La Princesa de la Mafia

Capitulo 1: La princesa de la Mafia

Nacer en la Mafia Italiana no es nada fácil. Yo he crecido aquí, rodeada de Capos y de interminables guerras por el poder que hacen que la vida sea un peligro andante, eso significa que nunca sabes cuándo morirás.

Me llamo Livia Ottavia Di Angelo Moretti, soy la hija menor de uno de los líderes de la mafia más peligrosos en la actualidad: Lorenzo “Enzo” Benedetto Di Angelo Conti. Me relaja el saber que no seré la heredera directa hacia este perfecto legado, los dos posiblemente directos serían mis dos hermanos mayores: Federico “Fede” Benedetto Di Angelo Moretti y Salvatore Lorenzo “Loren” Di Angelo Moretti. Salvatore es el mayor de los tres, después va Fede y por último yo. Siendo realistas, creo que tengo más probabilidades de ser la consigliere que la jefa, no soy de andar de “Bloody Mary” y no me refiero al cóctel. ¿Mi madre? Pues…ella falleció hace cinco años, yo tenía doce años, todo un caos esa ocasión, pero mejor no hablemos de ella, mejor hablemos del presente, ¿bien?

Estoy en mi maravillosa hora feliz, tomando el sol en el gran jardín trasero de la finca principal de los Di Angelo, en la gran Sicilia. Los pajaritos cantaban, el agua en la piscina se movía haciendo un sonido relajante y la extraordinaria canción “Zombieboy” de mi reina Lady Gaga sonaba por la bocina al ochenta y siete por ciento. Tenía los ojos cerrados mientras me encontraba en la cómoda posición de estar acostada en el césped, vestido de verano color verde con aquellos pequeños dibujos de margaritas esparcidas. Todo estaba bien hasta que escuche aquella voz ronca y gruesa hablar.

-¿Estás cómoda hermanita?

No necesite abrir los ojos para sentir su sonrisa de lado a lado.

-Estaba cómoda hasta que llegaste, Fede…-suspire y abrí los ojos.

-¡Oh sí!, disculpe la molestia su majestad-hizo una reverencia y se aclaró la garganta-, solo vine a recordarle que en menos de veinte minutos no tardan en llegar los Vitale y eso significa que se debe de arreglar. Ahora.

Gruni, o quizás eso intente, me revolqué en el césped y suspire. Me incorporé apoyándome de mis brazos y lo miré. Estaba enfrente de mí con las manos metidas en sus pantalones blancos. No lo podía negar, Fede tenía muy buen sentido de la moda, hoy vestía una camisa blanca con rayas azules de manera vertical con los primeros dos botones de arriba abiertos fajada en ese pantalón blanco y aquellos zapatos elegantes, de accesorio llevaba ese reloj carísimo, que horror, yo no gastaría tanto dinero por un reloj, usted si? y por último esos lentes oscuros de sol.

-¿Qué?, ¿Me vas a seguir viendo así o ya te vas a mover tu trasero de ahí Ottavia?

Odio Ottavia, y él lo sabe, bueno prácticamente todos lo saben, ya que lo dije públicamente en mi cumpleaños número diez. Viva la libertad de expresión.

-Si, si…ya voy…-suspire y me levante. Puse en pausa mi hora feliz y caminé hacia dentro de la finca. Al entrar el calor se esfumó, fue como cuando abres el refrigerador y fiush, adiós ondas de calor. Subí por las largas escaleras hasta llegar a mi habitación al final del pasillo, me miré en el espejo, no me veía mal, así que solo me di un retoque de maquillaje y me arreglé el cabello en una media cola.

Ahora, ¿quiénes son los Vitale? Bueno…son seis si contamos al señor y la señora Vitale aparte de sus cuatro y atractivos hijos. Iniciemos por los padres de esas bendiciones. Pietro Vitale y Caterina Vitale. Después van sus hijos: Massimo “Massi” Vitale, el mayor de los cuatro con unos ojos color verde aceituna, tan penetrantes que te sientes expuesto de alguna manera. Dante “Danny” Vitale es el que sigue en la lista, él es una caja de sopresa, él tiene las mismas facciones que su madre y joder! parece estar bendecido por los dioses con esa mandíbula y sus labios carnosos. Enzo Vitale, el tercero de los Vitale es el que más parecido tiene con su padre, parecer haber sido sacado de la fotocopiadora y sin duda es un levanta hormonas tres mil aunque para su lastima yo soy inmune, y por último pero no menos importante, Lucca “Lucky” Vitale, Lucca tiene mi edad, pero sin duda aparenta tener más. No se lo que le dan los Vitale a sus hijos, pero de la manera en la que se han puesto desde la pubertad…son un manjar con vida o…un rico cannoli con patas.

El timbre sonó y salí de mi cuarto corriendo como la velocidad de la luz. Fede y Salva ya estaban llegando a la entrada. Salvatore llevaba aquel traje elegante gris hecho a la medida, el cabello arreglado hacia atrás y esa cadena de oro en el cuello.

-Como siempre eres la última en llegar, Liv- dijo Salva con un tono burlón, aunque sus ojos ni siquiera miraba por donde caminaba, ya que le prestaba más atención a su teléfono.

Fede rio suavemente y suspiro.

-Ottavia siempre llega tarde a todo, hasta para nacer lo hizo.

-Federico, no abuses de que eres hermano mayor.

Fede suspiro y se pasó una mano por el cabello mientras se quitaba los lentes.

-¿Qué puedo decir? Me encanta molestar a nuestra Ottavia.

-¿Dónde está papá?-dije al llegar con ellos a la entrada mientras miraba a mi alrededor. Siempre he dicho que soy buena manifestando cosas o personas, pues mi padre aparecio en ese instante.

-Ahí está el jefe-murmuró Fede.

Mi padre tenia esa aura peligrosa. Tenía una cicatriz en la barbilla, esa barba corta y definida la ocultaba un poco, y su mirada era tan profunda que hasta en veces sentías miedo de hablarle, pero en mi caso yo no. Mi padre y mi madre se casaron jóvenes, se casaron a los veintiuno, ahi fue cuando nació Salvatore que ahora es todo un dichoso de tener treinta y dos, despues cuando tuvieron veinticinco pensaron que sería buena idea que Salvatore tuviera compañia, asi que tuvieron a el idiota de Fede que ahora tiene veintiocho, y por ultimo a los treinta y seis tuvieron una gran discusion y pensaron en divorciarse, pero viva el alcohol y el amor, ahí fue cuando yo naci, si yo fui la consolación, y ahora tengo diecisiete. Y por si no les dan las cuentas, mi padre ahora tiene cincuenta y tres y bueno…mi madre también los tendría.




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