La pobreza del millonario [rom Com - Concurso]

Capítulo 11

CAPÍTULO 11: Inesperada riqueza emocional

Día 28 – Café Libertad, 7:42 AM (Domingo)

Arturo había descubierto que el Café Libertad abría a las seis los domingos para atrapar a los que salían de turno nocturno y a los que habían renunciado a dormir como concepto. Carlos estaba solo tras el mostrador, preparando café con la precisión de quien lo había hecho diez mil veces y podía hacerlo con los ojos vendados.

—Nuevo rico —saludó sin alzar la vista de la máquina—. Temprano para un domingo. ¿Insomnio o virtud recién adquirida?

—Necesito usar tu horno.

Carlos levantó la cabeza al fin, evaluándolo con esa cara de quien lo ha oído todo en cuarenta años de café, pero esto era nuevo.

—¿Mi horno comercial? ¿El que uso para hornear pasteles con los que pago la renta?

—El mismo. Te pago.

—¿Con qué? Trabajas en almacén a doce la hora. Llevas viniendo lo suficiente para que haya hecho las cuentas —Carlos sirvió café en una taza que Arturo no había pedido, pero que necesitaba—. ¿Qué vas a hornear?

—Galletas. Para la cena de esta noche en casa de Paola.

—Ah. Las cenas de domingo de Paola. He oído hablar de ellas —Carlos pensó, manos apoyadas en el mostrador pulido por décadas—. ¿Sabes siquiera hornear galletas?

—YouTube tiene tutoriales.

—YouTube también tiene tutoriales de cirugía cerebral. No significa que debas intentarlo —pero sonrió—. Vale. Trato. Usas el horno gratis. A cambio curras el turno de mañana. De ocho a doce. Limpias mesas, rellenas azúcar, haces lo que haga falta. ¿Trato?

—¿Cuatro horas por un horno?

—Cuatro horas por horno profesional que cuesta más que tu portátil, más ingredientes de mi almacén, más mi supervisión cuando quemes el primer lote. Créeme, nuevo rico, sales ganando.

Arturo extendió la mano.

—Trato.

Carlos la estrechó con fuerza de quien ha currado toda la vida.

—Bien. Bebe ese café, ve al almacén de atrás y trae harina, azúcar, mantequilla, huevos y chips de chocolate. Te voy a enseñar lo que mi abuela me enseñó sobre galletas de verdad.

8:34 AM – Cocina trasera del Café Libertad

La cocina era pequeña y eficiente, llena de equipo que había visto décadas pero estaba impecable. Carlos manejaba todo con precisión quirúrgica, cada gesto deliberado, cada ingrediente pesado a ojo.

—Regla primera —dijo, sacando mantequilla—. A temperatura ambiente. Ni fría, ni derretida. Así —presionó y cedió, pero mantuvo forma—. Esa textura.

—¿Cómo sé cuándo está?

—Lo sabes. Con práctica. Como casi todo lo que importa —empezó a batir mantequilla con azúcar, brazos moviéndose con ritmo antiguo—. Mi abuela hacía estas cada domingo. Cincuenta años. Cada domingo. Cuando murió, mi madre siguió. Ahora yo. Algún día mi hija, si deja de fingir que es demasiado cool para hornear con su padre.

—¿Tienes hija?

—Veintidós. En la uni. Ingeniería, porque al parecer servir café no “maximiza potencial” —sonrió—. Está bien. Quiero que tenga más opciones que yo. Pero en secreto espero que vuelva, se haga cargo del local y mantenga las galletas vivas.

—Las tradiciones pesan.

—Las tradiciones son todo —le pasó el bol—. Tu turno. Bate hasta que esté cremoso. Te digo cuándo parar.

Arturo batió, brazos —ya curtidos por tres semanas de almacén— aguantando mejor que hace un mes.

—Más rápido. No le susurres. Haz que los ingredientes se conozcan de verdad —añadió huevos, uno a uno—. ¿Ves? Incorporas bien cada uno antes del siguiente. Las prisas estropean galletas. Y relaciones. Y casi todo.

—Filosofía profunda para una receta.

—Las galletas son filosofía. Piden paciencia, atención, aceptar el proceso aunque quieras saltarte pasos. Como cualquier cosa que valga la pena —añadió vainilla, aroma llenando la cocina—. Ahora harina. Pero primero dime: ¿por qué haces esto?

—¿Hacer qué?

—Todo. El experimento. Vivir aquí. Currar en almacén. Hornear en café de un viejo porque no tienes cocina. ¿Qué buscas de verdad?

Arturo siguió batiendo, buscando respuesta honesta.

—Empezó como probar un punto. Sobre la gente. Sobre el amor. Sobre si alguien me querría sin pasta.

—¿Y?

—Descubrí que preguntaba mal. No se trata de si otros me querrían sin dinero. Se trata de si yo puedo ser alguien sin usarlo como escudo. O muleta. O excusa.

Carlos asintió, añadiendo harina.

—Buena respuesta. Sincera. Pero me dice algo más.

—¿El qué?

—Que aún lo ves como problema intelectual. Algo para resolver. Pero la verdad, nuevo rico: no piensas tu camino a ser mejor persona. Lo vives. Día a día. Elección a elección. Sin saber si lo haces bien.

—Eso asusta.

—Bienvenido a ser humano. Asusta a todos. Solo que la mayoría no tenemos opción de huir a millones cuando se complica —vertió chips de chocolate, cantidad perfecta sin medir—. Mezcla suave. Solo hasta integrar. Mezclar de más endurece las galletas. Como pensar de más endurece decisiones.

Arturo mezcló, viendo el chocolate repartirse en la masa.

—¿Puedo preguntarte algo personal?

—Tras dejarte usar horno y secretos familiares, adelante.

—¿Te arrepientes alguna vez? De tener el café. De no hacer algo… más grande. Más reconocido.

Carlos se quedó quieto, pensando de verdad.

—Todos los días —dijo al fin—. Me pregunto cómo sería si hubiera ido a la uni. Carrera corporativa. Cosas que la sociedad llama “éxito” —empezó a formar bolas de masa con precisión antigua—. Pero luego llega un domingo por la mañana. Y entra un padre solo con su hija de cinco, pide chocolate caliente con extra nata aunque no esté en carta. Lo preparo especial, veo la cara de la niña iluminarse y el padre me da las gracias porque tuvo semana dura y eso la hizo feliz.

—Y eso basta.

—No siempre. A veces aún pienso en el camino no tomado. Pero la mayoría de días, sí. Basta —metió la bandeja al horno, puso temporizador—. Once minutos. Ni uno más ni menos. Ahora al frente. Tienes turno que currar.



#1503 en Novela romántica
#441 en Otros
#195 en Humor

En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.