Soy yo el que habla? ¿Lo soy?... sí, y esto me hace sentir tan…

—¿Qué?

Sus palabras me hacen despertar, me hacen recordar.

—Estoy tan aburrido de todo… de ti —me aparto de él—. Crees saber más que nosotros sobre este caso, ¿pero en serio lo haces? A mi parecer solo alardeas. ¿Piensas que eres importante? ¿Que tienes todo resuelto? —una sutil carcajada se escapa, suficiente para hacerlo enfurecer—. Solo eres otro, otro que quiere brillar más de lo que nunca podrá.

—No sabes lo que dices —su voz sale en un débil intento de algo que ni siquiera yo sé.

—¡Por Dios, basta! Solo cállate y escucha lo que dices —me aparto más de la camilla—. Piensa, Genrison —mi tono se eleva, puedo escuchar el respingo del señor Davies, el fruncimiento de Daniel. Mis emociones me hacen querer llorar.

¿Acaso él y yo somos tan iguales? Ver la desesperación de Genrison me hace sentir… vacío.

—Norman, basta —Daniel se acerca a mí, apartando al Director que estaba a punto de arremeter, ¿por mi falta de profesionalismo o por gritarle a su hijo? Pero qué más da, esto no es un interrogatorio—. Es suficiente…

—No, deje que termine —Genrison responde rápidamente, sin apartar la mirada de mí.

—No hay más, Genrison. No hay nada más que podrías decir si no tienes algo que darme.

—¿Qué?

—Lo escuchaste. No eres tan magnífico ni inteligente como para que tenga algo más que decir sobre ti o tu ridículo intento de resolver este caso: sin nada, sin evidencias, sin pistas.

Una fuerte carcajada resuena en la habitación, risa tras risa de aquel pobre muchacho con falta de atención parental.

—Usted debo decir que por un momento me sacó de mis cabales —una lágrima sin vida corre por su mejilla, que limpia en el acto—, pero como siempre, es igual a todos, no ven más allá de lo que tienen enfrente.

—¿Y qué tengo enfrente, Genrison?

—Su mina de oro.

—Calla —una voz olvidada hasta ahora muestra protagonismo por primera vez en esta sala—. Calla, hijo… es hora de que los detectives se vayan de aquí.

Estar sorprendido por esta repentina muestra de valor me hace entender que al director no le importa para nada su lamentable hijo… ¿o sí? Es, un poco, gracioso.

—¿Qué esperan? No tiene nada que hacer aquí, así que les pido que se larguen.

—Esta vez tu padre tiene razón, no tenemos que hacer nada aquí, no hay nada por lo que quedarse —mire a Daniel, puedo percibir su enojo, trago saliva—. Vámonos —sonrío tan abiertamente en un intento de apaciguar.

No habla, solo un pequeño susurro que no puedo comprender. Se dirige a la puerta y en ningún momento me mira.

—¿Y si tuviera evidencia del asesino? —las palabras que estaba buscando salen antes de siquiera abrir la puerta.

—¿Qué? —Daniel toma la cuerda de la conversación.

Lo dejo tomarla.

Una pequeña sonrisa pinta mi cara, una que guardo lo más rápido que puedo.

—Como escucharon, ¿qué pasaría si yo ya tuviera el maldito caso resuelto antes que ustedes, detectives…?

—¡Silencio! Genrison, no estamos para tus juegos. ¿Tienes evidencia? ¿Desde cuándo?

—¿Desde cuándo no les incumbe eso? Pero saben, es divertido, muy divertido, verlos perseguir sus propias colas.

—Déjalo, Daniel —logro decir, pero mis palabras quedan perdidas en el aire.

—Por favor, es estúpido verlos investigar algo que yo ya resolví —Genrison se endereza con orgullo, alardeando abiertamente de su poder en esto—. Norman, dijiste que no era especial, ni brillante, ni… inteligente, pero si yo no tengo eso y aun así lo resolví mucho antes que ustedes, ¿eso en qué te deja?

La fuerte risa continúa, la burla en sus ojos al verme me hace saber lo fácil que es.

¿Una copia de mí? ¡Ja!

Una sombra de lo que ahora soy, algo que no dejaría destruir porque lo construí para ser perfecto.

—Genrison, si tienes algo para nosotros, este es el momento —Daniel se para frente a su camilla.

—Lo tengo, tengo lo que necesitan para terminar todo esto —su risa seca raspa su garganta, haciéndolo toser.

—¡Alto! ¡Cállate de una vez en tu vida, hijo! ¿No ves en lo que me estás metiendo?

—Ash —sus ojos ruedan—. Papá, no lo entiendes, no tienes voz en esto, ¿no te has dado cuenta? Eres insignificante, así que deja de interrumpir con tus intentos de recuperar algo que nunca tuviste.

—Calmense los dos —Daniel interviene rápidamente, relajando su postura e intentando transmitir lo mismo a los demás. Dirige toda su atención hacia Genrison—. Si sabes en lo que te estás metiendo al decir todo esto, ¿verdad? Si tienes información del caso desde hace bastante y no la mostraste, sabes en lo que te posiciona eso…

—Sí, lo sé, pero ¿no ves mi lamentable situación, detective? —Genrison fija sus ojos en mí, las pequeñas gotas caen lentamente de esos ojos sin ningún brillo, como un caparazón vacío—. Solo soy un pobre adolescente que cayó en la manipulación de un adulto. No saben lo mucho que quería mostrarles la evidencia, en serio, pero tenía demasiado miedo.

—Genrison…

Sorbe lentamente mientras acerca su mano a la nariz, limpiándose.

—Mi pieza...

—Ahora no es el momento para tus caprichos, Genrison.

—Mi pieza... yo no la perdí... la presté. Es mi favorita, y él lo sabía. Fue como un premio para él, ¿saben?

Antes de poder responder, él señaló un lugar lo más alejado de él.

—Mi teléfono… tengo lo que quieren en mi teléfono…

Por un momento no sé qué hacer. Es sorprendente la manera en que cambió tan drásticamente su actitud. A este punto, ¿quién podría ser él? Tal vez, al final, caí en su trampa, porque de alguna manera todo esto parecía tan fríamente planeado, como si desde algún punto él quisiera esto, que yo lo confrontara de esa manera, como si intentara descubrir algo en mí… y tal vez lo hizo.

Y en ningún momento lo pensé. No pensé en él…

Rápidamente, Daniel se acerca a las cosas amontonadas en la esquina, como si dejarlas ahí hiciera que desaparecieran.




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