La carta llegó muy retrasada, pero llegó, Noah la abrió desesperadamente, hacía meses que no recibía noticias de Abigail y eso lo tenía exasperado y de mal humor, su amigo Devon se encontraba de casualidad haciéndole una visita, cuando vio como su cara se transformaba enrojeciéndose de ira.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó preocupado
-Se casó – solo fue la respuesta
- ¿De qué hablas?
-Abigail, contrajo matrimonio – fue la seca respuesta.
“Noah Clifford conde de Doncaster
Te mando estas líneas esperando te encuentres bien, espero que la noticia que te voy a dar no la tomes mal, ni me odies, mi madre ha cumplido su cometido presentándome a un hombre de posibilidades, me temo que tienen toda la razón y he sido persuadida a aceptarlo, para tu tranquilidad es un hombre bueno, de sentimientos nobles y ha demostrado que me quiere, nos hemos desposado hace un par de días, soy muy feliz, espero me perdones.
Tu prima que te quiere Abigail Cavendish.”
La ira de Noah fue indescriptible, y el pobre de Devon lo tuvo que soportar, realmente se preocupó por su amigo, que parecía león enjaulado.
- ¡Estoy seguro de que fue su madre la que la obligó a casarse! – expresó a gritos - ¡y esta carta donde me dice que está feliz también ha de ser idea de Dinora!
-Pero ya no hay nada que puedas hacer, ya está casada – le dijo su amigo.
Cuando vio a su amigo que salió disparado rumbo a sus habitaciones Devon le gritó desde las escaleras.
- ¡¿Qué vas a hacer?!
-Voy de inmediato a Londres.
*****
Noah llegó a su casa en Londres, era una gran casa, adquirida por sus ancestros y de la cual debía los impuestos de hacía años, estaba algo deteriorada, pero aun lucia el esplendor de lo que algún día fue, cuando entró, todos los muebles estaba tapados con sabanas, el polvo y las arañas la habían invadido, las ventanas estaban cerradas por gruesas cortinas, por lo que lucía bastante oscura, algo más para agregarlo a su pésimo estado de ánimo, sin más tiempo que perder, fue al siguiente día cuando se dirigió a la mansión donde le indicaron que vivía Alberto Ayamonte.
Abigail esperaba la inminente visita, aunque le había dicho que no fuera, sabía que él iría a verla, y también sabía de la colera con la que llegaría. Lo pasó al salón de té donde pensó que estarían lejos del cotilleo de la servidumbre, para su buena suelte Alberto no se encontraba.
-Te pedí que no vinieras – fue el reclamo de ella.
Él se le quedaba viendo, analizando su rostro, tratando de encontrar un rastro de tristeza, de infelicidad, para su sorpresa solo encontró enojo.
-Tenía que venir a verte.
- ¿Para qué? De dije muy claro que estaba bien.
- ¡Vámonos! – le dijo en un arranque tomándola de la mano, intentado llevársela, pero ella de inmediato se soltó del brusco agarre.
- ¡Estas loco! ¿Cómo crees que me voy a ir contigo? ahora soy una mujer casada – le dijo subiendo el tono de voz.
Noah comprendió que era inútil Abigail no saldría de esa casa.
-Pues parece que te encuentras muy bien – Noah dio un vistazo, solo el salón de té lucia lujo por donde se viera.
-Lo estoy – dijo con firmeza.
Él se acercó a ella hasta quedar a un paso.
-No puedo creer que ya me hayas olvidado – en parte tenía razón, un amasijo de sentimientos ahora pasaba por Abigail, aunque estaba muy enamorada de su marido, lo que tuvo con Noah fue intenso, verdadero, primer amor – porque yo no te he olvidado – dijo en tono triste.
Ella se acercó aún más, mirando sus ojos tristes, ella también se entristeció, cómo explicarle que, aunque lo seguía queriendo, ahora estaba feliz con otra persona.
-Noah te sigo queriendo, pero tenía que pensar en mi futuro, y de paso el de mi madre – le dijo tomándole la mano.
El comentario de tener que cargar con la madre lo puso de malas, ¿por qué tenía que ver como un deber el hacerse cargo ella de su madre?
-Me prometisteis que me esperarías, que estaríamos juntos.
-Lo sé, pero el tiempo pone todo en su lugar, traté con todas mis fuerzas de seguirte amando a pesar de la distancia, de no verte, rechacé a cada uno de los pretendientes que me fueron presentados, pero…
La palabra se le quedó en los labios.
-Pero llegó alguien que si cumplía con tus expectativas.
Le dijo Noah en tono de reproche, pero era solo la verdad.
-Estaba dispuesto a llevarte conmigo, si así lo querías – le dijo con sinceridad – si veía en ti arrepentimiento de casarte con otro hombre, pero parece que no.
-Estaba segura de que la carta que te mandé no te convencería, pero cada palabra escrita era solo verdad.
-Solo pensé que tu madre te había obligado.
-En parte si, no lo voy a negar, pero yo estuve de acuerdo.
-Bien me voy – le dijo dándole una última caricia en su mejilla que ella permitió cerrando los ojos para disfrutarla – pero estaré siempre cerca, para cuando me necesites.