La pradera de flores

Quién soy

Suena el despertador, puntual como siempre, el tiempo introvertido que solo se siente, de mala gana me levanto y preparo para otra jornada a la que ya estoy programada.

Trabajo como programadora , es irónico no. Cualquiera pensaría que puedo programar mi propia vida, que lejos de la realidad.

Cada día cumplo una lista de tareas para asegurarme de que todo funciona correcto, sino repararlo. Al finalizar mis asignaciones me traslado al mundo mágico está vez viajo unos 15 años en el pasado, cuándo apenas tenía 13 años y soñaba con una vida de cuentos de hadas. Quería abandonar la casa de mi madre sin saber las pesadas cargas que eso conllevaba.

Camino por el irreconocible prado, tan lleno de vida, diversos tipos de flores y animalitos que cantan, necesito parpadear varias veces para acostumbrarme, es tan diferente, tan brillante. No lo recordaba así.

Veo un hermoso cuerno oscuro aletear maravillosos recuerdos, ese viejo amigo que ahora solo me deja anhelo.

Veo una pluma, no sabía el negro podría ser tan brillante. Al tocarla me traslado a otro lado del prado donde unos animalitos juegan y trabajan animados y felices. A su lado está el lago en su máximo esplendor, me desnudo y nado. Es tan fresco que casi olvido que solo es un surruro del pasado.

El timbre me saca de mi sueños, con una sonrisa abro la puerta, es el mensajero que trae mi almuerzo.

Disfruto aún rebosante de alegría mi comida es mi favorita carne de res con tostones de plátano verde.

Al terminar, regreso a mi mesa de trabajo, entiendo mi computadora y regreso a la lista de tareas.
Cuando estoy por caer rendida de aburrimiento miro que en mi mano aún sostenido esa brillante pluma. Mirando las otra en el cajón oscuras casi sin vida está es como si aún pudiera volar.

No entiendo cómo, eso no importa, si sé que a partir de ahora todo será más emocionante.

Decido marcar en el calendario el próximo sábado, será el día que visite a mi madre. A lo mejor hablarle de mis sueños lo hagan mas brillante.

Te veo en tres días. Ya no me entretengo que necesito terminar mi jornada. Le mensajeo.

Dejo el teléfono y me desconecto.
Suena el despertador, puntual como siempre.
El tiempo, tan introvertido como de costumbre, nunca llega tarde.
Yo sí.
De mala gana me levanto y me preparo para otra jornada para la que llevo años programada.
Trabajo como programadora.
Es irónico, ¿no?
Cualquiera pensaría que puedo programar mi propia vida.
Qué lejos está eso de la realidad.
Cada día cumplo una lista de tareas para asegurarme de que todo funcione correctamente. Si algo falla, lo reparo.
Al terminar mis asignaciones, me traslado al mundo mágico.
Esta vez viajo quince años al pasado, cuando apenas tenía trece y soñaba con una vida de cuentos de hadas. Anhelaba abandonar la casa de mi madre sin imaginar el peso que aquella libertad terminaría cargando.
Camino por el irreconocible prado.
Está lleno de vida.
Flores de todas las formas imaginables se balancean con el viento mientras pequeños animales cantan y trabajan sin descanso.
Necesito parpadear varias veces para acostumbrarme.
Es tan diferente.
Tan brillante.
No lo recordaba así.
Entonces lo veo.
Un hermoso cuervo de plumas oscuras atraviesa el cielo.
Cada aleteo despierta recuerdos que creía dormidos.
Ese viejo amigo que ahora solo sabe dejarme nostalgia.
Una pluma cae lentamente frente a mí.
No sabía que el negro podía brillar tanto.
La tomo entre mis dedos.
En un instante, el paisaje cambia.
Estoy al otro lado del prado.
Los pequeños animales continúan jugando y trabajando felices.
A pocos pasos, el lago luce en todo su esplendor.
Me quito los zapatos y entro al agua.
Está tan fresca...
Por un momento olvido que todo esto no es más que un susurro del pasado.
El timbre me arranca del sueño.
Con una sonrisa abro la puerta.
Es el mensajero.
Trae mi almuerzo.
Carne de res con tostones de plátano verde.
Mi favorito.
Mientras como, todavía puedo sentir la frescura del lago.
Al terminar, enciendo la computadora y regreso a mi lista de tareas.
Cuando el aburrimiento está a punto de vencerme, noto algo extraño.
La pluma sigue en mi mano.
La observo.
Luego miro las otras, guardadas en el cajón.
Oscuras.
Quietas.
Casi sin vida.
Esta es diferente.
Parece que todavía pudiera volar.
No entiendo cómo llegó hasta aquí.
Y, por primera vez...
No me importa entenderlo.
Solo sé que, a partir de ahora, todo será mucho más emocionante.
Marco el próximo sábado en el calendario.
Será el día en que visite a mi madre.
Quizá contarle sobre mis sueños consiga hacerlos un poco más brillantes.
Te veo en tres días.
Le escribo.
Dejo el teléfono a un lado.
Y vuelvo al trabajo.




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