La pobreza del millonario [rom Com - Concurso]

CAPÍTULO 10. Parte I

CAPÍTULO 10: El Anuncio: "Vamos a Ser Padres"

PARTE I: LA PRUEBA

Adelina había estado ignorando señales durante dos semanas.

Náusea matutina que atribuyó a café malo. Fatiga extrema que racionalizó como exceso de trabajo. Sensibilidad en pechos que convenció a sí misma era solo ciclo hormonal irregular.

Pero cuando su periodo no llegó—catorce días tarde, cuando usualmente era puntual dentro de horas—no pudo seguir negando posibilidad.

Era martes por la tarde. Arturo estaba en café trabajando—reunión virtual con CFO de una de sus empresas. Adelina había terminado llamadas temprano.

Condujo al CVS a tres pueblos de distancia. No el local donde alguien podría reconocerla. Pueblo anónimo donde era solo otra mujer comprando... lo que necesitara comprar.

Tres pruebas de embarazo. Marcas diferentes. Porque si iba a hacer esto, necesitaba certeza.

Pagó en efectivo. Cajero adolescente ni siquiera hizo contacto visual—gracias a Dios por pequeñas misericordias de indiferencia millennial.

De regreso a casa, estacionó en entrada. Se sentó en auto durante diez minutos, mirando bolsa de farmacia en asiento de pasajero.

Podría estar embarazada.

El pensamiento era abstracto. Irreal. Como escenario hipotético en reunión de negocios, no realidad actual que estaba viviendo.

Eventualmente, obligó a piernas a moverse. Entró a casa. Subió escaleras a baño.

Leyó instrucciones en las tres cajas. Todas básicamente idénticas: orinar en palito, esperar tres minutos, leer resultado.

Simple. Clínico. Transformador de vida.

Hizo primera prueba. Colocó en encimera. Configuró temporizador en teléfono.

Mientras esperaba, se miró en espejo.

Podría estar embarazada.

Rostro lucía igual. Cuerpo lucía igual. Pero potencialmente, invisiblemente, células se estaban dividiendo. Vida formándose. Futuro ser humano desarrollándose dentro de ella.

El concepto era abrumador.

Temporizador sonó.

Miró palito.

Dos líneas rosa. Inequívocas.

Positiva.

Manos temblaban mientras abría segunda prueba. Misma rutina. Tres minutos. Segundo temporizador.

Positiva.

Tercera prueba. Solo para estar absolutamente, completamente segura.

Positiva.

Adelina se sentó en borde de tina, mirando tres pruebas positivas alineadas en encimera.

Embarazada.

Seis semanas, probablemente. Calculó mentalmente—última vez que tuvo periodo, cuando probablemente había concebido. Noche después de cena en casa de los Whitmore. Habían llegado a casa riendo por algo que Charles había dicho, vino en sistema, sin preocupaciones sobre anticoncepción porque ¿qué era lo peor que podría pasar?

Aparentemente, esto.

No. No "lo peor." Solo... esto.

Embarazada.

Lloró. No de tristeza. No de alegría. De abrumación pura.

Su vida—cuidadosamente construida, meticulosamente controlada—estaba a punto de transformarse de formas que no podía predecir completamente.

Escuchó puerta frontal abrirse. Arturo llegando a casa.

—¡Ade! ¿Estás aquí?

Se limpió cara. Escondió pruebas en cajón (¿por qué? no sabía, solo instinto). Salió de baño intentando lucir normal.

Arturo estaba en cocina, sacando sobras de refrigerador.

—¿Cómo estuvo tu día?—preguntó sin levantar vista.

—Necesito hablar contigo.

Tono hizo que girara inmediatamente.

—¿Qué pasó? ¿Alguien descubrió? ¿Fernando arruinó algo? ¿Tu madre...?

—Estoy embarazada.

Las palabras salieron planas. Sin drama. Declaración de hecho.

Arturo se congeló, contenedor de sobras a medio camino hacia microondas.

—¿Qué?

—Embarazada. Seis semanas aproximadamente. Hice tres pruebas. Todas positivas.

Puso contenedor abajo cuidadosamente. Caminó hacia ella lentamente, como si movimientos bruscos pudieran romper momento frágil.

—¿Estás... cómo te sientes?

—No lo sé. Aterrada. Emocionada. Confundida. Todo a la vez.

—¿Estás segura? ¿Podría ser error?

—Tres pruebas, Arturo. La probabilidad de tres falsos positivos es astronómicamente baja.

Cerebro analítico de Arturo funcionó.

—Okay. Okay. Entonces estás embarazada. Vamos a tener bebé.

—En aproximadamente siete meses y medio.

—Siete meses y medio.

Se miraron. Verdad asentándose.

—¿Estamos listos para esto?—preguntó Arturo finalmente.

—Nadie está listo. ¿Cómo podrías estar listo para algo que nunca has hecho?

—Buen punto.

—Pero—Adelina tomó sus manos—lo haremos juntos. Como todo lo demás. Un paso a la vez. Una decisión a la vez.

Arturo asintió, apretando sus manos.

—¿Quieres esto? ¿Un bebé? ¿Ahora?

—No lo planeamos. Pero sí, creo que sí. ¿Tú?

Arturo consideró honestamente.

—Estoy aterrado. No sé nada sobre bebés. Pero también... sí. Quiero esto. Contigo. Aquí.

—¿Aquí específicamente?

—Sí. En Valle Sereno. No en mansión con nanas. No en mundo donde crecimos. Aquí, donde puede ser solo... niño. Valorado por quien es, no por apellido o cuenta bancaria.

Adelina sintió lágrimas—estas de alivio.

—Eso es exactamente lo que yo quería decir.

Se abrazaron. Largo. Fuerte. Anclándose mutuamente mientras tierra cambiaba bajo pies.

Cuando se separaron, Arturo preguntó:

—¿Qué hacemos primero?

—Doctor. Confirmar con profesional. Asegurar que todo está bien.

—¿Doctor local?

—Sí. Dr. Ramírez—la ginecoobstetra que Lisa Chen recomendó. Clínica local. Normal. No especialista de lujo en capital.

—¿Cuándo?

—Llamaré mañana. Probablemente pueden verme en semana o dos.

—Okay. ¿Y luego?

—Luego—Adelina sonrió débilmente—empezamos a decirle a la gente. Y a prepararnos para no dormir durante año.

—Suena horrible.

—Completamente.

—No puedo esperar.



#1503 en Novela romántica
#441 en Otros
#195 en Humor

En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.