La portadora de la verdad

Capitulo 4

POV Emine

Me fui al cuarto pues, Yichen quería que me pusiera muy presentable y tuve que cambiarme de ropa y ponerme una túnica con falda de seda de color amarillo.

Las siervas eligieron la ropa y me ayudaron a ponérmela y me peinaron haciéndome un moño que cuelga hacía un lado, me sentía como una muñeca y me querían poner una horquilla.

—No me pondrá tal cosa en el cabello—dije y veo a una de ellas venir hacía mi como con unas perlas—¿qué harás con eso?—quería saber donde se le ocurriría ponerme aquello.

—En su cabello por su puesto para adornar el moño—manifestó la sierva que lo traía y logró ponerme uno y yo con molestia me la quito y la tiro al suelo—¿pero que le pasa señora?

—Es que de seguro le gusta más las redecillas doradas que otra cosa, realza un aspecto elegante y lujoso, ¿verdad señora?—dice otra de las siervas que estaban en el cuarto ayudando y la veo ponérmelo muy sonriente, yo trato de controlar mi molestia y celo por la palabra.

—Vamos señora mía, déjese poner estas perlas junto a la redecilla dorada—vino a ponérmelo otra vez la misma sierva que me lo había puesto y no pude aguantar más.

—¡Ya basta!—me arranco de una la redecilla del moño con gran malestar.

—Se-se-señora—las veo a las dos espantarse.

—¿Qué hicimos mal señora mía?—me pregunta una de ellas.

—Habla en las escrituras lo siguiente:1 Timoteo 2:9
[9]Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos,
Y en 1 Pedro 3:3
[3]Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,

—¿De qué escritura habla señora?—las veo fruncir el ceño a ambas.

—Es la biblia, de todas formas no me pongan nada de adornos en la cabeza con el moño es más que suficiente—las veo asentir con la cabeza.

Se acerca a mi con algo en la mano como si fuera...—¿qué rayos es eso?—le pregunté.

—Es polvo de arroz—fue lo que respondió.

—No me pondrás tal cosa.

—Entonces déjese hacer un huadian—fruncí el ceño—si no se acuerda es un adorno o diseño generalmente de color rojo con en la frente entre las cejas de las personas y no se preocupe le pondremos una perla para que sepan que es de clase social alta—me molesté un poco al escuchar esto último.

Me puse de pie—no me pondrás algo parecido al tercer ojo en la cara pues, soy cristiana—salí del cuarto y como de un de repente se cambia el ambiente y todo.

Veo entonces frente a mí una arquitectura imperial que incluía tejados con dragones—Emine ya tenemos que entrar, ven conmigo— me llama Yichen y lo veo muy bien cambiado con una túnica del mismo color que yo.

Entramos y nos encontramos cerca de la mesa a dos parejas—así que viniste Yichen—dijo un hombre de cabello negro y ojos cafés.

—Tenía que venir al banquete de nuestro padre, hermano Yixang—la mujer que estaba con él tenía una horquilla roja en su cabeza y su rostro se le notaba claramente el polvo de arroz junto con la huadian entre las cejas. Tiene el cabello y ojos negros y su rostro es de forma circular.

—¿Y quién es esta...?—dijo la mujer mirándome de arriba abajo.

—Soy Emine, un placer—le ofrecí mi mano como forma de saludo—no dejaré que ella me intimide—pensé y la veo fruncir el ceño.

No me daba la mano y Yichen lo notó—ejem, ella es mi esposa llamada como dijo, Emine.

—¡Oh, entiendo!—me dió una sonrisa pero, discerni que era falsa. Yo pude notar su malestar al verla apretar con fuerza en puño una de sus manos.

—Mejor tomemos asiento que vi que ahí viene nuestro padre—dijo Yixang y nos sentamos.

Anuncian la entrada del emperador y todos se inclinaron, yo por supuesto no lo hice y algunos de los que venían con él se dieron cuenta además del emperador que me miraba fijamente.

—¿Cómo se atreve a no inclinarse ante el gran emperador de China?—dijo uno de ellos que debía ser un eunuco supuse.

—¿Y ahora que se supone que diga?, ¿qué soy cristiana y temerosa de Dios y no me inclinaré ante nadie excepto Dios?—estaba pensando todo esto cuando siento que Yichen agarra mi mano y me jala un poco como para que me incline y yo, no lo hice.

El emperador se sienta en una silla y los demás empezaron a enderezarse y Yichen me miraba con ceño fruncido—¿qué es lo que te pasa?, ¿por qué...?—dijo él hasta que el eunuco se acerca a nosotros.

—Su majestad no va a tolerar tal atrevimiento por eso, manda darte una oportunidad para que te inclines cuando te acerques a él—me jala por un brazo prácticamente empujándome hacia el emperador poniéndome al lado de él—¿qué está esperando?, ¡inclínese!—manifestó el eunuco.

—Yo no...—no sabía como explicarle sin que Yichen saliera afectado en todo esto po mi causa y el emperador me miraba con notable molestia al no verme hacer la inclinación.

—¡Pero, que osadía!, hablarle al emperador diciendo que no ante la grandeza de su majestad negándose a obedecer este mandato de su parte—vi al emperador golpear la mesa con furia y di un respingo entonces, alguien le trae al eunuco una vara.

Levantó la mano para golpearme con ella y en ese instante alguien se pone en medio y me cubre como en un abrazo e impide que sea golpeada pero, de seguro recibió el golpe por mi.

Volteo el rostro y noto que es...—¡Yichen!



#4816 en Otros
#9436 en Novela romántica

En el texto hay: romance, espiritual, antiguachina

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.