La Primera Dama

6

Caminaba sin ganas detrás de Miriam, si por mí fuera no me habría presentado a la fiesta, pero según palabras de nuestros jefes, todos debíamos estar ahí para presenciar el esperado cambio del secretario de gobernación.

La mayoría del personal ya se encontraba ahí y miraban expectantes hacia adelante, donde se encontraban los directivos de la secretaría. Estaban sentados detrás de una larga mesa que Miriam y yo habíamos colocado. Según su cargo, los directivos se sentaban ya sea en las orillas de la mesa o en el centro; entre más importante era su cargo, más al centro se sentaban. Por lo que no me sorprendió cuando miré justo en medio de todos a Gabriel. Me oculté de su vista detrás de un camarógrafo, aunque quizá nunca me habría notado, él miraba con semblante pensativo hacia sus manos mientras alguien más lo presentaba para que tomara su lugar detrás del púlpito y hablara a todos.

El vergonzoso evento que viví hacía un momento, asaltó mi mente. Pensé que Gabriel tenía ese semblante porque estaba malhumorado por lo ocurrido con la torpe de la limpieza. De nuevo quise que la tierra me tragara y más aún cuando escuché al presentador decir: “Sin más que decir, le cedo la palabra al licenciado Gabriel Maldonado.” Hubo un breve momento de silencio en el que intercambiaban lugares y mi corazón se detuvo. No pude contener la curiosidad y asomé un ojo para mirarlo. Su porte era elegante y ágil, cómo el caminar silencioso de un jaguar. Escuché un corto cuchicheo por toda la audiencia ¿la razón? Sus pantalones no combinaban en absoluto con su saco, los había tenido que cambiar de último momento, ya que yo había tenido la torpeza de arruinárselos. Volví a meter la cabeza detrás del camarógrafo.

—Buenos días a todos—saludó solemne—, es un placer para mí estar hoy frente a ustedes, y ser el portavoz de buenas noticias.

Sus palabras fueron interrumpidas por un colectivo “no” por parte de los presentes, la mayoría negaba con la cabeza y comentaban en voz baja con los demás.

—El cambio—continuó Gabriel—es muchas veces motivo de intranquilidad, de temor…

— ¡De tristeza! —gritó alguien.

Gabriel levantó la vista de sus apuntes y sonrió para luego continuar.

—Pero tengan por seguro, que en esta ocasión es por el bien de todos. Es para mí un placer presentarles al nuevo dirigente de esta secretaría. Él es una persona que se ha ganado toda mi confianza, y que ha demostrado ser alguien muy capaz. Su instinto para tomar las mejores decisiones en el momento adecuado, me ha dejado en más de una ocasión con la boca abierta. Espero que confíen en él tanto como yo lo he hecho y que lo apoyen en cada paso que dé. Todos en esta secretaría somos un equipo y no hay persona que necesite más apoyo que quién está al frente. Ahora, en presencia de todos ustedes, cedo el mando de la secretaría de gobernación al licenciado César Ramírez…

Un estruendoso aplauso acompañado de vítores y chiflidos interrumpió el conmovedor discurso de Gabriel.

—Licenciado—llamó Gabriel a Cesar en medio de la algarabía—, suba aquí por favor.

Un hombre de mediana edad subió hasta el púlpito y saludó con efusión a Gabriel, reconocí en su rostro al hombre que me había recibido cuando llegué aquí el primer día.

Gabriel le señaló el asiento que él había ocupado antes para que ahora lo ocupara César y así acentuar lo que acababa de decir. El licenciado César se sentó mientras Gabriel continuaba con su discurso.

—Mucho se ha especulado del por qué tomé la decisión de dejar mi puesto. Como dije en un principio, procuro que mis decisiones sean en favor de todo el pueblo y ésta en particular no es la excepción.

Un profundo silencio reinó de pronto en todo el lugar. Creo que más que conocer al nuevo secretario, la audiencia deseaba saber por qué Gabriel había renunciado.

—La verdad es que…—titubeó Gabriel—he decidido unirme al Partido Conservador Institucional y buscar la presidencia el año entrante.

Exclamaciones ahogadas se escucharon por todos lados, especialmente entre los pocos periodistas que había ahí. Algunos exigieron mayores explicaciones y se aglomeraron debajo del pulpito buscando acosar a Gabriel, quien tuvo que dar algunos pasos hacia atrás para evitar ser atropellado. Los guardias y policías entraron en acción y comenzaron a repeler a la multitud hacia atrás. Gabriel mantenía la calma y trataba de tranquilizar a la audiencia.

— ¿¡Qué lo llevó a tomar esa decisión!? —preguntaban los periodistas.




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