POV Emine
—¿Está bien emperador?—dije y él me pasa la tasa con el té y yo lo pongo en la mesa.
—¿Qué fue lo que acabaste de decir?—manifiesta él después de estar mejor.
—Que si está bien...—¿acaso encontraba extraño que yo preguntará como estaba?
—Eso no mujer de Yichen, lo otro. Lo otro que dijiste.
—Ah, eso. Lo que quise decirle es que el examista está vendido para hacer pasar solamente a Yixang el exámen para ser emperador—se pone de pie de golpe cuando termino de hablar y se acerca hacia la ventana a mirar.
—Su majestad, ¿se encuentra bien?—se le acerca una mujer la cual, no me había dado cuenta que estaba ahí con nosotros además de la sierva y yo.
—Dile a una de las siervas que llame a Matnus y lo haga venir aquí.
—Pero, debe estar con los muchachos en el exámen...—dice la mujer quien debía ser su concubina.
—¡Ahora!—vocifera el emperador y todos yo incluída, damos un respingo lo que lo escuchamos.
—Si-si—se voltea hacía la sierva que vino conmigo—ya lo oíste, haz que venga Matnus. Rápido, rápido.
—Si, señora—la sierva se va a toda prisa y yo comienzo a pensar si Matnus no sospechará o pensará que fui yo quien se lo dijo al emperador.
Estaba pensando en esto y pidiendo a Dios misericordia para conmigo pues, si Matnus sabía que era yo podría matarme y mientras estaba en esto llega él con la sierva.
—Aquí está emperador—dice la sierva en cuanto llegan y el emperador se voltea hacía ellos.
—¿Para qué me necesita mi emperador?, los chicos aún no terminan el exá...
—¡Calla!—vocifera él no dejando terminar de hablar a Matnus. Ambos se ponen serios.
—¿Mi emperador...?—Matnus no parecía darse cuenta aún de lo que pasaba.
—Quiero que los exámenes los traigan aquí y tú junto con otro ministro capacitado, frente a mí corregirán los exámenes. ¿Quedo claro?
—¿Pero, a qué se debe ese cambio?—el emperador me mira y Matnus también.
—Oh Dios mío ayúdame, no dejes que él diga que fui yo—pensé en mis adentros.
—Alguien me lo dijo que es de confianza—dijo el emperador y yo puedo volver a respirar.
—Ahora, quiero que todos salgan y tú Matnus, regresa cuando ellos terminen el exámen ya que, un ministro que yo seleccionaré corregirá los exámenes y tu junto conmigo lo verificaremos—miro a Matnus y puedo notar que lo que él le dijo no le gustó nada.
Salimos y cuando ya estamos fuera se me acerca Matnus agarrándome del brazo—no me digas que fuiste tu que se lo dijiste—rayos.
—Yo-yo...—¿qué podría decir más que clamar a Dios en ese momento?
—¿Acaso crees que soy idiota para no darme cuenta?—me aprieta el brazo tan duro que de seguro tendré un moretón.
—¡Ah!, me lastimas—me suelta de golpe empujándome un poco hacía atrás y me mira con cara de pocos amigos.
—No pienses que esto se va a quedar así—me señala con el dedo—no quieras tu saber lo que te va a pasar por traicionarme de esa manera.
—Ya vete, ¿quieres?— saqué fuerza y además, no quería seguir escuchando sus amenazas—tengo que tener fé de que Dios me protegerá y podremos salir juntos Yichen y yo de este juego.
—¿Con qué así me hablas?, ya verás—me hala del brazo hacía fuera del pasillo.
—¡Suéltame!, ¡auxilio!—nadie se acercaba—Dios, ¿vas a dejar que este hombre me mate y salga yo del juego?—dije en mis adentros y me inclino y le muerdo el brazo con todas mis fuerzas.
—¡Ya verás!—Matnus hace como que me va a golpear pero, alguien lo detiene.
—Tio, con ella no te metas—escucho la voz de Yichen y me lleno de paz.
—Prí-príncipe—Matnus parecía estar algo asombrado o ¿asustado?
Yichen vio como me agarraba y me lo quitó del brazo empujándolo—vámonos de aquí—me toma de la mano y nos vamos rumbo a nuestro hogar dejando a Matnus atrás.