PARTE IV: LA NOTA PARA LOS DE LA VEGA
Arturo escribió una carta a su familia en el departamento secreto. Adelina dormía en la habitación contigua —había sido un día largo de sus propias despedidas.
Eran las 2 AM. Café frío a su lado. El cursor parpadeaba en la pantalla en blanco.
Escribió. Borró. Escribió de nuevo. Borró.
¿Cómo explicar lo inexplicable a gente que nunca entendería?
Finalmente, decidió: simple. Directo. Sin disculpas.
A la familia De la Vega:
Para cuando lean esto, Adelina y yo habremos partido. No revelaré adónde. No porque quiera causarles dolor, sino porque necesitamos la privacidad que no hemos tenido en nuestras vidas enteras.
No estoy renunciando a mi herencia (legalmente imposible de todos modos). No estoy rechazando el apellido De la Vega. Simplemente estoy eligiendo vivir bajo mis propios términos, no bajo el peso de las expectativas de cinco generaciones.
Padre: Sé que esto te decepciona. Probablemente me ves como un traidor. Cobarde. Desperdicio. Quizás tengas razón en cierto sentido. Pero continuar el camino que tú elegiste para mí me estaba matando lentamente. Y prefiero ser un traidor vivo que un hijo obediente muerto.
A mis primos y tíos: Las empresas están en buenas manos. Administradores competentes. La continuidad está asegurada. El legado De la Vega continuará sin mi presencia física. Quizás sería mejor sin ella.
No espero comprensión. No espero perdón. Solo espero —eventualmente— la aceptación de que esta es mi vida para vivir. Y la estoy viviendo.
No desaparezco para siempre. Pero necesito tiempo. Espacio. La libertad de descubrir quién soy sin que el apellido defina cada interacción.
Contacto de emergencia: Ricardo Morales. Él sabrá cómo contactarme si es verdaderamente necesario.
Con respeto pero sin arrepentimiento, Arturo
Leyó la carta cinco veces. Cada lectura se sentía simultáneamente demasiado dura y demasiado suave.
Finalmente, la imprimió. La firmó a mano. La puso en un sobre. La dejaría en el escritorio de su padre —usaría el acceso que técnicamente aún tenía a la mansión familiar para ponerla ahí en la noche de su partida.
Adelina escribió una carta similar a su madre. Más larga. Más emocional. Pero el mismo mensaje esencial: Me estoy yendo. Me ames o no. Pero necesito esto.
Ambas cartas esperaban en sobres sellados. Armas listas para detonar en familias que no las verían venir.
Editado: 14.01.2026