POV Emine
Despierto y miro a mi alrededor notando que estaba frente a un grupo de personas las cuales estaban hablando entre si. Yo me sorprendo pues, estaba en la cama y ahora estoy aquí.
—¿Y Yichen?—me pregunté queriendo saber como se encontraba—¡ah!, ahí está—lo vi cerca del emperador con Yixang a unos pasos más allá con Matnus murmurando entre sí—ya veremos si saldrán las cosas como querías Matnus—pensé llena de esperanzas.
—¡Silencio en la sala!—vocifera uno de los siervos y todos comienzan a dejar de hablar y miran al emperador atentos a ver que se dirá y yo también hice lo mismo.
—Como todos ya sabrán los resultados de los exámenes ya están listos y ya tengo quien será mi sucesor dentro de un par de días y es...—dice el emperador y todos lo miran muy atentos yo incluída.
—Por favor mi Dios que sea Yichen—dije en mis adentros.
—Y es...
—Yichen, Yichen—decía dentro de mí queriendo que sea él el sucesor.
—Yi...—el emperador hace una pausa mirando a todos poniéndome ansiosa por saber cuál es la respuesta—es mi hijo Yichen.
—¡Waa!—no pude evitar gritar de la emoción y voy hacía Yichen—¡si, si!—vocifero muy contenta junto con Yichen y él emperador y Yichen me agarra de la mano y yo me le acerco más y le doy un abrazo—¡felicidades!—después de felicitarlo miro a mi alrededor y las personas en la sala estaban murmurando cuando volteo a ver a Matnus, lo veo muy serio.
—Felicidades hermano—el otro hermano de Yichen en el juego lo felicita y queriendo disimular su gran disgusto o enojo Matnus también viene a felicitarlo junto con Yixang.
—Muchas gracias—fue lo que le dijo Yichen a ellos dos.
—Como ustedes pueden ver yo ya estoy viejo y sabrán los dioses cuando es el día de mi muerte pero, aquí está mi siguiente sucesor—el emperador señala a Yichen—cuiden bien de él.
—¡Si, emperador!—dicen al unísono todos en el lugar excepto Yichen y yo.
Lo miro—ya estamos más cerca de salir de este juego—pensé mientras contemplaba su rostro sonriente.
Nos vamos a casa y cuando pasa un día algo sucede—¡príncipe!, el emperador está gravemente enfermo y quiere que usted lo vea antes de morir—le dijeron eso a Yichen pero, sentía que algo no estaba bien y él decide ir solo.
Me opuso pero dijo que simplemente iba a visitar a su padre nada más sin embargo, no estaba tranquila al respecto.
Me senté en una silla y me puse a pensar en el juego—a ver, siento que hay algo que estoy olvidando...—miro al cielo—¿qué será señor?—me viene de pronto al cerrar los ojos como una palabra iluminada—¡oh, no puede ser!—me pongo de pie de prisa en busca de ayuda.
—¡Rápido!, debemos ir al palacio real ¡pronto!—dije apurada—vengan todos los más que puedan de la guardia y avisen en el palacio real también pidan ayuda por Yichen.
Los siervos de la casa me miran como si me estuviera volviendo loca—¿qué les pasa?, ¡apúrense!
—¡Si, señora!
Pedí un caballo para ir también—usted no puede ir pues, es una mujer. ¿Acaso piensa pelear con nosotros?—me dice uno de los guardias y yo lo miro seriamente.
—Voy a ir aunque tenga que pelear o algo así. Así que, no me detengas—le dije.
Él se da la vuelta y trae una armadura que traía como pantalones y me lo pasa—¿qué quieres que haga con esto?—le pregunté y él me mira con seriedad también.
—No puede ir así. Debe protegerse, así que, póngaselo—mieo el pantalón y recuerdo algo que me enseñó Dios sobre la ropa.
Recordaba que en Deuteronomio 22:5 No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace.
Por tanto, el pantalón es ropa de hombre y la mujer no debe vestirlo y la que lo hace está desagradando a Dios y no podrá ir al cielo si usa esa ropa sino que, irá al infierno en lugar del cielo porque, hace caer a los hombres en pecado de adulterio o fornicación con la ropa solo viendo la mujer vestida así. Me acordé de todo eso que me había dicho el Espíritu Santo—no me lo pondré todo sino, solo una parte ¿de acuerdo?
—Bien—me coloco la coraza y tomo una espada subiendo al caballo partimos todos al palacio real—señora, ¿realmente cree que él príncipe Yichen está en peligro de muerte?—me pregunta el guardia.
—Si pues, Jian para hacer el juego más entretenido quiso que hubiera guerra entre hermanos para tomar el trono eso es para terminar el juego—le digo y él me mira sin entender.
Avanzamos por el camino y yo estaba angustiada y oraba a Dios queriendo que todo salga bien y que Yichen no fuera atacado o peor aún, que haya sido herido y haya muerto entonces, tal vez quede mal al salir del juego—no Emine, confía en Dios—me fui con este pensamiento creyendo que más grande es Dios que cualquier otra cosa.