Desiree no sabía con certeza qué era lo que la había sacado de su sueño; si la luz del sol que se filtraba por la ventana, el calor que comenzó a invadirla o la ligera caricia en su cabello… tal vez se trataba de aquel corazón que palpitaba contra su palma… o los residuos de la resaca.
Como fuera, gimió en protesta antes de acurrucarse contra aquel cuerpo cálido que la había hecho incendiarse la noche anterior y que el solo recuerdo la ruborizaba.
—Insolente e irresponsable —murmuró Anteros con voz ronca.
—¿Qué dices? —farfulló ella levantando la cabeza para ver el cálido azul de sus ojos.
—Tú —apuntó él sin dejar de tocarle el cabello castaño—. Tienes resaca por todo lo que bebiste anoche.
—¿Tú no tienes resacas? —inquirió apoyándose en su codo, pero cubriéndose con la sábana—. ¿Los dioses no tienen algo como el alcohol y la resaca?
Anteros sonrió acomodándose aún más en la cama y consiguiendo la mirada de Desiree sobre sus tatuajes.
—Curiosa —señaló—. Muy curiosa.
La joven suspiró, resignada a no recibir respuesta por parte de él y cerró los ojos para intentar ignorar el dolor de cabeza que le había quedado. No obstante, pronto sintió una suave caricia en su frente y abrió los ojos mientras el dolor se marchaba. Anteros se veía relajado quitándole aquella molestia.
—La embriaguez es una venganza muy pobre para alguien tan rencorosa como tú.
—Creo que eres tú el que quiere continuar con la venganza —apuntó acostándose a su lado de nuevo—. Erik no volverá a molestar en mi corazón.
Anteros suspiró tomándole la mano.
—Este corazón ya ha sido vengado —susurró.
—Sí, has hecho un gran trabajo —respondió ella con gracia.
Entonces el dios de los no correspondidos se apartó de ella para sentarse en la cama y darle la espalda. Desiree observó todos los tatuajes de su espalda antes de incorporarse y acercarse a él.
—¿Estás bien?
Anteros suspiró con un dejo de tristeza y Desiree se apresuró a abrazarlo por detrás para consolarlo.
—Mi hermano y yo tenemos un bar que abrimos todas las noches para los corazones solitarios —comenzó a contar con cierto desánimo—. Servimos una bebida especial para encontrar el amor verdadero, uno que sea totalmente correspondido.
—¿Es de lo que hablaba Eros aquella vez en la pastelería?
—Sí —dijo en voz baja antes de apartarse suavemente del abrazo. La observó a los ojos con curiosidad antes de aproximarle una pequeña tarjeta—. Deberías ir ahora que ya has sido vengada.
Desiree frunció el ceño mirando la tarjeta en sus manos. Estaba por protestar cuando Anteros besó sus labios un breve momento antes de ponerse en pie y comenzar a vestirse.
—¿Quieres que vaya y pida el trago especial de la casa?
—La pócima de Cupido —indicó mirándola con rostro serio—. Te dará todo lo que quieras.
—Nunca mencionaste esto como parte del trato de los bombones.
Anteros suspiró poniéndose su chaqueta de cuero.
—Rompí varias reglas contigo —advirtió mirándola desde la puerta—. Ahora solo quiero hacer las cosas bien y que ese hermoso corazón tenga lo que se merece.
Desiree lo observó con dudas, pero Anteros chasqueó los dedos haciendo aparecer una bandeja con el desayuno sobre la mesa de luz.
—Come bien, duerme bien, ama bien —pidió señalándola—. Tu corazón, más que cualquier otro, ha nacido para ser amado, Desiree.
—Pero…
—Ve al bar esta noche y pide la bebida. Te prometo que todo saldrá bien.
Entonces desapareció con un último chasquido de sus dedos.
***
Aunque Desiree intentó ignorar la confusión que se quedó con ella luego de la partida de Anteros esa mañana, no lo consiguió. De hecho, sintió que había algo mal, pero no sabía qué, él tampoco se lo había dicho. Y esa distancia a la mañana… cómo se fue de allí… ¿acaso ella lo había incomodado? ¿dijo algo verdaderamente malo?
Luego de cumplir con su larga jornada en el hotel, sus pasos la llevaron a la cafetería en la que todo había comenzado. Estaba un poco molesta por cómo acabaron las cosas en la mañana, pero también ansiosa… la noche con Anteros luego de todo lo que le había dicho Erik había sido muy reconfortante. Se había sentido deseada de nuevo, cuidada y cómoda, como hacía un tiempo no lo sentía.
Esta vez se encontró a Darlene en el mostrador haciendo algunas anotaciones en una agenda. Cuando la vio, sonrió de inmediato, como si otra vez supiera algo que ella no.
—Hola —saludó la castaña—. ¿Anteros está aquí?
—Por supuesto —respondió, pero no se movió de su lugar, sino que la siguió observando un poco más—. Veo que lo encontraste.
—¿Qué cosa?
—Lo que buscabas con esos bombones.
Desiree no pudo evitar sentir que cada vez que hablaba con Darlene, había un mensaje encriptado.
—Como digas, ¿me llevas con Anteros?