La Pieza

CAP X.III NORMAN

Lo inyecté otra vez, con una dosis más cargada, como si algo más fuerte fuera a despertarlo…

No lloré, no me derrumbé. Agarré su teléfono y borré la última llamada que tuvimos. Miré el cuarto y era como si él solo estuviera ahí, sin mí, y tal vez eso era lo justo. Nunca le importó mi vida, nunca dejó rastro de mí en la suya, y así sería hasta el final.

Me marché por la puerta de servicio. La oscuridad me abrazaba; la luz de los focos se apartaba de mí como si les diera repulsión. El sonido de los grillos eran los testigo, las estrellas me juzgaban, mi sombra me acompañaba sin poder confrontarme. Mi ropa me cubría sin darme calor; mis pies me obligaban a caminar lento, como castigo. Mis músculos empezaron a doler, como un recordatorio de lo que acababa de hacer. Parpadeé y tal vez corrí o huí, pero las voces en mi cabeza no me dejaron en paz, aun cuando intenté alejarme de ellas.

No recuerdo cómo llegué a la cama, pero recuerdo cada segundo del momento en que mis manos se mancharon sin poder decidir.

Todo lo hice yo.

El estruendo de mi taza al caer y romperse en pedazos me hizo despertar de unos recuerdos que parecían no pertenecerme.

Las risas continuaron, como un disco rayado que insistía en seguir sonando, pero sin tener ese hermoso sonido otra vez.

No podía parar de reír, como si al final todo fuera una broma, como si reír fuera lo único que me quedaba, como si las risa que tengo no me destruyeran aún más, como si las carcajadas me mostraran otra realidad. El estómago empezó a dolerme, pero no me importó; incluso me gustó. El dolor de reír me daba la seguridad de poder seguir . El sufrimiento era algo que merecía, incluso de esta forma.

Los minutos pasaron y, por un momento, pensé que ese sería el final. Morir por reír no sonaba tan mal; hacerlo de esta manera resultaba irónicamente espectacular.

Pero no fue así. Como todo, las risas se detuvieron y el silencio ocupó su lugar. Se apoderó de la cabaña, de la cocina, de mi vida. Y era bueno. El silencio era mi condena, el dolor mi pena y la tristeza mi felicidad.

El sonido de la puerta me hizo callar los pensamientos suicidas.

Caminé lentamente hacia ella. A través de la ventana vi cómo la noche había pintado el cielo; no sabía cuánto tiempo estuve riendo.

—¿Norman, estás dormido? —la voz de Daniel, al otro lado, me hizo querer clavar un cuchillo y morir desangrado…pero no lo hice.

—Lo siento, estaba perdido en mis pensamientos… —abro la puerta dándole paso a un lugar que te consume sin dejar rastro.

—Sería raro si no —se detiene al ver la porcelana regada por el lugar y el café frío que decora la madera seca—. Parece que fue más que eso, ¿no?

—Creo que la dejo muy cerca de la orilla, ahora no tengo dónde tomar café otra vez—su mirada recorre mi ser y comprende algo que no quiero dejar ver.

—No te preocupes, puedes comprar otra.

—Sí —pero sé que el destino será el mismo que esos trozos rotos regados por todos lados.

—Una cosa, es sobre Genrison.

—¿Qué ocurre con él?

—Lo internaron en un psiquiátrico por unos meses, al parecer —soltó sin dejar de verme.

—Oh… pobre chico, pero creo que lo necesita—si siento algo al escuchar eso, no dura lo suficiente para poder decir que sí.

El silencio que sigue no es reconfortante.

—Bueno —se aclara la garganta—. Hablé con nuestro jefe y él está encantado de tenerte otra vez en el equipo. Obviamente tiene que pasar algunas cosas y tomar casos más de bajo nivel, pero todo ya está arreglado. Tienes que ir la próxima semana de manera puntual.

—Gracias, Daniel —mi voz, muy baja, lo hace retroceder como si ahora todo en su mente se hubiera resuelto.

—¿Norman?, tú… —no termina lo que va a decir. Simplemente toma mi mano y me lleva afuera con él. La pequeña brisa que ahora corre sigue enfriando nuestros cuerpos—. Vamos a dar un paseo, quiero comer unas hamburguesas contigo otra vez.

Lo sé. Daniel lo sabe, y eso me arranca una sonrisa que no llega a mis ojos. Pero ahora todo está claro: Daniel conoce la verdad, una verdad podrida en mí, una verdad que nos arruinaría. Aun así, su decisión de tomar mi mano es lo que desborda este horrible acto. Él me acompaña hasta el final, y el final ya ha pasado.

Su fuerza aprieta mis sentidos, sus ojos, perdidos al caminar, su cuerpo, rígido, su mente, intentando razonar, sus latidos, sonando en mis oídos.

Somos un recipiente roto, una carta quemada, una piel desgarrada.

Somos las piezas que el otro intenta esconder, las piezas olvidadas que el otro intenta comer. Somos la pieza del otro.

Una que no puede siquiera llenar un corazón partido, un alma destruida, una mente perdida.

Nos subimos al carro y nos vamos, dejando atrás lo que no podremos curar jamás.

Perdóname, Adan, por seguir viviendo, pero te aseguro que nuestros pecados los sigo recordando y los sigo cargando, hasta que el peso de mi destino me arrastre a tus brazos y puedas reírte de mi sufrimiento una vez más.

☆☆☆

Hola 👋. Esta historia ha llegado a su final. 🤍
Gracias por haber llegado hasta aquí y por darle una oportunidad a mi historia. Espero que les haya gustado y me encantaría saber su opinión sobre ella. 🫶




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