La pobreza del millonario [rom Com - Concurso]

Capítulo 7

CAPÍTULO 7: La traición que duele

Día 3 – Café Libertad, 10:23 AM

Arturo había dormido tres horas en dos noches. No tanto por la cama dura o el ruido constante del edificio —aunque ayudaban—, sino porque cada vez que cerraba los ojos veía el contador de mensajes no leídos subir como una deuda que nunca podría pagar.

Treinta y siete de reporteros. Doce de “amigos” con preocupación que olía a distancia preventiva. Cero de Valentina tras su ruptura. Cero de Isabella tras su corte quirúrgico. Tres de Lucía, cada uno más desesperado por “oportunidades futuras cuando te recuperes”.

Y uno de Adriana: “Café. Hoy. 10 AM. Necesitamos hablar de verdad.”

El tono le había puesto los nervios de punta. “Necesitamos hablar de verdad” era código universal para “esta conversación te va a doler”.

Ahora estaba en la mesa del rincón —ya la pensaba como “su” mesa, luego se corrigió: nada era suyo ahora—, con un café de dos dólares que, sorprendentemente, sabía mejor que muchos de veinte. Y un nudo en el estómago que ninguna cafeína iba a deshacer.

Adriana llegó a las 10:23 exactas. Cosa rara. Ella solía moverse en rangos de diez minutos porque “el tiempo es una construcción social y mi agenda es caos organizado”.

Pero hoy llegó puntual. Y con la cara que ponía cuando iba a fotografiar algo crudo y necesario.

Se sentó sin ceremonia. Sin desempacar equipo. Sin pedir nada. Solo se sentó, manos planas sobre la mesa, y lo miró con esa intensidad que le desnudaba el alma.

—Mentiste —dijo sin rodeos.

El estómago se le convirtió en piedra.

—¿Sobre qué?

—No me insultes fingiendo que no sabes de qué hablo —sacó el móvil, abrió algo y lo giró hacia él.

Financial Times. Titular: “LA CAÍDA DE LA VEGA: ¿TRAGEDIA GENUINA O TEATRO CORPORATIVO?”

Arturo leyó, sintiendo la sangre irse de la cara.

El artículo cuestionaba todo. Inconsistencias en el timeline. Analistas escépticos sobre cómo alguien pierde tanto tan rápido sin señales previas. Cita de fuente anónima “cercana a la familia” diciendo que era “más complejo de lo que parece”.

—Esto es… —empezó.

—Déjame terminar —lo cortó—. Al principio pensé que era mierda sensacionalista. Pero recordé algo. Ese día en la galería, cuando nos conocimos. Me preguntaste qué pensaba de gente que finge experiencias para probar teorías.

—Era hipotético…

—No lo era. Estabas tanteando. Viendo cómo reaccionaría —su voz era calmada, pero debajo vibraba la rabia—. Y luego está esto: ayer, después de irme de tu cuarto, volví. Olvidé darte mi número por si necesitabas algo. ¿Y sabes qué vi?

—Adriana…

—A tu chofer. Miguel. Aparcado a dos cuadras. Mercedes negro. Esperando. Como si estuviera de guardia.

Mierda. Miguel. Ocho años de lealtad no desaparecen porque le pidas “espacio”.

—Estaba preocupado…

—¿Entonces es verdad? —no era pregunta—. No del todo verdad. Perdiste acceso público al dinero, sí. Pero lo de estar arruinado de verdad, lo de vivir en pobreza, lo de… ser sincero conmigo —la voz se le quebró un segundo en la última palabra—. Eso fue teatro.

—No. Adriana, escúchame…

—¿Escuchar qué? ¿Otra mentira bien armada? —se inclinó hacia delante, ojos brillantes—. ¿Sabes qué es lo peor? No que mintieras sobre el dinero. Es que me convertiste en tu conejillo de indias. Tu prueba personal de “¿qué pasa si una chica normal conoce a un rico disfrazado?”.

—No eras prueba. Tú fuiste la única que…

—¿La única que qué? ¿Pasé tu examen? ¿Demostré ser lo bastante auténtica para el millonario jugando a pobre?

Carlos pasó con una bandeja, leyó el ambiente y se desvió discretamente.

Arturo sostuvo su mirada, aunque le quemaba.

—Tienes razón. En todo. Lo orquesté. El dinero no desapareció de verdad —está en trusts, intacto—. Y sí, estaba probando a la gente. Viendo quién se quedaba sin la plata.

—¿Por qué?

—Porque necesitaba saber si alguien podía verme como algo más que una cuenta bancaria con pulso. Mi madre murió cuando tenía quince. Ella fue la última que me quiso sin condiciones. Desde entonces todo ha sido transacción. Y me estaba volviendo loco sin saber si era yo o si el mundo es así.

—Entonces me usaste para averiguarlo.

—No. Te conocí y eras distinta. Auténtica. Y sí, me pregunté si seguirías siéndolo sabiendo lo del dinero. Así que… probé.

Adriana soltó una risa sin humor.

—¿Oyes lo que dices? Me convertiste en experimento. Sin preguntarme. Sin darme opción de elegir si quería participar en tu drama psicológico.

—Lo sé. Y lo siento.

—¿Lo sientes? —la voz subió un punto, luego se controló—. Arturo, vine a tu cuchitril. Traje comida. Me preocupé. Dudé de mis propios prejuicios porque pensé: “Quizá me equivoqué con los ricos. Quizá este es decente de verdad”. Y todo el rato estabas actuando.

—No todo fue actuación. Lo que sentí contigo, las charlas, la conexión…

—¿Cómo voy a saber yo qué fue real? Construiste algo sobre una mentira de base.

Arturo no tenía réplica. Porque tenía razón.

El silencio cayó pesado.

—Mi padre —dijo ella al fin, más baja pero igual de firme— me dijo antes de morir: “Adriana, la gente te muestra quién es. Tu trabajo no es cambiarla ni probarla. Es creer lo que te muestra”. Y yo creí que me estabas mostrando vulnerabilidad. Búsqueda real. Alguien perdido queriendo conectar.

—Lo estaba buscando…

—No. Buscabas confirmar que el mundo es una mierda. Y cuando apareció una excepción, no pudiste aceptarlo. Tenías que probarla. Tenías que joderla —se levantó—. Vine esperando que negaras el artículo. Que dijeras que eran conspiranoias. Pero no lo hiciste. Porque es verdad.

—Adriana, espera…

—No —recogió su bolsa—. No me pidas que espere. No me pidas que entienda. Estudié ética en la carrera, Arturo. Sé lo que es consentimiento informado. Y esto —señaló entre ellos— no lo tuvo.

—¿Entonces se acabó? ¿Ni siquiera me dejas explicarlo todo?



#1503 en Novela romántica
#441 en Otros
#195 en Humor

En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.