La pradera de flores

Descubriendo que el estanque está seco

Escribir ayuda a organizar los pensamientos.

Al menos eso pienso.

Abro mi cuaderno, olvidado bajo el cajón, y dejo que la pluma se exprese.

A veces siento que mi mente está siendo drenada y que nada puede detener el fluir del viento dentro de un espacio cerrado. Lo que siento no concuerda con eso que llaman felicidad.

Una emoción repentina y escasa. Esa que recorre tus venas durante unos segundos y luego se escapa sin avisar.

Nada parece encajar.

Todo es un sinfín de quehaceres que, con el tiempo, se borran. Solo vives, envejeces y desapareces.

La juventud no importa.

Tú tampoco.

Solo existe el hoy: crudo, indiferente, sin relevancia.

¿Qué escribo?

Ya no importa. Son solo obstáculos de una vida que se esfuma mientras todo cambia.

El tiempo es introvertido. Mantiene sus emociones en privado. Solo sobrevuela cada segundo de mi existencia, reservado, dejando atrás únicamente el paso de los años mientras montones de preguntas se acumulan.

¿Por qué?

¿Es importante?

Nada importa.

Miro la distancia resignada, preguntándome si esto era lo que imaginaba.

No.

No era esto.

Entonces aparece un cuervo atravesando el cielo de una gigantesca pradera que parece infinita.

Quejumbroso y oscuro, casi sin vida, cada aleteo suyo despierta los recuerdos que intentaba mantener ocultos, bajo llave.

No sé qué escribo.

No sé qué siento.

Bueno...

Quizás ya no importa.

Pedí la cuenta de todo.

Un vacío profundo me sumerge. Una victoria sin prisa. Un suspiro que no basta, porque nunca parece suficiente.

Es tan difícil exteriorizar las emociones cuando sientes que a nadie le importa lo que llevas dentro.

O quizás eso es lo que he creído siempre.

La culpa es del tiempo, que ha sido reservado y silencioso.

Es lo que me toca.

Una irrealidad que solo vive en mi memoria.

Una imaginación alimentada por las historias que Disney me enseñó, donde bastaba con encontrar la secuencia perfecta de pasos para abrir la puerta hacia un mundo mágico y el cuervo nunca podría alcanzarme.

Qué ilusa.

El cuervo encontró el camino antes que yo.

El pasado

Vivo pintando un futuro diferente para no pensar en el pasado.

En cómo debía ser.

En cómo no fue.

Las decisiones que tomé.

El peso de ellas.

Cada paso que no cambia.

Cada día que pasa.

Es el tiempo que, revoloteando, voló olvidándose de que aún seguimos aquí, esperando simplemente sobrevivir.

Maldita la vida que nos ha tocado vivir.

Cierro el cuaderno y lo devuelvo a su sitio, esperanzada por nuestro próximo encuentro.

Espero que la próxima vez no tenga polvo.

Estoy más lúcida.

Gracias por dejarme escribir, escuchame y comprenderme.

La alegría es una opción.

Pero entonces recuerdo...

¿Dónde estaba cuando el cuervo me miró?

Dejó caer una pluma.

Y el estanque del mundo mágico se secó.

Me arrastró de vuelta a la realidad.

¿Con quién?

¿Para qué?

Si nadie me espera.

Fui arrancada del ensueño que de niña tanto añoré, y ahora solo me queda sobrepensarlo todo.

La paz que me envolvía se deshizo junto al sueño que por fin había conciliado.

Espero no verte de nuevo.

Qué ingenua.

Aún le quedan muchas plumas al cuervo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.