La portadora de la verdad

Capitulo 2

POV Emine

De pronto se acerca otro hombre con una espada también y se pone en medio mío chocando ambas espadas en ese momento, evitando que el primer hombre que se me acercó me hiriera.

—¡Quítese de en medio príncipe, que la voy a matar a su esposa!—vociferó el hombre con ropa de túnica de cuero con adiciones de metal.

—Parece ser que es un general o algo así—pensé al verlo.

—¡No!—dijo el otro hombre que evitó mi muerte.

—Ella tiene un amante y quiere su muerte traicionándolo—el hombre levanta la espada otra vez con dirección hacía mí.

—¿Cómo se me ocurrió poner esa trama al videojuego?, o lo que es peor ¿por qué tuve que ser esposa de...?—pensé en mis adentros y llegué a la conclusión de que fue bueno ser su esposa pues, este debe ser Yichen—oiga, ¿acaso tiene pruebas de que tengo un amante?—dije rápidamente y ambos hombres voltean a verme.

—Yo la vi a usted con otro hombre—dice el hombre de la túnica de cuero.

—Para matar a la esposa del príncipe debes tener pruebas o varios testigos. ¿Hay más personas que me hayan visto aparte de ti?, porque, sino podrías estarme acusando tal vez injustamente y si se comprueba que no es cierto y nadie más me ha visto podrías morir—el hombre frunce el ceño y yo sonrío.

—¡Malvada!—el hombre vuelve a acercarseme peligrosamente pero, mi esposo se pone de nuevo en medio.

—¡Ya basta!—manifiesta mi defensor—marchese.

—Príncipe—el hombre baja la espada.

—Te he dado una orden general, obedece.

—Sí, mi príncipe—cuando el tipo va a pasar por mi lado se me acerca al oído—esto no se quedará así—dijo y se marchó.

—¿Debería preocuparme por él?—pensé mientras lo veía irse.

—No te preocupes por el general, no dejaré que te haga daño—dice el otro hombre que me defendió con la espada y me fijo en su persona.

Cabello hasta las orejas pelirrojo con ojos de color gris, de estatura de uno setenta y ocho—rayos, este hombre es bastante guapo—dije y lo veo sonreír—te llamas Yichen ¿verdad?

—Me dices guapo ¿y ahora quieres saber mi nombre?

—Eh—si no me dirá él su nombre tendré que preguntarle a alguien o...—refrescame la memoria esposo mío.

Acerca su rostro al mío y pega sus labios a mi oreja—soy Yichen—me da un beso en la mejilla y se aleja sonriendo.

Respiro hondo pues, me puse algo nerviosa por su cercanía y lo veo ir dentro de la casa—¿adónde va?—me pregunté.

Lo veo salir rápidamente otra vez—tengo cosas que hacer, puedes ir adentro y descansar un poco hasta que yo vuelva o hacer lo que quieras tu sabrás, adiós—se marcha y yo pienso en que podría hacer ahora.

Me siento afuera en una gran piedra que hay en el gran patio—a ver, ¿cómo voy ha lograr que él llegue al trono?—estaba pensando en esto y tal vez pasaron varios minutos cuando viene una mujer hacía mí—¿sucede algo?—le pregunto y ella me pasa una hoja doblada en dos—¿qué es esto?

—Me lo dió un hombre vestido de azul y dijo que era para usted de manera urgente—dijo la mujer.

Lo abro y vi que estaba escrito y decía:ven a encontrarnos en el lugar nuestro acostumbrado—rayos, toma esto y quémalo y por nada del mundo lo vayas a abrir—me pongo de pie y salgo hacía ese lugar que supongo es del brujo llamado Matnus que debe ser mi...

Llego a la cueva y veo personas sentadas en círculo hablando—hasta que llegaste—se pone de pie el hombre Matnus con cabello hasta la espalda de color negro como sus ojos.

—Negros como su ser—pensé y él se me acerca como para besarme y yo lo paro.

—¿Qué te pasa?—dice él.

—Es que...—miro a los demás.

—Oh, tienes vergüenza por ellos. Esta bien, por esta vez te lo dejo pasar. Ven, siéntate—manifiesta y le hago caso.

—Ella solo tiene que llevar al príncipe al rio y le da está comida antes para que cuando surta el encantamiento o brujería digan que se ahogo—dice un hombre con vestiduras delicadas de color rojo.

—¡Sí!, ella lo hará—dicen los demás al unísono.

—Eh, yo...—no podía hacer tal cosa pues, si Yichen moría en el juego podría no salir de el o no despertar jamás.

—Debes hacerlo chica porque, sino serás tratada como una traidora hacía nosotros ¿o no lo eres?—manifiesta el hombre de rojo mirándome seriamente al igual que los demás.

—Yo...—¿qué rayos digo?

—Toma, aquí lo tienes. Ahora vete y dáselo—me lo pasa Matnus y me empuja hacía afuera y yo pensaba en que iba ha hacer ahora.



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En el texto hay: romance, espiritual, antiguachina

Editado: 14.01.2026

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