La pobreza del millonario [rom Com - Concurso]

Parte V

PARTE V: CONVERSACIÓN NOCTURNA

Esa noche, de vuelta en casa, Arturo y Adelina se preparaban para dormir.

Adelina en camiseta grande que era única ropa cómoda ahora que cintura comenzaba a expandirse ligeramente.

Arturo en shorts y camiseta, sentado en borde de cama mientras Adelina se cepillaba dientes.

Cuando salió de baño, encontró a Arturo mirando su vientre con expresión que no podía descifrar.

—¿Qué?—preguntó.

—Hay persona ahí dentro.

—Técnicamente, embrión aún. Pero sí.

—¿Puedo...?

Adelina tomó su mano, la puso en vientre aún plano.

—No sentirás nada todavía. Demasiado temprano.

—Lo sé. Pero está ahí.

Se sentaron así durante momento largo. Mano de Arturo en vientre de Adelina. Ambos procesando enormidad.

—Este niño—dijo Arturo eventualmente—nunca sabrá quiénes fuimos.

—¿Qué quieres decir?

—Nuestra vida anterior. Mansiones. Jets privados. Galas de caridad de mil dólares por plato. Ese mundo.

—Nunca sabrá—confirmó Adelina.

—Solo sabrá quiénes somos. Padres que trabajan desde casa. Que compran comestibles en mercado de agricultores. Que tienen amigos que son mecánicos y enfermeras y maestros.

—Y eso es perfecto—dijo Adelina firmemente—. Porque conocer quiénes fuimos lo cargaría. Con expectativas. Con preguntas sobre por qué elegimos diferente. Mejor que simplemente viva esta vida, sin comparaciones.

—¿Alguna vez le diremos? Cuando sea mayor.

Adelina consideró.

—Quizás. Eventualmente. Cuando sea suficientemente maduro para entender. Pero no como niño. Niños no necesitan peso de legados que rechazamos.

—Acordado.

Arturo se recostó, mano aún en vientre.

—¿Tienes miedo?—preguntó Adelina.

—Aterrado. ¿Tú?

—Completamente. Pero también... emocionada. Vamos a hacer esto diferente. Mejor. Con intención en lugar de inercia.

—No nanas criando nuestro hijo.

—No escuelas de élite donde admisión cuesta más que salario anual de la mayoría.

—No presión para "continuar legado familiar."

—Solo... amor. Y valores. Y presencia.

—Suena simple.

—Es lo más difícil que haremos—dijo Adelina—. Porque requiere estar presente. No delegar. No subcontratar crianza.

—Pero lo haremos juntos.

—Siempre juntos.

Se durmieron así—mano de Arturo en vientre, Adelina acurrucada contra él, ambos procesando que en aproximadamente siete meses, serían tres.

Afuera, Valle Sereno dormía pacíficamente.

No sabiendo que dos de sus residentes más ordinarios estaban a punto de volverse padres.

No sabiendo que el niño que crecía en vientre de Adelina era heredero de fortuna que rivalizaba PIB de países pequeños.

No sabiendo nada excepto que Arturo y Adelina eran buenos vecinos, amigos decentes, miembros valiosos de comunidad.

Y eso—esa ceguera hermosa a su pasado—era exactamente lo que esperaban para su hijo.

Una vida no definida por dinero o apellido.

Sino por carácter, amabilidad, contribución.

Riqueza real.

El único tipo que importaba.

FIN DEL CAPÍTULO 10



#1497 en Novela romántica
#442 en Otros
#194 en Humor

En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.